El Relato Ganador
Bueno, ya volví de las vacaciones. Así que ya puedo colgar el relato ganador del Primer Concurso de Relato Humorístico “Ocurrencias Varias”.
Se titula THAT SILLY LOVE STORY KILLED THE ALIEN, y lo firmó Wertey Sediera. Y Wertey Sediera es…. GENÍS ROBLES BLANCO.
Bueno, os dejo su relato, esperando que os guste:
THAT SILLY LOVE STORY KILLED THE ALIEN
Los marcianos no existen. Oh, por supuesto que existieron, pero en la actualidad están extinguidos. De igual forma que los selenitas gigantescos descritos por freaks de todas las épocas han resultado ser, y es una lástima, sólo el producto de un puñado de mentes reblandecidas por un exceso de queso en la dieta. Marte ha fallado a todos aquellos que depositaron sus esperanzas de vida extraterrestre en el vecino planeta rojo.
No hay marcianos. La Tierra es el único planeta del sistema solar capaz de albergar vida. Qué decepción. Y qué frío, de repente.
No obstante…
Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…
Gracias por los aplausos, gracias, pero no hacían falta. Continuemos.
Los capuletianos llevaban cientos de años experimentando con energías rinovables[1] que les permitieran salir de su galaxia y explorar la inmensidad del espacio exterior. Al mismo tiempo, los montescuences andaban muy preocupados porque, tras pasar un millar de años vagando por el espacio tras escapar por un pelo de la destrucción de su planeta natal, se les empezaba a acabar el combustible rinovable[2]. También se les había acabado la leche condensada, pero en una ajustadísima votación habían decidido priorizar el tema del combustible.
En el sistema solar de los capuletianos gravitaba un diminuto planeta (algo más grande que aquél famoso de los baobabs, pero decididamente mucho más pequeño que la Tierra; más o menos como la Luna, aunque morado) que, por una de esas casualidades tan útiles para los narradores y nadie más, era la única fuente en años luz a la redonda del combustible rinovable que los montescuences necesitaban para proseguir su viaje a través de las estrellas.
Los científicos montescuences se referían a este precioso combustible de forma excesivamente científica para cualquiera que no haya pasado los últimos tres siglos de su (obviamente insulsa) existencia estudiando la composición nuclear de ciertas sustancias químicas. Por lo tanto, nosotros simplemente lo llamaremos rinocarburo.
Bueno. Pues resulta que por el tiempo en que los desesperados montescuences localizaban este planeta imprescindible , al cual a partir de ahora llamaremos Evof, un genio capuletiense descubría las extraordinarias propiedades de los rinocarburos; por fin su raza sería capaz de practicar el turismo espacial.
Ah, las coincidencias, qué decir de ellas.
Montescuences y capuletianos llegaron a Evof al mimo tiempo. Los primeros en darse cuenta de la presencia de los otros fueron los montescuences;
-Eh, Pepytrox, mira allí. Es una jodida nave, ¿no?
-No digas estupideces, Chew. Es sólo un… una cosa grande y brillante que… sobrevuela la zona una y otra vez… y se posa suavemente sobre aquél risco pedregoso… ¿ves como no es…? Oh, bueno, que de un lateral surja una rampa por la que bajan un puñado de figuritas no significa nada. No sabemos nada de nada de la fauna de por aquí, podría ser un albatros gigante con extrañas costumbres. Quizá esa rampa forme parte de su ritual de apareamiento.
A pesar del escepticismo a ultranza del vigía Pepytrox, los montescuences fueron definitivamente los primeros en detectar a sus rivales por el rinocarburo. De todas formas eso no importó mucho, habida cuenta que los capuletianos no tardaron mucho más en descubrir a su vez a los montescuences.
Se observaron con suspicacia unos cuantos días. Luego los sabios más sabios de cada bando expusieron sus conclusiones a sus respectivos líderes.
Coincidieron:
-Parece tratarse de una raza inteligente. Por supuesto no se les puede considerar capuletianos/montescuences- cada sabio dijo lo suyo, naturalmente –pero no debemos ignorar que parecen poseer algún tipo de primitiva tecnología espacial. Incluso es probable que se hallen en Evof con el mismo objetivo que nosotros: el rinocarburo.
Capuletianos y montescuences eran y son dos razas en nada semejantes. Los primeros miden de media medio metro y se presentan en una amplísima variedad cromática, desde el verde pistacho más chillón hasta un morado tan oscuro que podría confundirse con el negro de no haber una buena iluminación. De todas formas, lo que más nos sorprendería a nosotros los humanos en caso de encontrarnos a uno de ellos en el supermercado del barrio a primera hora de la mañana (un lunes que no hayamos ido al trabajo fingiendo haber pillado la gripe del pato de la que todo el mundo habla, aunque lo cierto es que es la resaca del sábado que todavía nos dura), sería sin duda que los capuletianos son una forma de vida esencialmente formada de tentáculos. Más o menos, es como si cogiéramos los tentáculos de una docena de pulpos y se los grapáramos todos a una pelota de tenis.
El cómo unos bichos de este calibre han podido dar el salto espacial sería sorprendente si no recordáramos a tiempo que, de hecho, los humanos somos a grandes rasgos ratas con corbata.
Los montescuences suelen medir entre 3 y 4 metros de alto, 6 si se yerguen sobre sus patas traseras (cosa que nunca harán a no ser que intenten parodiar a los humanos; cosa que tampoco acostumbran a hacer, porque prefieren devorarnos a reírse de nosotros). Son peludos hasta decir basta y lo único más largo y duro que sus colmillos es su… cuerno de oro macizo, ¿qué creíais?
En Evof fue por tanto donde dio comienzo la legendaria enemistad entre capuletianos y montescuences. Al principio se enfrentaron a fuego, acero y sangre –llámalo también líquido verde burbujeante, en el caso de los capuletianos- por el control del planeta. Luego con el paso del tiempo y como suele ocurrir en este tipo de disputas vecinales, ambos bandos se dieron cuenta de que era mucho más entretenido odiar desde la distancia y legar ese odio a los hijos, junto a la hipoteca de la astronave y la colcha de la abuela. Era más entretenido y sobretodo menos peligroso hablar de hacer la guerra a los infames “inserte enemigo aquí” que echarse el rifle láser al hombro (o tentáculo) y hacerla de verdad.
Capuletianos y montescuences alcanzaron un acuerdo tácito de no agresión en la explotación del rinocarburo de Evof. Porque está muy bien, fenomenal, matarse los unos a los otros en los ratos libres, pero ay del que putee lo más mínimo a las grandes empresas energéticas. Porque la pasta es la pasta. Ése y no otro es el verdadero significado de la civilización en cualquier rincón, por recóndito que sea, del universo infinito.
Así fueron las cosas:
-La primera generación se encontró, y se cayeron mal.
-La segunda generación se odió y se tiró de los pelos, se intentaron sacar los ojos.
-La tercera generación soñó con la muerte del enemigo mientras se revolcaban en rinodólares.
La cuarta generación disfrutó ignorándose mutuamente en las fiestas, a las que de todas formas acudían porque ya sabes, “va a estar todo el mundo”. De acuerdo, también iban a estar los capuletianos/montescuences, “pero déjame a mí, tengo preparado un sarcasmo que les va a hacer desear no haber salido de casa esta noche”.
-La quinta generación…
…que es la número cinco… inco inco inco… ¡viva el humor inteligente!
La hija del Presidente de la República Capuletiana era guapa, bella, hermosa, muy guapa. El hijo del Rey de los Montescuences era guapo, bello, hermoso, muy guapo. Los dos eran jóvenes. Sus familias eran enemigas a muerte, cualquier acercamiento estaba prohibido… y hay que ver lo excitante que es lo prohibido.
¿Hace falta un croquis?
Sin contar con que los dos jóvenes eran un pelín pervertidillos: no es habitual que a un gigante peludo le pongan los tentáculos, ni que a un ser que pasaría desapercibido en el menú de una marisquería le vayan los cuernos, por muy relucientes que estos sean.
Pero el amor es ciego o al menos padece cierto astigmatismo y además tiene un sentido del humor de lo más retorcido. Es por eso que los dos jóvenes se encontraron una noche en una fiesta y…
Mmm, espera. Esto se está volviendo previsible, ¿verdad? Seamos sinceros, ¿qué interés tiene a estas alturas la enésima parodia de Romeo y Julieta[3]? Ya sabemos cómo va la cosa, lo hemos visto en demasiadas películas, libros, cómics, cuadros y anuncios de televisión. Ya no capta la atención de la gente.
Por tanto, hablemos de lo que verdaderamente interesa: ¡gemología!
O mejor no, que se hace tarde. Hacemos una cosa: un día de estos quedamos y nos tomamos unas birritas y unos ganchitos de esos naranjas que te dejan las manos echas una porquería, así hablamos largo y tendido del apasionante mundo de la gemología.
Pues ale.
[1] Buenas de narices.
[2] Una paradoja que a más de uno le olerá mal. Vale, vale, ya paro.
[3] Incluso aunque ésta pueda tener un subtítulo realmente molón como “Beyond the Space”, ¡imagínate el remake de Hollywood con sus efectos especiales y sus estrellas y sus guionistas lobotomizados!