Monday, September 14, 2009

Oiga, Doctor

    La profesión de médico es, sin duda, la que más responsabilidad conlleva durante todas sus horas de trabajo… después de la de sexador de pollos, claro, pues dar a un pollo varón la condición de fémina puede acarrear incontrolables consecuencias. Desde que llega un paciente a su consulta hasta que es enterrado, el enfermo deja su destino en manos de un médico que a saber si se las ha lavado. Damos por hecho que esa persona que nos recibe en bata es una ilustre persona que durante ocho años se machacó decenas de libros de teoría y que posteriormente aprendió la práctica a base de ver, cortar y callar. Se da por hecho, porque no queda más narices, que ese médico que decora su consulta con docenas de diplomas de convenciones de fin de semana, va a tener el día bueno y nos va a detectar nuestra enfermedad y que, en su caso, va a saber cómo hacernos curar.

    Deberían cambiar el nombre de “pacientes” por el de “pasivos”, ya que durante todo el  proceso los enfermos no podemos hacer nada más que recibir. Recibimos información con palabras ininteligibles, recibimos recetas médicas, recibimos inyecciones, supositorios y, al final de todo, recibimos sepultura. ¿Quién no ha escuchado alguna vez que tal persona tenía un cáncer de recto y previamente su médico le dijo que no, que era de páncreas? “Mire usted, ¿está seguro?” “Sí, por supuesto”. Ante la duda se va a otro médico a pedir una segunda predicción. “Lo siento señor, padece usted cáncer de ovarios”. “¿De ovarios, doctor?” “De ovarios, sí”. “Pero si soy un hombre, doctor, lo único ovalado en mi cuerpo es mi barriga”. Y así hasta que damos con el pronóstico acertado: gases.

    Y una vez que dan el nombre de la enfermedad (momento en el que dicha enfermedad pasa a ser un miembro más de nuestra familia… (“Hola Papá, ¿qué tal la pancreatitis?” “Bien, bien, ahí sigue, jodiendo la marrana…”), una vez que dan el nombre de la enfermedad, estaba diciendo, el siguiente paso es el tratamiento y, en su caso, la intervención quirúrgica. “Señora, tómese Muconicofilisio antes de las comidas, y dos pastillas de Rinisitúlico antes de acostarse, y una cucharita de Ornitorrincosilium tras cada deposición, y si todo eso falla… unas gotas de arsénico, y al carajo”.

    La operación es el momento clave en la relación médico-paciente. El paciente se queda empelotas, lo duermen y, cuando despierta, sólo puede esperar que ese hombre sudoroso que no hacía más que pedir cosas no te haya cambiado de sexo. Se da por hecho que ese hombre tiene buen pulso, que tiene localizado su objetivo, que conoce el modus operandi y que no se sacó la carrera a base de chuletas. Visto lo visto en sonoros y mediáticos casos recientes, antes de operarme yo me compraría un rotulador negro, pintaría un círculo alrededor de mi ojo, a continuación dibujaría una flecha señalando dicho ojo y escribiría sobre mi pecho: “Doctor, opéreme este ojo”. Así al menos dejamos bien claro cuál es el órgano a operar. Porque en la carrera de Medicina se da de todo menos la Teoría de la Distinción Entre Izquierda y Derecha, y luego pasa lo que pasa.

    Considero tan vital una intervención quirúrgica, que creo que el procedimiento debería ser idéntico al de una misión lunar del Apolo XIII. Es decir, que hubiese decenas de cámaras en los quirófanos, que hubiese un equipo médico, pero que la intervención fuese dirigida por un equipo de cien expertos que visionaran la operación en decenas de pantallas en una gran sala. De este modo, si el médico interviniente sufriera una pájara, la situación podría ser controlada entonces por dicho equipo.

-Houston, Houston, tenemos un problema.

-Díganos Dr. Jiménez, le escuchamos atentos.

-El paciente ha tenido una erección. No sé cómo proceder a la extracción del frenillo en estos casos.

-¿No ha anestesiado usted el pene?

-Esto… sí. Pero… sin darme cuenta lo hice una vez que ya estaba erecto.

-Dr. Jiménez, lo primero es que le diga a su enfermera que se tape el canalillo. Lo segundo es que se ponga unas gafas de natación: usted puede operar normalmente, corte a placer, pero corre usted el riesgo de que el paciente eyacule durante el proceso. Repito: corre usted el riesgo de que el paciente eyacule durante el proceso, debido a los tocamientos. Y como su rostro estará a menos de medio metro de su pene, más vale que se proteja usted una vez el semen salga disparado.

    Y una vez finalizada la intervención con éxito, todos los asistentes en la sala gritan y aplauden, y echan suspiros porque gracias a ellos, aquel paciente no quedó impotente de por vida.

    Los médicos, pues, son personas como tú y como yo. Y se equivocan, como cualquier otro trabajador. ¿Quién no comete errores? Un amigo mío contable entregó un cheque de 10.000 euros en vez de uno de 1.000. O mi tía, empleada de hogar, hizo una dorada a la sal para los Vázquez Saldaña, pero con sal del lavavajillas… Son cosas que pasan. Y, por tanto, deberíamos entender que un médico pueda dejarse olvidadas unas tijeras junto al estómago o que nos pongan un par de tetas. Mientras no haya mala fe…

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Tuesday, September 1, 2009

Estudio Sobre La Homosexualidad En El Planeta X3038

   

Spike y McManaman, los intrépidos agentes de la CIA, se encuentran en los asientos traseros de un coche oficial de la famosa agencia estadounidense. El coche circula por una carretera perdida que les dirige al epicentro de un desierto del estado de Colorado. En el asiento del copiloto, el jefe de ambos, Jeff Ofbouth, les habla sobre la misión que tienen entre manos.

-A ver, las instrucciones son muy claras. Los extraterrestres quieren un encuentro con una pareja gay, y no puede haber nadie más a un kilómetro a la redonda. ¿Todo Ok?

-A ver – dice Spike – que yo paso de hacerle carantoñas a McMa, ¿vale?

-Ni yo a Spike – replica McManaman.

-Me importa un sheat en vinagre lo que ustedes dos penséis o queráis hacer. Sois agentes de la CIA y hasta el mismísimo Presidente de los Estados Unidos de América estará pendiente de este encuentro en la tercera fase. ¿Me entendéis? Así que ustedes aparentad ser una pareja gay y seguidle el rollo a los tíos verdes éstos. No olvidéis poneros el pinganillo, y así podréis seguir nuestras instrucciones. Y recordad que tenéis que repetir las contestaciones que el compañero os diga por el pinganillo, ¿Ok?

-Jefe Jeff – dice McManaman - , ¿podría parar el coche? Me estoy meando.

- Pero McManaman, ¿por qué no fuiste al baño antes de salir?

-Si eso hice, jefe, pero llevamos dos horas de viaje, y con el traqueteo… ya sabe. Además, que no quiero sacármela con el extraterrestre delante, no vaya a ser que aproveche y nos pida hacer alguna cosa que yo me sé…

-Jefe – dice alterado Spike - , como el bicho ese se ponga en plan porno yo dimito, ¡dimito! Y me da igual que Obama esté observando la operación.

- Mirad, chavales. Ya hemos llegado. A partir de ahora comportaos como dos profesionales y no como caricatos. Y cuando os venga a recoger, quiero llegar satisfecho, ¿me entendéis? No quiero cagadas, Spike. No quiero llegar con la cara roja de vergüenza ante mis superiores porque ustedes dos la hayáis cagado. De este encuentro tiene que salir algo de provecho, así que ya sabéis: “Id a por él, antes de que yo vaya a por vosotros”.

    El coche se para y se bajan los dos agentes. Están en medio del desierto, y el coche, al alejarse, ha dejado una gran polvareda alrededor de los agentes. Spike y McManaman van vestidos con pantalones de cuero ajustados y camisetas ceñidas. Ambos aprovechan para mear rápidamente.

-Manda huevos – dice McManaman – Parecemos salidos del desfile del orgullo gay.

-¿Pero qué concepto tienen en la CIA de los gays? Mi primo lo es y viste como un administrativo de banca normal y corriente.

-Ya, pero… Ya se sabe. Se trata de que el extraterrestre de los cojones se crea que está ante una pareja gay.

-Pero digo yo – dice Spyke - , ¿es que en todo el departamento no hay ni un solo gay?

-Los habrá, Spike, pero es que nosotros somos sus agentes estrellas.

-Ya, McMa, y yo me lo creo. Lo que pasa es que nos han tomado por pringados, eso es lo que pasa. ¿Pero es que no te fijaste que a todos se les escapaba una sonrisita al vernos esta mañana?

-Con estas pintas, normal.

-¡Fuck! ¡Fucking CIA y fucking la madre que les parió a todos! – grita Spike agitando los brazos.

-Te olvidaste de “¡fucking el extraterrestre de los cojones!”

-También, también tiene la culpa el bicho verde ese. – Spike mira para arriba y dice – Y hablando del rey de Roma…

    De repente una luz rojiza se va acercando desde el cielo al suelo mientras los dos agentes observan el espectáculo. Poco a poco se va apreciando la forma de una nave espacial de pequeñas dimensiones que antes de tocar el suelo hace una maniobra para aparcar entre dos arbustos.

-¿Y esta es la tecnología que tienen esta gente? – comenta McManaman.

    Se abre una compuerta y se despliega una escalera de madera.

-¡Oye McMa, esa escalera es de IKEA! ¡Si se la vi a mi suegra la última vez!

-¡Venga, no me jodas!

-Que sí, tío. Los hay en blanco y en negro.

-Sí, ssssí… No, nnnnno. ¿Se me escucha? – dice el Investigador Smith a través del pinganillo.

-Noooo, el que faltaba – dice Spike decepcionado.

-¿Smith? ¿Será posible? – se pregunta McManaman amargado – ¿De todos los tíos que hay en la CIA tenía que ser Smith el encargado de la comunicación con el pinganillo? ¡Pero si Smith es investigador, no es un agente propiamente dicho!

-Mira, tíos, no quiero jaleos, ¿vale? Os recuerdo que no estamos solos y que el mismísimo Presidente está observando la operación, así que no quiero mamoneos. Lo pasado, pasado está, ¿vale chicos? – dice el Investigador Smith conciliador a través del pinganillo.

    Los dos agentes se miran y se hacen un gesto con la boca de no entender nada. Pero en seguida ocurre algo que les desvía la atención: el extraterrestre asoma la cabeza por la puerta de la nave.

-El bicho este ya está saliendo, Smith. – dice Spike.

-Ya lo sé, Spike, te recuerdo que hay como veinte cámaras instaladas en la zona, os hemos visto mear. – dice Smith ofendido a través del pinganillo. – Tú simplemente síguele la bola y si yo te digo algo, se lo contestas. Tengo como a cien agentes en el equipo, así que no os alteréis, que todo está controlado.

    El extraterrestre baja por las escaleras. Tiene forma humana, solo que tiene una piel peluda verde, y una cara muy poco expresiva. La nave está como a cinco metros de distancia de los agentes.

-Hola, pareja de gays. – se presenta el extraterrestre con voz humana.

-Hola, hola. – responde nervioso Spike - ¿Cómo va eso?

-¿Le vas a preguntar “cómo va eso” a un marciano, Spike? Más seriedad, hombre. – dice Smith a través del pinganillo.

-¿Qué quieres de nosotros, hombre de las galaxias? – pregunta McManaman muy metido en su papel.

-Vengo del Planeta X3038 para hacer un estudio sobre la homosexualidad humana. Se ha dado un primer caso en nuestro planeta, y queremos aprender de los gays humanos, para saber cómo serán los homosexuales equistresmiltreintayocheses.

-Spike, pregúntale qué necesita para hacer ese estudio. – le indica Smith a través del  pinganillo.

-Amigo extraterrestre, ¿qué necesitas para tu estudio? – pregunta Spike.

-Quiero, terrícolas, que os beséis.

-Te lo dije, Spike. – grita McManaman cabreado – ¡Te dije que este tío nos iba a pedir que guarreáramos!

-¡Spike, McMa, hacedle caso! ¡Ipsofacto! – les ordena Smith a través del pinganillo.

- Jooooder…. ¡Sheat! Mira Mcma, por la CIA lo que haga falta, pero ojo… esto no lo cuentes jamás, ¿entendido? – aclara Spike.

    Spike y McManaman se dan un pico prolongado durante unos segundos. Al despegarse, ambos ponen gesto de asco y escupen.

-Joder Spike, lávate los dientes, cojones.

-Interesante, interesante. ¿Y qué más hacéis los gays terrícolas? ¿Os tocáis el culo? – pregunta el extraterrestre con acento de Cuenca.

-¡Smith, este tío se está poniendo pornográfico! ¡Lo sabía! – dice Spike.

-Vamos, terrícolas, no he venido de tan lejos sólo para esto. Haced cosas, necesito verlo para mi estudio.

-A ver, McMa. Acabemos con esto cuanto antes. Nos tocamos el culo, nos damos un achuchón y se acabó. No pienso experimentar el sexo gay a estas alturas de mi vida, y menos porque me lo pida un bicho verde.

-Echadle interés, tíos, que parezca real. – les pide Spike a través del pinganillo -Recordad que…

-… que el puto presidente de los Estados Unidos de América está viendo la retransmisioooooón. Ya lo seeeeeeé. – le corta McManaman asqueado.

-Mcma, ¿Acabas de llamar “puto” al Presidente de tu país a sabiendas de que te está escuchando? ¿Quieres que te ponga con él y se lo dices a la cara? – dice Smith cabreadísimo a través del pinganillo.

-Jooooodeeeer. Venga Spike, hagamos el paripé un poco más y se acabó. Y al carajo mi carrera en la CIA, como si me tengo que pasar el resto de la vida archivando papeles en la oficina.

    Spike y McManaman se abrazan y se tocan el culo. Se mantienen así varios segundos hasta que Spike mira de reojo al extraterrestre y observa que se está aguantando la risa.

-McMa, mira al bicho… ¡se está descojonando por dentro!

-¡Sheat! Es verdad… mírale.

    El extraterrestre no puede aguantar más y empieza a reír soltando una gran carcajada.

-Pero Smith, ¿esto qué cojones es? – pregunta indignado Spike.

    Pero Smith no puede contestar, y echa otra sonora carcajada… a través del pinganillo.

-¿Pero esto qué cachondeo es? ¡Me cago en Smith, en la CIA y en sus balls en vinagre! – grita McManaman.

    Los dos agentes se quedaron boquiabiertos al comprobar que de diversos matorrales salían compañeros suyos descojonados, y que tanto Smith como el extraterrestre no paraban de reír. El coche del jefe Ofbouth se acercó y de él salió el mismo con la cara roja y soltando risotadas por la boca. Pasaban los minutos y todos seguían riendo, menos Spike y McManaman que, cariacontecidos, no sabían qué caras poner al darse cuenta de que eran el hazmerreír de toda la CIA. El extraterrestre no podía más, y se quitó el disfraz. En realidad era el agente Pittsburg, que por poco necesita una mascarilla de oxígeno para recuperarse de la risotada y del calor que le producía el disfraz.

    Cuando todos los agentes se recuperaron del ataque de risa, el jefe Ofbouth les explicó a Spike y McManaman que en realidad aquello fue un experimento para probar la nueva mini nave espacial creada por la NASA, y que Smith hizo un comentario sobre ellos y una cosa llevó a la otra hasta que todos se pusieron de acuerdo para gastarles esa broma. Les felicitó por haberse comportado como unos buenos profesionales, y les comunicó que el Presidente Obama se había partido de risa con ellos, y que había comentado que qué hacían esos dos en la CIA y no en el fucking Saturday Night Live.

Posted by Erty at 15:00:07 | Permalink | No Comments »