Relato Accésit
Hola a todos,
Hoy publico el relato ganador de un Accésit. Se titula CÓMO LE LLAMAMOS A ESO, y es un monólogo enviado por Fran Marcelo. Y Fran Marcelo es….. Enrique Angulo Moya.
CÓMO LE LLAMAMOS A ESO (MONÓLOGO PARA REPRESENTAR ANTE UN PÚBLICO)
Hola, buenas noches, en cuestiones de humor el tema por excelencia es la
política, así que voy a hablarles de sexo.
Hubo una época en la que estuve muy interesado por la anatomía de los
órganos reproductores de los seres humanos, tenía yo por aquel entonces un
perro y una perra, y les puse de nombre Prepucio y Clítoris. Y cuando les
decía: ¡Prepucio, Clítoris, no hagáis caquitas en el jardín! La gente se me
quedaba mirando como a un bicho raro. Seguro que era por decir lo de
caquitas.
Pero es que esto de la anatomía tiene su miga. Si empezamos por las mujeres
con sus trompas de Falopio, que las debió descubrir un científico griego
que se pillaba unas moñas de aúpa. Seguimos con la vagina, esa enana que
trae a los hombres de cabeza, y nunca mejor dicho. Y acabamos con los
ovarios, que yo siempre me he preguntado: ¿Es uno o varios? Pues hay tema.
En cuanto a los hombres, tenemos el glande, para que digan luego que el
tamaño no importa. Los testículos, ¿testículos de qué, de Jehová, o de algún
juicio del trinque inmobiliario? Y luego el escroto que es un nombre que
suena como muy enigmático. Un día un médico se puso a tocarme en salva sea
la parte, y le pregunté: ¿Pero usted qué hace? Y él muy serio me contestó:
Le escruto el escroto.
Así que, resumiendo, podría decirse que los hombres tenemos minga, y las
mujeres tienen domingas.
Pero lo que me sorprende mucho es las palabras y frases que utilizamos para
designar el acto sexual, que las hay de todo tipo, desde groseras y
malsonantes hasta cultas y raras.
Por ejemplo, coito, que parece una palabra japonesa, y me imagino al
emperador del Japón entrando en el dormitorio conyugal y diciéndole a su
mujer: Aki Hito para el coito.
O fíjense, en ayuntamiento, que aparte de ser donde están los que nos fríen
a impuestos para tener la mitad de las calles de nuestra ciudad levantadas,
significa también eso. O sea, que si una pareja decide dedicarse a la
política, yo pienso que debería empezar por el ayuntamiento.
¿Y qué me dicen de cópula, o de coyunda? Vamos, que le pregunta uno a su
media naranja: Cariño, ¿hoy qué nos toca cópula o coyunda? Y ella te puede
contestar, hoy te toca lavar los platos, poner la lavadora, y llevar a los
niños al parque, pedazo de machista.
Pero a mí hay una que me llama mucho la atención, y es concúbito. No con
cubito que eso son los whiskys. Le dices a una torda, oye ¿nos hacemos un
concúbito? Y ella: ¿Con el cúbito o con el radio? Y tú: Bueno, si quieres
con música pues tendrá que ser con radio.
Y qué me dicen de fornicio, que esto es como un nombre de estos raros que
tiene mayormente la gente de pueblo. Es como si te viene el Nicasio, y te
dice, mis hermanos se llaman: Eustaquio, Ciriaco y Fornicio.
Luego está fornicación, que suena así como muy gordo, y los curas no hacían
más que decirte que no fornicaras, que no sé por qué se preocupaban tanto,
pues, normalmente, no nos comíamos ni el agujero del Donuts. Solían decirnos
también que no hiciésemos cochinadas, que esto no sé si tenía algo que ver
con lo de joder la marrana.
Antaño, nuestros abuelos, lo llamaban hacer uso del matrimonio. Que es que
se las trae. Imagínate que te dice tu padre: Julianín, hijo, un día, tu
madre y yo hicimos uso del matrimonio y a los nueve meses naciste tú. Pues
te crea un trauma para toda la vida.
Y está esa tan dulzona de hacer el amor, que es cuando uno está tierno, y
todo es de color de rosa, y le dice a su pareja: Amor, ¿hacemos el amor. Sí
amor, con mucho amor. Te contesta ella. Y todo se llena de amor, hasta que
ella descubre que cuando orinas dejas perdida de pis la tapa del inodoro, y
entonces ya no eres su amor sino un guarro.
Últimamente se dice mucho eso de echar un kiki, pero vamos a suponer que te
llamas Quique, y tu tronca, cariñosamente, te pregunta: Quiquín, ¿echamos un
kikito? Lo cual queda tan ridículo y cursi, que hasta puedes perder la
erección.
A mí una de las que me llamaba mucho la atención era la de cumplir. Estabas
jugando al mus en el bar, y el Honorio, de repente, se levantaba, y decía:
Me voy a casa a ver si cumplo con la parienta. Y lo veías irse como si fuese
un legionario camino de una misión peligrosa.
También le he oído alguno decir voy a echar un remache, que me lo imagino en
la cama con la remachadora y a su sufrida esposa, novia o ligue,
preguntándole: ¿Pero viene ese remache o qué?
Y un clásico es la de echar un polvo. Vamos, que algunos echan un polvo
aunque estén hechos polvo. Yo me pasé una temporada manchándolo todo de
talco, y me decía: ¡Hay que ver es que echo polvos a diestro y siniestro!
O irse a la cama. Que le dices tu mujer: ¿Cariño, nos vamos a la cama? Y
ella te contesta: Pero si aún no tengo sueño, si son sólo las seis de la tarde.
Y entonces tú te bajas al bar a tomarte unas copas y quitarte el cabreo,
mientras te dices: esta tía es que no se entera de nada.
Muchos bruticos, suelen decir eso de me la pasé por la piedra. Y ya me
imagino al bestiajo en cuestión con una piedra enorme a cuestas por las
calles en busca de la chorva con la intención de pasarla por encima.
Luego está quilar, que debe de ser cuando las pasas de a kilo para hacerlo,
o sea que es mojar pero en estreñido.
Y a propósito de mojar. Yo antaño iba a las discotecas con una botella llena
de agua, y no veas lo que mojaba, lo ponía todo perdido, y luego les decía a
los colegas: Hoy he mojado cantidad.
Pero las más gruesas son las de chingar, follar y joder, que como saben
ustedes tienen doble sentido, y a casi todos nos joden, follan o chingan más
de lo que jodemos, follamos o chingamos.
Estas se quedan más bien para los jefes, los de la erótica del poder, esos
que en cuanto les reclamas algo siempre amenazan con joderte. Les dices:
“Este mes no me has pagado la prima”. Y ellos te contestan: “Confórmate con
tener trabajo en tiempos de crisis, y no me jodas”. Y tú piensas: “Pero sí el
que me jodes constantemente eres tú, mamonazo, que me has hecho coger las
vacaciones en febrero, que me haces meter horas extraordinarias a porrillo y
luego no me las pagas, y no me has subido el sueldo desde que la moneda
española era el maravedí”.
En fin, como ven, esto del sexo tiene mucha tela que cortar. Pero el próximo
día les hablaré de política.