Monday, July 6, 2009

La Dramedia Sexual De Una Noche De Verano

  NOTA:  El concurso de relato humorísitico Ocurrencias Varias sigue en pie hasta el 31 de julio. Las bases están un poco más abajo. ¡Búscalas y anímate a participar!

  
 

         La Dramedia Sexual De Una Noche De Verano

    El calor apretaba en la casa de campo de los Gutiérrez – Campos – Quiroga. Este conjunto familiar estaba compuesto por la unión ilícita de Manuel Gutiérrez con Ana Campos y Susana Quiroga. El trío decidió convivir en dicha casa de campo junto a los hijos que cada uno aportaba: Manolito y Jesús, hijos de Manuel con su primera mujer; Iván, Santiago y Ronaldo, hijos de Ana con su primer ex – marido; Miguel, Lucía y las gemelas Susanita y Remedios, hijos de Susana con su primer marido; Antoñito, hijo de Manuel y Ana; y Marcos y Teresa, hijos de Manuel y Susana.

    Esta gran familia vivía de lo que le daba la tierra. Tenían una gran huerta que ellos mismos trabajaban, gallinas que les proporcionaban huevos y pollos para los domingos, dos vacas que le daban leche y unos cuantos corderos que eran engordados para ser sacrificados uno cada mes. Aparte, los lunes salían todos los varones con las escopetas dispuestos a cazar conejos, liebres, perdices y todo ser viviente que se pudiese comer. En la casa, la muchacha Paqui ayudaba a las dos madres en las tareas del hogar. Paqui era andaluza, y alegraba a todos con su gracejo natural. Cada martes y jueves, Paqui era visitada por su novio, y todos los chicos disfrutaban con las peleas verbales que protagonizaba la pareja de prometidos.

    Los hijos mayores estaban ya en edad de merecer. Los varones eran mozos fornidos, y las féminas, jovencitas con sueños e ilusiones y con gran apertura de mente. Los padres no se daban cuenta, pero sus respectivos hijos se escapaban al granero siempre que podían y allí, aprovechando la penumbra de luz de luna, se juntaban en parejas y jugaban al teto hasta altas horas de la noche.

    Una vez al mes, esta gran familia era visitada por cada una de las seis abuelas: Gertrudis, Prudencia, Lola, Manuela, Petronia y Pilar, así como tres de los abuelos: Miguel, Lisenjo y Mateo; los otros tres ya murieron. Aquella casa sólo disponía de dos baños, con lo cual por las mañanas se pasaban auténticos apuros para no cagarse encima. Por ello, el padre de familia decidió instalar un váter extra en cada cuarto de baño, así que los hijos entraban por la mañana a defecar de dos en dos. Pero los baños eran tan pequeños que el segundo váter se tuvo que poner un metro por encima del que estaba ya puesto, y para acceder a él, los niños tenían que subir con una escalera. El que estaba abajo siempre miraba para arriba, temiendo que en algún momento la estructura cediese y se le viniera encima váter, niño y todos sus residuos.

    Aunque aquella casa estaba en el campo, los niños iban todos al insti. Allí socializaban, grababan videos vergonzosos, hablaban de estupideces y se liaban en los baños; vamos, que se formaban como personas. Algunos de sus amigos se habían suicidado, otros murieron en accidentes de coche y los demás aparecían por la casa sin que nadie les invitase. Había uno que, cada vez que entraba, sonaban risas de fondo, pero nadie sabía por qué.

    Iván, uno de los hijos, era bueno con la guitarra y componía. Pero, por alguna razón, sólo cantaba los miércoles a las 10 de la noche, y siempre la misma canción. Iván estaba loco por Ana, Lucía por Antoñito, Remedios por Jesús y Ronaldo por la abuela Petronia. Teresa, la benjamina de la casa, veía a menudo al espíritu del abuelo Torcuato. Pero aquello era un secreto y no se lo podía decir a nadie. Cada dos semanas, a uno se le veía el culo; bien saliendo de la ducha, bien en mitad del acto sexual… Por las mañanas, las madres preparaban un gran desayuno en el que no faltaba de nada, pero los hijos sólo se comían media tostada con mantequilla. Después toda aquella comida se tiraba a la basura, o bien se lo daban a la mascota de turno. La última fue una perra con gran olfato, aunque una vez tuvieron a un alienígena que accidentó en su jardín. Pero le tuvieron que echar al cabo de tres semanas por lo mal que olía.

    En esta gran casa a veces se reía y a veces se lloraba. Pero cuando lloraban, siempre llegaba Paqui, decía algo gracioso y entonces todo volvía a la normalidad. Manuel se llevaba estupendamente con sus dos mujeres, y éstas, a su vez, se llevaban estupendamente entre ellas. Los tres dormían en la misma cama, y si alguna de las abuelas se quedaba a pasar la noche, también dormía en esa cama. Alguna vez discutían, claro, pero al final del día siempre acababan dándose un gran abrazo, y entonces se escuchaba de fondo un meloso “ohhhhhhh”.

    Y todas las mañanas de los jueves, sin excepción, se metían en internet para ver un porcentaje, y si éste superaba el 18%, entonces se alegraban y cantaban; pero si era un 13%, un 14% ó un 15%, entonces se acojonaban y se insultaban unos a otros, echándose en cara cosas.

    Y así es la vida de los Gutiérrez – Campos – Quiroga, una familia como pocas… gracias a Dios.

Posted by Erty at 22:43:27 | Permalink | No Comments »