Comité De Creación De Palabras Castellanas
Comité de Creación de Palabras Castellanas
Año 1220. Casa de Saturnino. A la hora del té. Un sábado.
Dionisio, Fernando, Pedro y Saturnino forman parte del comité de creación de palabras en castellano. El orden del día es la creación de cuatro palabras más para formar parte del excelso vocabulario de la lengua castellana.
Dionisio: A ver, señores. Ya conocemos el orden del día. Acabemos cuanto antes que a las siete hay quema de brujas y no me lo quiero perder.
Fernando: Pues eso mismo, señoes. Así que empecemos con el pimé concepto. A ve, hay que encontá una palaba paa… ay, no sé cómo decilo…
Saturnino: Lo intento yo. A ver, imaginaos que unos cuantos están hablando de cosas, y hay uno de ellos que es como el líder, o el responsable, ¿no? Y entonces los demás quieren hacer algo y este líder no, y claro, quiere hacer valer su opinión. Y entonces, en ese momento quiere dejarlo claro y tiene que decir algo como: “Pues se hace lo que yo digo y no hay más….” ¿Más… qué?
Pedro: Ta complicado, coño. Cada día es peor esto, ¿eh?
Dionisio: Venga señores, centrémonos. “Pues se hace lo que yo digo y no hay más…”
Fernando: ¿Chupetes?
Dionisio: ¿Chupetes? ¿Qué clase de palabra es esa? Es ridícula… Venga, más opciones, más.
Saturnino: “… y no hay más… ¡tetrucios!”
Dionisio: ¿Tetrucios? Venga, Satur, seamos serios. Tiene que sonar bien, contundente. Recordad que el que lo dice quiere imponerse, tiene que sonar fuerte.
Pedro: ¡Ya lo tengo! “… y no hay más tuabuela”.
Fernando: ¿Tuabuela? Jaja
Saturnino: Pues… tuabuela no suena mal, pero… ¿acaso no suena mejor “tutía”?
Dionisio: “Pues se hace lo que yo digo y no hay más tutía!” Siiií, me gusta. ¿Votos a favor? Vale, tres a favor y una abstención. Adjudicado “tutía” para expresar que no hay esperanza de lo que se desea o de evitar lo que se teme.
Pedro: Genial, una menos. Dale Dioni, la segunda palabra.
Dionisio: A ver, imaginaos ahora que estamos en casa, la puerta está abierta y hace viento y la corriente hace que la puerta se cierre, o bien que la parienta está enfadada y sale de casa cerrando la puerta con fuerza. ¿Cómo llamamos a ese hecho? Dar un… ¿un qué?
Fernando: Está clao que en la aíz de la palaba tiene que apaecé “puet”, paa que se vea que nos efeímos a una pueta que se ciea.
Saturnino: Eso es, que se cierra. Buena apreciación, Fer.
Pedro: Pues… a ver, por sugerir: puertón, o puertonato, o puertinascazo.
Dionisio: Emmm, no… No me gustan, lo siento, Pedro.
Pedro: “Y la parienta se cabreó y se fue de casa dando un… ¿portillo?”
Saturnino: Hombre, Pedro, que la terminación “illo” denota un diminutivo, y estamos hablando de que la parienta cierra la puerta dando un portazo.
Los cuatro miembros del comité se quedan durante tres segundos mirándose unos a otros.
Dionisio: ¡Coño! Pues eso, ¡portazo!
Pedro: Genial, ¿no?
Fernando: Sí, genial. Adjudicado por mayoía, ¿no?
Saturnino: Jaja, pues me ha salido del alma. Nunca se me hubiese ocurrido.
Fernando: ¡Me encanta este tabajo!
Dionisio: Venga, a por la tercera, que ya empieza a oler a barbacoa desde la plaza del pueblo. Veamos… Esto te pasó a ti, Satur, jajajaja. Imaginad que estamos en el lecho conyugal y, bueno, ya os podéis imaginar: velitas, luz suave, música romántica, la parienta en lencería fina… Jajajaja. Entonces, el varón está entonado, ya me entendéis, pero a la hora de ponerse en acción, va y aquello se… se afloja. Jajajajaja.
Saturnino: ¡Oye, que a mí no me pasó eso! ¡Y la culpa no fue mía, sino de mi mujer, que se puso a memorizar la receta de la bichichuá en mitad del acto!
Fer, Dioni y Pedro: ¡Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja!
Saturnino: Cabrones…
Dionisio: Venga, Satur, si no nos reímos de ti, sino contigo.
Fernando: Hay cosas peoes en la vida, hombe, a mi cuñado le totuaon los moíscos hasta que le hicieon oiná poo la boca, ¡así que imagina!
Pedro: ¿Orinar por la boca? Joo-der.
Saturnino: Bueno, venga, a la palabra ya. ¿Cómo llamamos a eso?
Dionisio: Esta palabra es muy complicada. Sugiero un brainstorming.
Fernando: Venga, va. Pues hala, a decí palabas sin paá.
Pedro: ¿Sin qué?
Dionisio: Dice que sin parar.
Saturnino: Tuve un… ¡bizcocho!, ¡un tititeo!, ¡un cuchinazo!
Pedro: ¡Un miliciano!, ¡un fisiliquitis!, ¡un meteorito!
Dionisio: ¡Un pililé!, ¡un pistorgón!, ¡un casiático!
Fernando: ¡Venga, ya casi está, casi está! ¡Y tuve un cotillón! ¡Un gatillón!
Saturnino: ¡Un gatillazo!
Dionisio: ¡Siiiiiiií! ¡Eso es! ¡Un gatillazo! ¡Cojones ya!
Pedro: Uffff, esta palabra sí que ha costado, ¿eh?
Fernando: Yo me he dejado los sesos, oye.
Dionisio: Bueno venga, pues la última y todos a la fritanga de brujas. A ver, tenemos que encontrar una palabra popular para definir a las ventosidades, ya sabéis.
Saturnino: ¿Y no es suficiente con el palabro formal?
Dionisio: Qué va, nos piden una expresión familiar, popular. Ya sabéis, uno no puede decir de repente en su casa: “Tío, ¿quién se ha tirado una ventosidad?” Esto es muy formal, esto lo puede decir un profesor universitario a sus alumnos, pero no Perico el de los Palotes a su amigo de toda la vida.
Pedro: A ver, a mí de vez en cuando se me escapa uno en la cama, por las noches, y mi mujer, al olerlo, suele decir: “¡Pedro!, ¿ya te has tirado un polvorón?”
Fernando: ¿Un polvoón? ¿Eso no es lo que se hace en Navidad que está muy bueno?
Saturnino: Sí, en el pueblo de mi suegra los hacen. Están buenos.
Dionisio: Pues no nos vale, Pedro, que se trata de un alimento y no podemos perjudicar a la industria polvoronera. Recuerda que las ventosidades son asquerosas, y huelen mal.
Pedro: Ya, eso sí. Pues… no se me ocurre nada.
Fernando: A ve, tiase un pedazo de… ¿mostachón?
Dionisio: Tampoco vale, en Utrera hacen mostachones y están del carajo.
Saturnino: Tirarse un… garbonazo. Como a mí se me escapan cuando como garbanzos…
Dionisio: Joer, ¡que os olvidéis de las comidas! ¡Que no valen! Seamos serios, hombre.
Pedro: ¡Tirarse un … chorizazo! Jajajajaja.
Fernando: Joé con el Pedo, qué gacioso es el Pedo, ¿no? ¿Te has levantado con buen humó, Pedo?
Saturnino: Jajajaja. Pedo, dice. ¡A ver cuándo te curas tu dicción, Ferrrr! Jajajaja.
Fernando: ¿Y qué culpa tengo? Padadojas de la vida que me dedique a hacé palabas y no sepa ponunciaalas.
Saturnino: Pedo… jajajaja. Pues a mí me ha gustado lo de pedo.
Dionisio: ¿Cómo término familiar para una ventosidad? Ummm, sí, no está mal.
Pedro: “Me voy a tirar un pedazo de pedo”.
Fernando: “Un pedo del caajo”.
Saturnino: “Un pedo de los que ya no hay”.
Dionisio: “Un pedo que te cagas”. Jajajajajaja.
Saturnino: Bueno, ¿votamos?
Los cuatro lingüistas levantan la mano al unísono.
Dionisio: Adjudicado “pedo” por mayoría absoluta.
Fernando: Pues venga, ¡caajín, caajeta, cada uno a su caseta!