Despotricaciones Pérez, ¿Dígame?
Despotricaciones Pérez, ¿Dígame?
Un hombre cuarentón coge el teléfono con nerviosismo y llama a un número de teléfono que aparece en una tarjeta de presentación a nombre de Despotricaciones Pérez. Le coge el teléfono unas señorita.
Señorita: ¿Despotricaciones Pérez, dígame?
Cuarentón: Sí, buenas tardes.
Señorita: ¿Qué desea, caballero?
Cuarentón: Pues quería despotricar, fundamentalmente.
Señorita: ¿Es la primera vez que se pone en contacto con nosotros?
Cuarentón: Sí, señorita.
Señorita: Está bien, entonces necesito cumplimentar un pequeño formulario para tenerle registrado en nuestra base de datos. ¿Está usted de acuerdo?
Cuarentón: Cómo no, señorita.
Señorita: ¿Su nombre y apellidos?
Cuarentón: Agustín Tinajo Soberas.
Señorita: ¿Edad?
Cuarentón: Entre cuarenta y cuarenta y tres.
Señorita: ¿Cómo? ¿No sabe usted el año de su nacimiento?
Cuarentón: Pues no, hubo un incendio en el archivo parroquial donde me bautizaron y se quemó toda la documentación, y además, mis padres murieron siendo yo pequeño, y claro, no dejaron una nota con la fecha de mi nacimiento.
Señorita: ¿Y ningún familiar o vecino lo recuerda?
Cuarentón: No, los pocos que conocí murieron en el incendio.
Señorita: ¿Todos? Aquello debió de ser una catástrofe, ¿no?
Cuarentón: Claro, señorita. Fue una tragedia en el pueblo, declararon tres días de luto oficial.
Señorita: Bueno, entonces, pongamos que tiene usted 43 años.
Cuarentón: Hombre, ya puestos, póngame 40, así aparezco como más joven.
Señorita: Como desee. Y ahora, necesito saber su profesión.
Cuarentón: Pues…. es que es difícil de explicar.
Señorita: ¿Está usted en paro?
Cuarentón: No, si no es eso. Yo trabajo, pero es que mi ocupación no tiene un nombre establecido. Vamos, que un abogado sabemos lo que hace, o un médico, o una teleoperadora… Pero mi trabajo no tiene un nombre asignado.
Señorita: Bueno, ¿y qué es lo que hace usted?
Cuarentón: Fundamentalmente… extraigo los órganos genitales de los insectos y los deposito en tubitos para un posterior estudio.
Señorita: Bueno, entonces podemos decir que es usted biólogo, ¿no?
Cuarentón: No, señorita. Yo no estudié biología, y yo no soy quien hace los estudios. Mi única ocupación es extraer los órganos genitales de los insectos, y depositarlos en tubitos, nada más.
Señorita: Entonces, pongamos que es usted “extractor de órganos genitales de insectos”.
Cuarentón: Y “depositante de los mismos en tubitos”, que es también muy importante. ¿Qué más desea saber?
Señorita: Pues, necesito saber su estado civil.
Cuarentón: A ver…. Soy casado, casado, separado, viudo, divorciado y casado.
Señorita: ¿Mande?
Cuarentón: Casado, casado, separado, viudo, divorciado y casado.
Señorita: ¿Está loco?
Cuarentón: No, hombre. Es que me he casado con seis mujeres. Soy polígamo.
Señorita: Pero caballero, si eso es ilegal.
Cuarentón: Según en qué cultura. Aunque me vea con aspecto de ciudadrealeño, en verdad me crié y viví en Sudáfrica, y allí la poligamia es completamente legal. Una se me murió, otra resultó insoportable y me divorcié, con otra me he separado y estamos así-así, y con las otras tres estoy de lujo.
Señorita: Ajá, bueno caballero, ya sólo queda por rellenar un dato. Una dirección y un teléfono de contacto.
Cuarentón: Pues teléfono no tengo ahora, pero mi dirección es: Cajero Interno de la sucursal de Cajamadrid, Donoso Cortés 23, CP: 28090, Madrid.
Señorita: ¿Dice usted “cajero interno”? ¿Vive usted en la calle?
Cuarentón: Bueno, en la calle-calle no, en el cajero.
Señorita: Entonces, es usted indigente. ¿Tan poco le pagan en su trabajo?
Cuarentón: Señorita, es que con lo que gano tengo que dar de comer a mis tres esposas, a la separada y la manutención de mis hijos con la divorciada; aunque cobro una pensión por mi esposa que murió, pero haga cuentas, y a ver qué sale.
Señorita: Caballero, me imagino que usted sabe que este servicio no es gratuito. Aquí despotricar vale dinero. Si quiere hacerlo gratis, siempre puede irse al Retiro, subirse a un taburete y maldecir a todos ahí arriba.
Cuarentón: Le agradezco el interés, pero es que soy muy tímido, y necesito despotricar de una forma más anónima.
Señorita: Ajá, vale, como quiera….
Cuarentón: Pues eso.
Señorita: Ajá, pues…. Bueno, ya sabe que podrá despotricar cuando quiera, y que cada despotricación cuesta cinco euros, IVA no incluido.
Cuarentón: Sí, conocía el precio. Ya empezaré a despotricar mañana, hoy no tengo ganas.
Señorita: Ajá, vale.
Cuarentón: Puessss, eso. Entoncessssss….. sí, me parece muy bien.
Señorita: Ajá, claro…. Pues….sí, muy bien.
Erty: Estooooo…. sí, hola.
Señorita: ¿Quién es?
Erty: Soy Erty, el escritor de este blog.
Señorita: Ajá….
Erty: Puessssss…. Bueno, es que…. Me imagino que os habréis dado cuenta de que no tengo ni idea de cómo acabar este diálogo.
Cuarentón: Pues la verdad que sí, yo me he dado cuenta cuando Señorita empezó a decir “ajá” varias veces.
Erty: Es que…. Claro, empecé a improvisar y…. creo que ha salido divertido, pero…. no se me ocurre cómo acabar. Así que mejor darlo por acabado, y ya está.
Cuarentón: Pero, ¿así, sin más?
Erty: Es que…. Soy muy exigente con mis textos, para acabar malamente prefiero no acabar. A ver, yo sé que os puede ofender, pero… bueno, más o menos os habéis podido lucir durante todo el diálogo, ¿no?
Señorita: ¿Lucir? ¿Lucirme yo? ¿Pero tú has visto las líneas que has escrito para mí? ¡Si todos los comentarios graciosos los tenía Cuarentón!
Erty: A ver, es que de eso se trataba, de que hubiese un contraste definido entre la seriedad tuya y el esperpento de Cuarentón. Pero no te enfades, Señorita. No siempre se puede tener el mejor papel. Mira, yo te prometo que escribiré otro diálogo para ustedes dos, y tú tendrás las líneas más divertidas, ¿vale?
Señorita: Bueno, vale. Pero también quiero que salga Brad Pitt.
Erty: Venga, va. A ver qué se me ocurre. Pero, por hoy vamos a acabar, ¿vale?
Señorita y Cuarentón: Vaaaaaleeeee.