Dos Amigos Hablando
Iván: Así que eres ateo.
Marcos: No, soy agnóstico. Sabes cuál es la diferencia, ¿no?
Iván: Claro, ¿y tú sabes que a principios del siglo XX hubo una guerra entre ambas no creencias?
Marcos: ¡Anda ya!
Iván: Jaja… Es que siempre me ha hecho mucha gracia esa broma. A ver, el concepto es divertido; que dos tendencias que niegan la existencia de Dios de forma distinta se peleen entre ellos es cómico. Luego ya gana en comicidad si el humorista lo dice bien, con voz de pito y todo eso.
Marcos: Si tú lo dices….
Iván: Es que en cuanto al humor somos completamente opuestos. Yo, para saber si algo que se me ocurre es divertido, te lo digo a ti antes, y si no te hace gracia, entonces sé que es divertido.
Marcos: Y yo para aumentar mi autoestima te miro, y automáticamente sube diez puntos.
Iván: Joder, tan gordo no estoy. A ver, mira a ese tipo del jersey amarillo.
Marcos: ¿El hortera?
Iván: Ese. ¿Yo estoy más gordo que él?
Marcos: Cilíndricamente hablando, él está más gordo; pero tú tienes más tetas que él.
Iván: La culpa es de mi madre, que no para de cebarme. Cualquier día se me viene con un cuchillo para hacer una matanza.
Marcos: Complejo de Edipa.
Iván: Puede ser…. Oye Marcos, ¿tú y yo por qué somos amigos?
Marcos: No sé, porque una vez en la guardería me diste un regaliz.
Iván: Es curioso lo de los amigos de toda la vida porque, yo te voy a decir una cosa, y es que si yo te hubiese conocido ahora, tal como eres, es que me hubieses caído fatal. No sería amigo tuyo por nada del mundo. Pero, el hecho de habernos conocido de pequeños, es como que se crea un nexo entre nosotros, ¿no? Algo nos une, y nos hace aceptar las mediocridades del otro; esas cosas que no soportaríamos de la gente que se conoce de adulto. ¿Te das cuen?
Marcos: Sí, te entiendo. Como eso de seguir usando expresiones de Chiquito de la Calzada 15 años después. Eso te lo tolero a ti, pero a nadie más.
Iván: Exacto, como tu risa de troglodita, o tu afición a hurgarte la nariz, o tu costumbre de repetir calcetines, que al segundo día te apestan el coche.
Marcos: O tu afán por tener siempre la razón cuando sólo sabes hablar de tres temas, o tu alopecia galopante.
Iván: ¿Qué tienes en contra de los calvos?
Marcos: No sé, me caéis mal. Me recordáis a Bruce Willis, y a Anasagasti.
Iván: Y sin embargo aquí estamos, tan amigos. Saboreando este café asqueroso en esta cafetería que no sé por qué frecuentamos teniendo en cuenta la pinta de los camareros. ¿Por qué venimos siempre aquí?
Marcos: No sé, porque estos asientos están hechos ya a nuestros culos.
Iván: Pero la de enfrente está mucho mejor, y tienen bollería selecta.
Marcos: Lo sé, pero cuando llegamos a esta calle nuestros cuerpos se dirigen directamente a este sitio. Es cíclico. Oye, te noto muy trascendental hoy, ¿no?
Iván: Poquito, no sé. Dime una cosa, Marcos. ¿Tú….darías tu vida por mí?
Marcos: Hombre, no sé. Tendría que pensarlo.
Iván: Pero es que en estos casos no hay tiempo para pensar. Si un tío me va a dar una puñalada tienes que tener claro si harías algo por evitarlo aun corriendo riesgo tu vida.
Marcos: Pues, no sé. No sé cómo actuaría en un caso así.
Iván: Te propongo una cosa: que ninguno dé la vida por el otro. Si a uno le toca morir, pues nada, mala suerte. Pero no vamos a alterar el rumbo de la historia sólo por quedar bien con el otro.
Marcos: Si así lo quieres… Pero luego no me recrimines nada si no intento ayudarte, ¿eh?
Iván: No te preocupes, y además lo dejaré por escrito, para evitar malentendidos.
Marcos: Bueno, vamos a ir acabando esta conversación, ¿no?
Iván: Vale, pero… ¿cómo?
Marcos: No sé, con una frase llamativa, así como intelectual, ¿no?
Iván: Vale, tú primero.
Marcos: A ver… Iván, no te comas tanto el coco, que a todo cerdo le llega su San Quintín.
Iván: ¿Esa es tu frase intelectual? Menuda mierda.
Marcos: Es lo que se me ha ocurrido.
Iván: Aprende, chaval: Marcos, la negatividad nos ciega en las noches opacas. No dejes que la luz de tu alma se apague lentamente. Dirime tu vida hacia caminos insospechados.
Marcos: Ok, dirimiré, dirimiré. Nos vamos ya, ¿no?