Tuesday, November 25, 2008

Pesadillas Eróticas

 

    Hace una semana tuve un sueño erótico. Los sueños eróticos son como pequeños regalos que te da la vida, aunque a veces, resultan frustrantes. Aquella noche me acosté con el estómago lleno. Me quedé dormido en seguida. Siempre me acuesto escuchando un cd de música, y ni siquiera llegué a terminar de escuchar la primera canción, pues mis ojos se cerraron y en poco tiempo ya me encontraba en el espiritual mundo de los sueños…. Me encontraba en una casa extraña de paredes triangulares y muebles de color lila cuando de repente llamaron a la puerta. Un mayordomo que resultó ser Rocco Sifredi abrió la puerta, y apareció en escena una mujer rubia espectacular vistiendo un mono de fontanera. “Vengo a desatascar esa tubería, encanto”, dijo la bella señorita. Como suele pasar en estas ocasiones, se produjo un diálogo de besugos que prefiero no reproducir, y al cabo de poco tiempo, la fontanera se encontraba encima mía y desnuda, con la excusa de que así se concentraba más para realizar su tarea. Yo estaba encantado, claro, ya que nunca había vivido una situación como esa. Y sólo pensaba en agradecer al portero por haberme pasado el teléfono de esa empresa de fontanería. El caso es que la chica se encontraba especialmente insinuante. Rompió el tubo del grifo y comenzó a cabalgar sobre mí mientras un chorro de agua gélida caía sobre nuestros cuerpos turbios. Cuando estaba ya a punto de desatascar mi tubería, de repente empezamos a oír un desagradable sonido: “Pi-pi-pi-pí, pi-pi-pi-pí, pi-pi-pi-pí….”. Al cuarto pi-pi-pi-pí me desperté de aquel hermoso sueño que algún ser divino me había concedido…. Pero, qué frustración no haber podido consumar el acto por culpa del despertador. Si lo hubiese programado para que sonara tan sólo cinco minutos después, otro gallo cantaría.

    Como se suele hacer en estos casos, le conté el sueño a un amiguete del trabajo. Los hombres tenemos esa debilidad por contar nuestros sueños húmedos, como si tuviera algún mérito. Pero el día a día me hizo olvidar pronto lo vivido mientras dormía, y aquella fontanera de pechos enormes pronto desapareció de mi mente. Aquella noche volví a acostarme con el estómago lleno, por si acaso eso influía a la hora de definir la temática de mis sueños. Esta vez me quedé dormido a la quinta canción del cd, y no tardé en volver a encontrarme en aquella habitación de paredes triangulares y muebles de color lila. Sonó el timbre y esta vez apareció Torrebruno para abrir la puerta.  Una sonrisa se dibujó en mi rostro al ver entrar de nuevo a mi fontanera de pechos lúdicos…. pero su gesto no era precisamente el de una mujer que quería complacerme sexualmente. Se vino acelerada hacia mí y empezó a gritarme y a hacerme preguntas de “¡Por qué, por qué! ¿Por qué te fuiste de repente justo cuando estábamos a punto de…. desatascar aquello?” Me quedé de piedra ante su virulencia, y traté de explicarle que no fue por culpa mía, sino por el despertador y su pi-pi-pi-pí. Pero aquella mujer no entraba en razón. Estaba en tal estado de nervios que empecé a rezar para poder salir de aquel sueño tan desagradable. Ella no quería creer que tan sólo se trataba del personaje principal de un sueño erótico, y empezó a decirme que ella tenía sentimientos, que cómo iba a ser ella un personaje de un sueño si cada dos meses le llegaba la factura de la luz. Dijo aquello de que todos los hombres somos iguales, que siempre nos íbamos justo antes de…. desatascar aquello, y que estaba harta del todo.

    El despertador volvió a sonar justo cuando ella estaba llorando sobre mi hombro. Me desperté, me duché y le conté aquel extraño sueño a mi amiguete del trabajo. A pesar de todo, no le di demasiada importancia, y seguí con mi día a día. Aquella noche cené antes, por si las moscas. Puse el cd y lo escuché entero. A la cuarta canción de la segunda audición conseguí conciliar el sueño. Esta vez no me encontraba en esa horrible habitación, sino en un ascensor octogonal con espejos deformantes como sacados de la casa de los espejos. Estaba subiendo cuando a la altura del piso 68 el ascensor se para. Se abre la puerta y aparece…. ¡la fontanera! Solté un grito de película de terror, pero no sirvió para nada. La mujer entró y empezó a recriminarme de nuevo lo de la espantada de la primera noche. Tenía los ojos enloquecidos, su cabello rubio y rizado de aspecto electrizante…. A cada segundo se iba pareciendo más a Glenn Close en Atracción Fatal. El ascensor se paró y, sin escapatoria ninguna, tuve que aguantar toda la noche los insultos de aquella mujer desquiciada. En ese momento para nada tenía ganas de sexo, pero le insinué que podíamos acabar allí lo iniciado el otro día, para ver si así se quedaba tranquila de una vez por todas. Pero ella se negó, dijo que no era una prostituta ni una ninfómana, y que era la primera noche cuando debía haber acabado lo iniciado, y no en aquel ascensor raro. Por más que miraba el reloj, la alarma no sonaba. Recordé que las pilas llevaban bastante tiempo puestas, y que quizás se habían agotado. No podía hacer más que rezar a las ánimas del purgatorio, a ver si me echaban un cable y me despertaban de aquella terrible pesadilla.

    El día siguiente fue terrible para mí. Llegué tarde al trabajo y tenía un pésimo aspecto. Mi amiguete me aconsejó que fuera a un prostíbulo, buscara a una rubia y le hiciera vestirse con un mono de fontanera,  y que quizás así conseguía alejarme para siempre de la rubia de mis pesadillas. Sé que era un plan ridículo, pero lo hice, porque mi desesperación era muy grande. La prostituta me tomó por un fetichista, y al llegar la noche y quedarme dormido, me di cuenta de que no sirvió para nada, pues la fontanera volvió a aparecer. Hubiese deseado mil veces soñar con Freddy  Krugger en vez de con aquella rubia atormentada. En esa ocasión nos encontrábamos en mitad de un desierto de arena rosada. A lo lejos, una esfinge con el rostro de la fontanera nos contemplaba. Caminábamos hacia el monumento, sudorosos, y ella no paraba de despotricar y echar serpientes por la boca…. literalmente. Al llegar a la esfinge, nos adentramos por los pasillos interiores. Allí, látigo en mano, íbamos sorteando los distintos peligros que nos acechaban. La estampa era dantesca: parecíamos un Indiana Jones de pacotilla y una Xuxa disfrazada de fontanera. Tras dos horas de duro sufrimiento, conseguimos llegar al núcleo de aquel monumento. Se trataba de un gran sarcófago que estaba entre abierto. Lo abrí con cautela y allí estaba una mini Mayra Gómez Kemp alada con una notita que decía: “Si quieres que esa rubia desaparezca de tus pesadillas, métela dentro y cierra el sarcófago con la llave que encontrarás en tu bolsillo”.

    Como pude, la convencí para que se metiera dentro, y nada más colocarse cerré el sarcófago y eché el candado gracias a la llavecita que efectivamente tenía en mi bolsillo. Salí de la esfinge, crucé de nuevo el desierto de arenas rosadas y llegué a mi habitación de paredes triangulares y muebles de color lila. Sonó el timbre, pero decidí no abrir. Me tumbé en la cama y cogí un Penthouse que guardaba debajo del colchón. Y me entretuve un rato hasta que, a punto de desatascar aquello, sonó de nuevo el pi-pi-pi-pí….

Posted by Erty at 15:16:23 | Permalink | Comments (1) »

Sunday, November 23, 2008

Test De Imbecilidad Supina Masculina

 

1.- ¿Cuando algo te hace gracia te ríes a carcajadas y a los diez segundos has dejado de saber por qué te reías tanto?    SÍ / NO

2.- ¿Eres de los que primero hablas y luego preguntas de qué se está hablando?  SÍ / NO

3.- ¿Cuando te encuentras a un coleguilla en la calle le das una palmada en la espalda y luego dices “¡Qué pasa, cabrón!”?  SÍ / NO

4.- ¿Le guiñas el ojo a las mujeres al comprobar que tiene los pechos voluminosos?  SÍ / NO

5.- ¿Te ríes de esta forma: “Uh-ah-ah-ah-ah-ah-ah-ah”?  SÍ / NO

6.- ¿Te acuerdas de los nombres y apellidos de al menos dos amigos de la infancia?  SÍ / NO

7.- ¿Le tocas el culo a tus hermanas? SÍ / NO

8.- ¿Te rascas el paquete en público?  SÍ / NO

9.- ¿Eructas después de dar el primer trago a una Coca-Cola?  SÍ / NO

10.- ¿Tienes necesidad de ridiculizar a alguien para así destacar sobre los demás?  SÍ / NO


   
Da 2 puntos a cada respuesta que sea un SÍ, excepto en la pregunta seis, donde se dará 2 puntos al NO.

-         Menos de 6 puntos: ¡Enhorabuena, no eres un imbécil! Es más, ni siquiera lo pareces. Das una imagen de hombre íntegro e inteligente. Sabes comportarte en público y tus amigos te consideran un tío majo y agradable. ¡No cambies!

-         De 8 a 14 puntos: Chaval, deberías tener cuidado porque como te descuides un poco estás a un paso de pisar la delgada línea roja de la imbecilidad. Tienes tus días buenos y tus momentos donde te comportas como un idiota. Lo bueno es que, de momento, sabes reconocer cuándo actúas como un tonto, de forma que puedes rectificar a tiempo.

-         De 16 a 20 puntos: ¡Eres un imbécil integral! Da igual lo que te ponga aquí porque no lo vas a entender. Limítate a intentar controlarte, porque eres un capullo y así te ve la gente. Cuando oigas por ahí un lejano “Será imbécil”, harás bien en darte por aludido, porque sin duda se refieren a ti. Si crees que puedes mejorar como persona, inténtalo. Si no, al menos lávate las manos después de mear, ¡guarro!

Posted by Erty at 22:17:31 | Permalink | Comments (1) »

Wednesday, November 12, 2008

Dos Náufragos

 

    Hace cuatro horas un gran naufragio ocurrió en las aguas del Pacífico. Dos de los supervivientes comparten un pequeño flotador que no da a basto.

Náufrago 1: Mi capitán, se habrá dado usted cuenta de que este flotador no da para mucho. Vamos, que en cualquier momento se desinfla.

Náufrago 2: Ya, grumete. Pero esto es lo que hay.

Náufrago 1 (a partir de ahora grumete): Bueno, mi capitán. Es lo que hay…. relativamente.

Náufrago 2 (a partir de ahora capitán): ¿Qué quieres decir con eso, grumete?

Grumete: Hombre, que tal como veo yo la situación, o se salva uno, o morimos los dos.

Capitán: Pelín pesimista eres tú, ¿no?

Grumete: Seamos realistas, capitán. Estamos en mitad del Pacífico, no hay tierra a la vista, no pasan barcos y este flotador no da a basto para dos cuerpos, uno de ellos de 120 kilos, por cierto, y no quiero mirar a nadie…. ejem.

Capitán: ¿Me estás llamando gordo acaso?

Grumete: Hombre, yo gordo nunca le llamaría capitán. Más que nada por respeto al cargo que usted ostenta. Pero, no me negará que usted tiene sobrepeso.

Capitán: Ten en cuenta, grumete, que soy bastante alto, así que proporcionalmente, no estoy tan mal.

Grumete: En cualquier caso, yo peso 70 kilos, y usted casi el doble, y este flotador empieza a tener mala cara.

Capitán: Pues habrá que esperar que aguante hasta que nos rescaten, ¿no?

Grumete: Capitán, esa opción no la veo yo muy viable que digamos. Yo sé que las circunstancias que nos rodean no permiten pensar con claridad pero, remítase a los hechos: somos dos náufragos y un solo flotador, y a la deriva agua y nada más que agua. En el mejor de los casos, quizás en dos o tres días nos localicen pero, si seguimos con el planteamiento actual, ambos estaremos en el fondo del mar, así que por mucho que busquen no nos van a encontrar. En cambio, si en vez de dos fuéramos uno…. otro gallo cantaría.

Capitán: Grumetillo, ¿estás insinuando que uno de los dos debería renunciar a sobrevivir?

Grumete: Bueno, uno de los dos no…. Usted directamente.

Capitán: ¡Pero cómo te atreves, grumetillo de pacotilla! ¡Cuádrese!

Grumete: Capitán, ¿cómo quiere que me cuadra si apenas puedo moverme?

Capitán: Grumete, lo que acaba usted de insinuar es terrible, ¡terrible!

Grumete: Lo sé, pero es que no queda otra. Además, tenga en cuenta que yo soy joven, sólo tengo 21 años, y usted tiene ya 50.

Capitán: ¿Y ser mayor que tú implica que tenga que renunciar a vivir?

Grumete: No es eso, pero…. Usted ya ha vivido mucho. Se ha casado, tiene los hijos criados, ha visto mundo…. Pero yo, en cambio…. ¿Qué he hecho yo en mi vida? La primera vez que he salido de casa ha sido para embarcarme en este barco de las narices. Soy hijo único, mis padres necesitan el dinero de mi salario. Ah, y soy virgen.

Capitán: ¿No le llevaron a golfear en la primera parada en Malta?

Grumete: ¡No!

Capitán: Cómo se pierden las buenas costumbres…. En fin, a ver, grumete. Todo lo que dices me parece muy bonito, pero lo que tiene que florecer ahora es la dignidad, la valentía. ¡O todos o ninguno! ¿Acaso quieres vivir con la conciencia intranquila por haber dejado morir a un compañero?

Grumete: Yo sólo quiero vivir, a secas. La conciencia la dejo para los psicólogos. ¡Vamos, capitán, si no es para tanto! Tan sólo deje de agarrarse al flotador, y déjese llevar. ¡Es fácil!

Capitán: ¿Que es fácil dejarse morir? ¿Te cachondeas de mí?

Grumete: Yo sólo pretendo que afronte la situación con optimismo. ¿Acaso no cantan los militares que la muerte no es el final?

Capitán: Hombre, eso se canta para consolar al personal, pero para mí la única vida que hay es la que vivo ahora, ¡y tú quieres que me deje hundir y ser pasto de los tiburones!

Grumete: No sea así, capitán. Además, esto no estaría pasando si usted no hubiese abandonado el barco, que es lo que se espera de un buen capitán.

Capitán: Claro, qué fácil lo ves tú, ¿no? El barco se iba a hundir de todas formas, no había nada que yo pudiese hacer.

Grumete: Pero ahora sí puede hacer algo: déjeme vivir, y le prometo que contaré su hazaña y se convertirá en un héroe.

Capitán: Ya, pero en un héroe muerto.

Grumete: Algo es algo. Seguro que le hacen un monumento y hasta le dedican una calle en su pueblo. Y yo y mis futuros hijos le estaremos eternamente agradecidos.

Capitán: Desde luego, grumete. Tienes tú poder de persuasión, ¡eh!

Grumete: No crea que es fácil para mí. Pero me merezco poder vivir treinta años más, y llegar al menos a los cincuenta, al igual que usted.

Capitán: No, si…. visto así, no te falta razón. En fin, quizás sí que ha llegado mi momento de gloria.

Grumete: Claro, capitán. Anímese.

Capitán: Pero, me tienes que prometer que contarás la historia para que mi memoria sea honorada por muchos años.

Grumete: Claro, capitán. No lo dude usted.

Capitán: Tutéame, grumete. Que ahora es un hombre quien va a morir, y no un capitán. ¿Cómo te llamas, por cierto?

Grumete: Enrique, capitán.

Capitán: Encantado, Enrique. Yo Manuel…. Calle Capitán Manuel López Solevilla.

Grumete (a partir de ahora Enrique): ¡Avenida, Manuel, avenida!

Capitán (a partir de ahora Manuel): Bueno, no hay que ser ambicioso. Con una calle me conformo, y si es en mi barrio mejor.

Enrique: Pues nada, Manuel. Ya sólo queda que te sueltes.

Manuel: Sí, el paso más difícil, jajajajaj.

Enrique: Ya verá que todo pasa muy rápido. En poco tiempo perderá el sentido y pasará a mejor vida.

Manuel: Sólo te voy a pedir una cosa: que me cantes el “Soy Minero” de Antonio Molina mientras me hundo.

Enrique: Eso está hecho. No estoy fino de voz, pero haré lo que pueda.

Manuel: Pues nada, ¡alea iacta est!

Enrique: Eso mismo digo yo.

    El capitán se suelta del flotador y las olas del Pacífico le van engullendo poco a poco.

Manuel: (desde lo lejos) ¡El mineroooooooo, el mineroooooooooo!       

Enrique: Ah, lo olvidaba. “Soy mineeeeeerooooooooooooo, lalalalalalalala en el mundo enteeeerooooo, soy mineeeeroooooo….”

Posted by Erty at 21:21:04 | Permalink | Comments (1) »