Friday, October 10, 2008

Érase Una Vez Un Hombre Cuya….

   

Érase una vez un hombre cuya vida estuvo siempre unida a las frases hechas y los refranes. Pepe Horacio, que así se llamaba, nació con un pan bajo el brazo. Su madre Pepita rompió aguas en una panadería de su propiedad. Pepe fue concebido en un transatlántico; sus padres hicieron caso omiso a aquello de que un martes 13 ni te cases ni te embarques, y un martes 13 del año 58 los recién casados embarcaron rumbo a Nueva York. Y yo me pregunto, ¿acaso esto le importa a alguien? Es más, ¿qué hago yo contando esta historia ridícula que no tiene ningún sentido? A ver, para evitar confusiones, les diré que el que se pronuncia ahora es el narrador, no el escritor. Al escritor que le den, lo mismo que al Pepe Horacio ese. Yo soy el narrador y llevo veinte años de mi vida dedicado a contar historias que no son mías, y debo hacerlo siempre como si esa historia que se narra fuese la gran historia. Y no, no señores, no siempre fue así.

     Pongo un punto y seguido para que no se cansen la vista al leer. Para que conozcan más de mí, ¿han leído NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO? Con esa novela de Terenxi Moix me estrené. Y fue un grandísimo estreno, pues la novela ganó el premio Planeta, y sin estar amañado, ehhh. Mi reputación aumentó considerablemente, y desde entonces fui pasando de escritor en escritor, de novela en novela. Lo peor de mi profesión es que los narradores de novelas no tenemos un nombre reconocible, ni una cara, ¡nada! Somos vacío, vendemos nuestra alma al escritor y no podemos desplegar nuestra  personalidad.

    A veces mantenemos auténticas guerras con el escritor. El narrador se empeña en hacerlo de una manera concreta, y el escritor no lo ve claro y acaba tirando a la papelera aquello que se ha escrito, provocando en el autor auténticas crisis nerviosas. Otras veces, el narrador se niega a continuar, o incluso a empezar su trabajo, provocando una crisis de creatividad y un terror a la página en blanco. El poder del narrador es mayor de lo que muchos creen, si bien es un poder anónimo. ¿Alguien recuerda el nombre del Gran Maestro Narrador ejemplo de la profesión que narró el Quijote? Todos recuerdan a Cervantes, claro. El “A-U-T-O-R”. Así dicho con grandilocuencia. Vale, la idea fue de él, tuvo gran mérito, pero… una novela mal narrada, por muy buenos que sean los personajes, no podrá ser nunca una obra clásica, una obra para la perpetuidad. Y no me refiero precisamente a los best sellers de hoy en día. Esas novelas son narradas por equipos de narradores sin calidad alguna que se van turnando para ir sacando novelas como si de salchichas se tratase. No hay oficio, no hay tesón, no hay cariño… sólo son novelas diseñadas para subir muy alto y caer pronto en el olvido.

    Yo soy de la vieja escuela. Yo no escribo cualquier cosa, y si veo que empiezo algo que no tiene sentido ni calidad, dejo de trabajar automáticamente, y me importa dos narices lo que el escritor quiera hacer. Si quieren contar conmigo, que sepan ante todo que yo trabajo con material de primera calidad, y no me conformo con historias recias, sin sabor o estúpidas como esta del hombre cuya vida estuvo siempre unida a las frases hechas y los refranes. ¡Qué estupidez! ¡Acabáramos!

Posted by Erty in 15:23:41
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