Saturday, November 17, 2007

El Viaje Alucinante Del Mosquito Común

   Hay momentos en la vida en los que quisiera ser un cruce biológico entre Charles Mason y un bote de Raid…. Uno de ellos es cuando estamos acostados en la cama y, estando a punto de conciliar el sueño, empezamos a sentir el dúctil aleteo de un mosquito en suspensión a escasos milímetros de nuestra oreja. Es ese momento en el que un ser insignificante se convierte en el mayor de nuestros enemigos. Nuestra técnica defensiva es universal, independientemente de la nacionalidad, raza o religión que se profese: agitamiento del brazo por la zona afectada y lanzamiento de un improperio destinado a la autoestima del insecto alado, un claro y sonoro “¡me cago en la puta mosca!”, o bien, “¡el mosquito de los cojones!”

  ¿Qué tendrá nuestro orificio orejal para que millones de insectos de todo el mundo deseen introducirse en él? El mosquito es un ser más observador de lo que podamos creer , y la explicación a su interés puede ser el hecho de ver a tantísimos humanos metiéndose el dedo en el interior de la oreja. Ellos no utilizan una deducción lógica, por lo que su diminuta mente no les llega para pensar que nos metemos el dedo simplemente porque nos pica. Así que piensan que si lo hacemos es porque hay algo dentro que queremos coger y no podemos.

  Por eso hacen esos primeros vuelos rasantes, para inspeccionar el terreno. No lo hacen por jorobar, sino para medir longitudes, comprobar estrecheces, verificar planos…. Y entonces, cada noche, me los imagino reunidos en plan Canción Triste de Hill Street, y el sargento Jablonsky de la situación distribuyendo las orejas y diciendo aquello de “Eh, eh, eh….  tened cuidado ahí dentro”.  Es entonces cuando miles de mosquitos se van introduciendo en nuestras casas, ciudad a ciudad, barriada a barriada, piso a piso. Se esconden durante horas en los rincones más inhóspitos de nuestras casas, calculando justo el momento en el que estamos al límite del sueño. ¿Por qué no esperan a que estemos totalmente dormidos? Pues se ignora por completo. Científicos de la Universidad de Massachuset llevan año y medio investigando y sus primeras concluiones indican que es por puro recochineo. Fotografías tomadas en dicho momento de aproximación a la oreja detectan una leve sonrisita lasciva en los insectos.

  Una noche, hace unas semanas, me ocurrió lo que aquí se narra. Cuando estaba a punto de quedarme dormido, un mosquito pasaba en vuelo rasante por las cercanías de mi oreja. Reaccioné con el aspaviento habitual provocando una lucha psicológica con el bichejo. Y en medio de esa guerra paré, reflexioné y pensé que, por una vez, podía dejar que el mosquito hiciera lo que quisiera en mi oreja. Así que me relajé, y tumbado sobre la cama, me dejé hacer. El insecto se acercó a mí con cierta temeridad. Debió pensar que no era normal que yo no agitara mis brazos y lanzara improperios. Pero poco a poco fue cogiendo confianza, y se fue introduciendo en mi cavidad mientras yo iba aguantando el cosquilleo que me producía el roce de sus alitas sobre mi piel.

  En apenas unos segundos, el mosquito estaba dentro de mí. En esos primeros momentos me vino un sentimiento de arrepentimiento atroz. “¿Pero qué hago dejando pasar a un mosquito por mi oído? ¡Se me infectará y tendrán que rajarme para eliminarme el objeto externo! ¡Y reza para que no haya dejado sus huevecillos dentro de mí!”

  Pero pasó el tiempo y no volví a saber más del bicho. Ni me duele la cabeza, ni he perdido audición, ni escucho un pitido perenne…. ¡Nada! Ni siquiera un cosquilleo o una cefalea. Mantengo mi regularidad de erecciones diarias, mi vista sigue perfecta, tengo apetito, no me mareo…. Seguramente el mosquito debió perderse entre tanta víscera y acabó retornando al exterior en alguna de mis deposiciones…. presuntamente muerto.

Posted by Erty at 00:44:44 | Permalink | Comments (4)