Confesión De Un Cura Lascivo
PARROQUIANO: Ave María Purísima.
CURA: Sin Pecado Concebido.
P: Padre, confieso que he pecado.
C: Cuéntame, hijo, ¿de qué te arrepientes?
P: Verá, padre, pero…. Ayer besé a una mujer.
C: Bueno hijo, besar a una mujer no tiene por qué ser pecado. Dependerá de la relación que os una. ¿Cuál es esa relación?
P: Digamos que…. es una amante.
C: ¿Una amante? ¿Estás casado, hijo?
P: Padre, yo…. Estoy casado con…. la Iglesia. Soy sacerdote, padre.
C: ¡Dios Santo! Pero, padre, ¿cómo ha podido caer en esas tentaciones?
P: Le ruego que no me llame “padre”. Cuando me confieso, no quiero estar en igualdad jerárquica con quien me confiesa. Si no, ¿cómo podría aceptar con disciplina su castigo?
C: Como desees, pero recuerda que es Dios quien juzga aquí. Yo sólo soy su intermediario.
P: Tiene usted razón, a veces parece que olvido todo aquello que tengo bien asentado en mi cabeza.
C: Y dime, hijo, ¿cómo es que no pudo controlarse?
P: Ya ve, padre. Tengo 64 años. Me ordené sacerdote cuando tenía 24, y desde entonces he cumplido mis promesas y he ejercido mi vocación sin reproche alguno. He sido muy apreciado por mis parroquianos y muy valorado por mis superiores. Quizás no debería decirlo, pero…. en un momento determinado quisieron que mi carrera eclesial fuera en ascenso, en vertical en vez de en horizontal. Quisieron prepararme para llegar a Obispo con poca edad, y llegaron a confesarme que algún día podría optar incluso a lo más alto…. a Papa. Pero, me negué. No me hice cura para vivir en la opulencia. Y, la verdad, me daba pereza ser el centro de atención, el centro de ambición de algunos acólitos, y cuando digo acólito me refiero a la tercera definición que contempla la RAE*, no a lo que los curas entendemos por acólitos. Ya me entiende usted….
C: Creo que sí, padre. Digooooo, hijo. Pero, no me llegaste a explicar cómo pudiste caer en la tentación a tu edad y en tu estatus….
P: Querido padre, las tentaciones no entienden de edades ni de estatus. Cualquiera puede caer rendido a los pies del demonio, y no digamos al de una mujer, jejeje. Perdone la broma, padre. Le diré, que se trata de una mujer excepcional. Es bella, inteligente, sincera, de mirada brillante, de sonrisa aún más brillante…. ¿Sabe? Cuando era joven, poco antes de ordenarme sacerdote, un amigo de la infancia me aconsejó que me acostara con una mujer. Me dijo que sería bueno para mí yacer antes de hacerme cura, ya que así no iba a plantearme nunca qué es eso de tener sexo con una mujer. Por supuesto, escuché su consejo y acto seguido entré en colera; casi le excomulgo yo mismo…. Y ahora, fíjese padre, casi que creo que tenía razón.
C: Sinceramente, hijo, creo que hizo usted bien. Quizás hubiese optado por otro camino de haber tenido ese encuentro. Quizás no hubiese sido uno solo, sino veinte; ¡quizás hubieses acabado de madame del prostíbulo! Jajajaja. Ejem, perdona la broma. Me he excedido en mis opiniones….
P: No pasa nada, ya ve, y además, ha acertado usted, porque realmente se trataba de una prostituta. Y…. dígame, padre, entre usted y yo…. ¿Me comprende? ¿Ha pasado por lo mismo que yo?
C: No te ofendas, hijo, pero…. recuerda que se trata de tu confesión, no de la mía.
P: Lo entiendo, sé que es mi confesión, pero, lo que necesito ahora más que nunca no es tanto su bendición, sino, un consuelo, un apoyo moral…. Saber que otro sacerdote ha pasado por lo mismo que yo me ayudaría a salir adelante. Por eso, padre, le insisto, y sin ánimo de ofender, le vuelvo a preguntar…. ¿ha pasado por lo mismo que yo? ¿Ha roto usted sus votos?
C: Hijo, tratándose de un caso excepcional, y siendo consciente de que mis palabras te pueden ayudar a no desviarte más de tu trayectoria….
P: ¿Sí?
C: Te…. te diré que…. en una ocasión…. Bueno, ya me confesé en su momento al igual que tú ahora, pero…. Sí, caí en la tentación. Tuve no uno, sino varios encuentros sexuales con una mujer…. que encima estaba casada con mi mejor amigo.
P: Dios mío, padre. Lo de usted son palabras mayores. ¿Está usted seguro de que así ocurrió? ¿No se está inventando nada para consolarme?
C: No, hijo, así ocurrió. Y espero que mantenga el secreto, que no es de confesión, pues es usted quien se confiesa, pero casi.
P: ¿Reafirma entonces que mantuvo usted relaciones siendo usted ya sacerdote con una mujer? ¿Reafirma que fueron decenas de encuentros sexuales? ¿Lo reafirma?
C: Esto…. Sí, hijo, lo reafirmo, y espero que te sirva para….
P: Está bien, padre, levántese y salga del confesionario.
El padre confesante se levanta y de las columnas de la iglesia salen dos sacerdotes más. El cura párroco, sale extrañado del aposento sin entender qué estaba ocurriendo allí mismo. El padre saca de su bolsillo una placa.
P: Está bien, padre. Brigada Antivicio, queda usted detenido por incumplimiento de los votos sacerdotales reiteradamente, y para más inri, con la mujer de su mejor amigo. Tiene derecho a una confesión Papal. Será usted conducido al Vaticano donde cumplirá una pena de cinco años de oración continuada con las monjas clarisas del Convento de San Gabriel. Desde este mismo momento, deja usted de ser párroco de esta iglesia. Hasta nuevo aviso el co-párroco se hará cargo de la misma. Si es que…. ¡vaya ejemplo el suyo para la comunidad!
Muy original, sí señor. Aunque evita para futuros diálogos mentar una definición de la RAE. Jajajaja. Me ha gustado, es difícil encontrar un humor fino como el tuyo por la red. Un abrazo Erty.
Gracias Javi!! Espero escribir aquí más a menudo, y también tengo muy parado lo del Hombre Penoso, y eso que ya tengo el capítulo en la cabeza…. Pero bueno, me pondré en ello.
Un saludo, te sigo leyendo en tu blog, como siempre!!