Friday, November 6, 2009

Funeraria “Hasta Luego, Lucas”

Suena el teléfono en la Funeraria “Hasta Luego, Lucas”.

 

Telefonista: Buenos días, “Hasta Luego, Lucas”, su funeraria amiga, ¿en qué puedo ayudarle?

Cliente: Sí, buenos días. Llamaba para contratar un servicio.

Telefonista: Ajá, ¿de qué tipo?

Cliente: De los que dan a los muertos, principalmente.

Telefonista: Me refería a si se trata de un enterramiento o de una incineración.

Cliente: Bueno, de momento hábleme de sus servicios, y luego ya decido.

Telefonista: Empecemos por apuntar el nombre del fallecido.

Cliente: Sí, es Mariano Cienfuegos Ortiz.

Telefonista: ¿Cuál es su relación con el difunto?

Cliente: Pues… es que el difunto soy yo.

Telefonista: Ah, ya entiendo, que usted quiere informarse para dejar dicho a su familia sobre la clase de enterramiento que quiere, ¿no?

Cliente: No, no es eso exactamente. Verá, yo ya soy difunto, y espero que me entierren pronto, porque ya empiezo a notar cosquilleos.

Telefonista: ¿Está usted de broma, caballero?

Cliente: Para nada, oiga. Hablo muy en serio. Si no, llame al hospital, y le dirán que he fallecido hace seis horas de un ataque al corazón. El caso es que quiero organizar mi entierro, porque mis hijos son unos ineptos y seguro que la lían.

Telefonista: Esto… uy, no sé si colgarle o echarme a llorar.

Cliente: Intente hacer su trabajo, sería positivo para ambos. El tiempo apremia, que ya empiezo a oler.

Telefonista: Bueno, yo le sigo la corriente, no vaya a ser esto una especie de control de calidad o algo.

Cliente: Como quiera. A ver, estoy dudoso, no sé si enterrarme o quemarme. ¿Qué me recomienda?

Telefonista: Es que esta decisión es algo muy personal. Si es por mí, preferiría la incineración, porque soy muy coqueta y no me gusta verme deteriorada.

Cliente: A mí eso me da igual, yo lo que quiero es que sea económico, que mis hijos van a heredar un par de deudas de agárrate y no te menees.

Telefonista: En ese caso, tenemos la Incineración Normal o la Express.

Cliente: ¿Y qué diferencias tienen?

Telefonista: Básicamente la rapidez. En la Normal el proceso dura una media hora, y la Express le convierte en chamusquina en apenas diez minutos.

Cliente: Y dígame, si acaso una vez dentro yo reviviera, ¿disponen de un sistema de aviso para que automáticamente se apague el proceso?

Telefonista: Todos nuestros ataúdes vienen con un dispositivo de seguridad para esos casos. Al difunto se le coloca un mando  a distancia en la mano para que sólo tenga que apretar el botón dos veces, y automáticamente se pararía la incineración.

Cliente: ¿Y cómo va a saber el muerto que tiene que apretar dos veces? Yo he tenido suerte porque les he llamado, pero si no, a saber si ahí dentro me da por apretar dos veces.

Telefonista: Nuestro Equipo de I+D estudia continuamente nuevas mejoras en nuestros servicios.

Cliente: Bueno, ¿y qué me dice sobre el enterramiento?

Telefonista: ¿Qué prefiere nicho o tumba?

Cliente: Un nicho, pero si está de lo más altos.

Telefonista: A ver… en el cementerio de la Almudena tenemos libre la fila cinco del sector siete, teniendo siete filas.

Cliente: Vale, me parece bien.

Telefonista: ¿Pares o impares?

Cliente: Pares.

Telefonista: Pues, si quiere le reservo la fila cinco, nicho 24. Tiene muy buenas vistas.

Cliente: Sí, me parece bien. Es que lo de quemarme no me convence… Los ataúdes también tienen sistema de seguridad, ¿no?

Telefonista: Efectivamente, basta con accionar un botón incorporado en el techo para que automáticamente se le envíe un sms al móvil de dos de su familiares avisándoles de su posible resurrección. El precio del mensaje es de 1,40 euros para Movistar y Vodafone; otras operadoras, consultar.

Cliente: ¿Los tiene aterciopelados?

Telefonista: ¿Lo qué? Ah, los ataúdes. Sí, en tres colores: azul, beige y caqui.

Cliente: ¿Algún otro complemento?

Telefonista: Sí, lo básico es un perfumador, un espray anti gusanos y un refrigerio consistente en un refresco y un sándwich vegetal, por si revive y le entra hambre.

Cliente: ¿Y todo eso cuánto costaría?

Telefonista: Si quiere un enterramiento civil, le costaría 4.000 euros; si por el contrario prefiere el religioso, serían 5.000 euros si es el normal y 6.000 si desea la versión musical con coro y órgano. Si no tiene un grupo de gente que le llore, disponemos de extras para que le acompañen en sus últimos momentos: la desconsolada esposa, el hermano, sus amigos de la infancia… lo que desee.

Cliente: Fantástico. Me quedo con el religioso versión musical.

Telefonista: Estoooo… ¿le puedo preguntar una cosa?

Cliente: Dígame.

Telefonista: ¿Por casualidad es usted “Cuarentón”? *

Cliente: Ahí va… pues sí. ¿Y tú eres “Señorita”?

Telefonista: Pues sí, la misma. Y yo no veo a Brad Pitt por ningún lado.

Erty: Estoooo, sí, hola.

Telefonista: ¡Esto es una tomadura de pelo!

Erty: ¿Pero por qué? ¿Qué pasa?

Telefonista: Me prometiste que esta vez me darías las frases divertidas, y además, ¿dónde está Brad Pitt?

Erty: Bueno, esta vez has tenido más protagonismo, ¿no?

Telefonista: Siiiii, claaaaaro. Me has escrito un papel demoledor, de Oscar, vamos.

Erty: Bueno, he hecho lo que he podido, Señorita. No tendré hoy mi día inspirado.

Telefonista: Desde luego… dos años de academia con Cristina Rota para esto.

Cliente: Dímelo a mí, que estuve un año en el Actor Studio, y coincidí con Sean Penn y todo.

Erty: Bueno, yo sólo digo que ya conocíais mi blog cuando vinisteis al casting. Si no me consideráis buen escritor de diálogos cómicos, idos al blog de Javi Rumí, que él sí que es bueno.

Telefonista: Pues desde luego que me lo voy a pensar.

Cliente: Bueno Erty, a mí no me importa quedarme contigo, pero… a ver si me metes con Spike y McManaman. Esos sí que molan.

Erty: Venga, vale, va.

 

*Véase “Despotricaciones Pérez, ¿Dígame?

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Friday, October 23, 2009

Nuevo Chico En La Ciudad

 

    Rafael, un treintañero a punto de despedirse del número tres y sin muchos ánimos de recibir al cuatro, decidió hacer un giro a su vida cuando su enésima novia le dejó: se mudó de barrio. En Madrid cambiarse de barrio es casi como cambiar de ciudad, abandonó Ventas para adentrarse en el centro más castizo. Quería empezar totalmente de cero, aunque no tuvo más remedio que conservar su trabajo y su madre, y también un par de buenos amigos de los de toda la vida. Pero, afectivamente hablando, necesitaba replantearse su situación, ser más estratega y tener una actitud más activa.

    Rafael dejó un bonito apartamento para instalarse en una buhardilla de lo más acogedora. Quería sentirse cómodo y feliz allí dentro, así que no dejó entrar a su madre hasta que estuviese totalmente amueblado y decorado. No quería influencias ni aportaciones que ni le iban ni le venían, tan sólo quería hacer de su nuevo hogar una extremidad más de su ser.

    Una vez que Rafael consiguió coronarse como rey de su casa, inició la conquista de las calles que le rodeaban. Tenía localizado los puntos estratégicos que le ayudarían a mejorar su calidad de vida: por un lado un buen quiosco donde el dueño le dejara ojear los periódicos y las revistas antes de comprarlos si es que le interesaban; por otro una buena panadería que en vez de una dependienta tuviese dos, para así evitar aglomeraciones por un chusco de pan; por otro, aún, un supermercado pequeño que tuviese todo lo necesario para sobrevivir en la ciudad. Optó primero por uno que estaba más cerca de  su casa, pero la frutera le ponía siempre 100 gramos de más de aquello que pedía, así que finalmente se decantó por otro que estaba dos calles más abajo. No importaba, así se obligaba a andar más y por tanto conseguiría estar un poco más en forma.

    Como se decantó por una buhardilla, Rafael no tenía un vecino de arriba que le molestara, excepto Dios, pero Él vivía muy arriba, y su música celestial y trompetera apenas se escuchaba. Sí tenía una vecina de abajo carnal, una señora de setenta años pizpireta y sorda. No le importaba que pusiera la tele muy alta, ya que sus programas favoritos coincidían con las horas de trabajo de él, y los fines de semana la buena señora se iba a casa de su hija en Majadahonda. Aún así, para ganarse su simpatía, Rafael le regalaba todos los lunes una pequeña cesta de fruta variada.

    Nuestro hombre estaba diseñando su propio paraíso y hasta entonces todo le iba a las mil maravillas. Pero tenía un asunto que resolver aún: su vida afectiva. Rafael no era de esos hombres que no saben vivir desemparejados, pero las tres últimas novias le habían dejado tan mal sabor de boca, que tras muchas horas de reflexión decidió que no dejaría el asunto amoroso sujeto a casualidades y coincidencias. Decidió tener todo controlado desde el principio, así que no dejaría dejarse atrapar por el amor, sino elegir él a su futura Eva antes de iniciar todo el proceso amatorio.

    Este hombre que se daba una nueva oportunidad, decidió que el mejor sitio para conocer a una mujer era una librería. Así que dos tardes a la semana y los sábados por la mañana, Rafael se plantaba en una coqueta librería a cuatro calles de su buhardilla, y haciendo como el que ojeaba libros, en verdad dedicaba su atención a observar a las clientas, analizando no sólo sus gestos, sus formas y la luz que desprendiesen, sino la temática de los libros que elegían.

    Descartó de inicio a todas las que comprasen libros de autoayuda, no quería mujeres hipersensibles y que aún estuviesen buscándose a sí mismas; también huía de mujeres que comprasen el nuevo premio Planeta, o el nuevo best seller internacional, o el último libro de la factoría César Vidal, o novelas sobre asesinos en serie, por si  acaso. La segunda tarde, Rafael observó a una mujer pagando un libro sobre Robert Capa. Él se entusiasmó, pues fue la primera vez que una de ellas se llevaba una obra de su gusto, así que la siguió con disimulo por las céntricas calles de Madrid, mientras él ya empezaba a idealizar a su posible nueva pareja… hasta que aquella riada de ilusiones desembocó en una popular chocolatería donde la mujer compartió mesa con un apuesto hombre al cual regaló el libro con entusiasmo.

    En otra ocasión, Rafael vio a una joven frágil y hermosa ojear “Música Para Camaleones”, de Truman Capote. ¿Lo comprará… o no lo comprará? Se preguntaba él sin cesar hasta observar cómo se guardó el libro en el bolso y se marchó del local sin pasar por caja. Buena elección, pensó él, pero no tengo ganas de convivir con una forajida. A todo esto que el dueño del local ya se había percatado de la omnipresente presencia de Rafael en su coqueta librería, pero nunca le llegó a preguntar sobre sus horas perdidas entre sus libros, pues todos los días que iba hacía una buena compra. Se acostumbró a él como el campero a la salamandra que se come las molestas moscas.

    Mientras llegaba la mujer de su vida, Rafael hizo dos buenos amigos en aquel rincón. Ramón, un jubilado logroñés que disfrutaba hablando de literatura con él, y Benjamín, un joven escritor que logró convencer al librero para que vendiera allí su libro de relatos cortos. A veces los tres coincidían, y acababan en una cafetería cercana aletargando el tiempo mientras decidían quién era el mejor novelista norteamericano o realizaban su propia quema de libros malos.

    Una tarde de otoño, estando Madrid cubierta de nubes, frío y viento, mientras Rafael seguía con su búsqueda en aquella librería de luz cálida, una mujer de unos 42 años muy bien llevados se acercó a un ejemplar de “Las Mil y Una Noches”. Sus manos suaves parecían actuar por sí solas, buscando una página concreta de aquel clásico. Rafael, deslumbrado por su presencia, aún consiguió observar que no llevaba anillo de compromiso, que sus labios estaban esculpidos por Bernini, que sin duda había elegido el peinado más favorecedor, y que sus oscuros ojos dejaban entrever el carisma que escondía tras su fina piel. Sus manos iban pasando páginas hasta pararse en un capítulo concreto. La mujer comenzó a leer mientras sus ojos parecían recordar una vieja lectura clandestina, quizás un relato que le hizo sonrojar en su juventud, en una escapada nocturna a la biblioteca del salón donde sus padres escondían el pecaminoso libro en su balda más alta. La mujer no dudó en hacerse con el ejemplar. El librero miró a Rafael conociendo ya sus intenciones, y le dijo sin decirle: “Ésta es tu chica”. Ella salió de la librería y la siguió durante varios minutos hasta que llegaron a un triste parque. Se sentó en un banco, y sacó de la bolsa el nuevo tesoro de su biblioteca. Su vecino de arriba le echó un cable: gotas repletas de agua comenzaron a caer a granel. Rafael se acercó a ella con un amplio paraguas y ambos se refugiaron en el bar de viejos más cercano. Al olor de café recién hecho, sus miradas coincidieron. Él ya sabía que algo había nacido entre ellos, ella aún estaba por descubrirlo.  

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Friday, October 2, 2009

Testamento De Don Justiciano Mangano Rubí

    Yo, Don Justiniano Mangano Rubí, mayor de edad (como para no serlo teniendo 89 años), y con pleno uso  de mi facultades mentales, dejo aquí formalizado mi testamento, para ser leído y ejecutado una vez muerto y enterrado. Mi abogado y amigo Don Ricardo Gallardo Ortiz se encargará de su correspondiente lectura ante mis herederos que sean nombrados en este texto.

   Antes de dar a conocer el reparto de mis bienes, voy a hacer unos cuantos comentarios que no puedo dejar pasar, y que una vez muerto, poco me van a importar sus consecuencias. Ante todo, decirle a mis tres hijos que no son tres, sino cuatro. Sí, así es. Aparte de Justiciano Junior, Mariano y Desconsuelo, también es hijo mío Miguel Fraguel Mangano, cuya madre es Doña Raquel Fraguel, vecina de Villarobledo del Rosario. Teniendo esto en cuenta, apelo a las buenas maneras para que mis hijos acepten este desliz. Total, donde comen tres, comen cuatro.

    Durante toda mi vida he intentado ser siempre un buen marido, un buen padre, un buen vecino y un buen estafador. Seamos claros, siempre os he querido dar lo mejor, pero, obviamente, el sueldo de un auxiliar administrativo no da para mucho. ¿Nunca os preguntasteis cómo era posible que viviésemos de lujo con mi sueldo? Ya no me importa confesarlo, pues con delitos o sin ellos, los muertos estamos condenados a la prisión de la tumba.

    Sin más, comienzo ya a hacer la distribución de mis bienes.

    A mi primogénito Justiciano le entrego mi piso de María de Guzmán, 33; sito en Madrid. Hijo, ya sé que siempre te has sentido cohibido por mi presencia y autoridad, pero como me he muerto ya puedes salir del armario. Sí, hijos, Justiciano es gay. No te pongas rojo como un tomate, Justi, que no pasa nada. Qué mejor manera de salir del armario que recibiendo un piso como el que te otorgo. Comprenderás, hijo, que si quieres ocultar tu sexualidad, no puedes esconder tus revistas guarras debajo del colchón. Me costó mucho tranquilizar a tu difunta madre cuando vio aquella colección de Playguy. Así que, hijo, vive la vida y deja de hacerte el solterón empedernido.

    A ti, Mariano, te dejo la casa de la playa, en Santurce… con la condición… de que te levantes ahora mismo y te pongas a cantar el “Desde Santurce a Bilbaoooooo… vengo por toda la orillaaaaaa”… Venga, Mariano, siempre has sido muy tímido, así que esto te servirá para soltarte, y piensa que el premio es una casa en la playa. Además, te lego mi colección de condones usados. Espero que la conserves y vayas ampliándola. También te incluyo una obligación: cada viernes has de depositar sobre mi tumba una tortilla de patatas de cuatro huevos con cebolla y pimientos. Así hasta que transcurran seis meses desde mi entierro, que entonces pasará a tener cinco huevos, y así sucesivamente hasta llegar a los veinte huevos. En ese momento, ya puedes dejar de hacerlo.

   Y a ti, mi preciosa hija Desconsuelo, te otorgo mi tercer piso, el de Pintor Rosales, 44; también sito en Madrid. Aprovecho para decirte que tu nombre fue un empeño de tu madre. Yo quería llamarte Consuelo, a secas, y tu madre Desiré. Y no había forma de que ninguno cambiase de opinión, así que ella optó por una solución salomónica y acabó llamándote Desconsuelo. Dicho esto, te diré también que los Reyes Magos no existen, y que D’Artacan no es de carne y hueso, sino un dibujo animado. A tus 49 años creo que ya es hora de que lo sepas. También son tuyas todas las joyas y las chaquetas de visón de tu madre, las cuales me quedé en depósito por mi afición al travestismo. Por cierto, si puedes, acércate al Pub Sclavos y diles que Deseo ha muerto. Ya se olerán algo, pues en 25 años no he faltado ningún miércoles a mi show.

    A mi hijo Miguel (el bastardo, para entendernos), le dejo el piso que actualmente comparte con su madre, Raquel.  A Miguel le lego también mi segunda colección, la de eructos conservados en bolsitas. Recuerda que no las puedes abrir, porque si lo haces, el olor se va y ya pierden su valor. Miguel, sé que no he sido un buen padre para ti. En comparación con tus hermanastros, siempre he sido como una figura lejana en tu existencia. Falté a todos tus cumpleaños y tardé doce años en acordarme de tu nombre, pero quiero que sepas que siempre te he llevado en mi corazón, por eso, quiero que te lo quedes. Mi abogado te hará entrega de un bote de cristal con mi corazón conservado en vinagre. Quiero que te lo quedes para que, cuando lo mires, recuerdes que siempre estuviste ahí dentro.

    En cuanto a mi dinero en metálico, las cuentas de ahorro, los Bonos y las Letras del Estado, iros despidiendo de ellos, porque se lo lego todo a Vicente. Os preguntaréis qué hace un vagabundo sentado en la sala donde estáis reunidos, pues está ahí porque él es Vicente. Vicente, quiero que te quedes con todo el dinero y que hagas con él lo que te salga de los santísimos. Llevas 30 años viviendo en la calle, despreciado por la sociedad y, sin embargo, durante ese tiempo has sido siempre el único en dedicarme una sonrisa cada mañana. Y nunca te importó si alguna vez no te daba una moneda por no tener suelto… que aun así siempre me decías buenos días con una sonrisa en tu cara. Por eso, Vicente, te mereces mi dinero.

    Por último, y como condición para que todos mis herederos puedan adquirir mis bienes otorgados, tenéis que alzaros y poneros el disfraz que mi abogado os va a facilitar. Una vez disfrazados, quiero que os pongáis a cacarear por espacio de una hora. Quiero que os mováis como gallinas en un corral y os paséis una hora cacareando sin parar.

    Sin más me despido de ustedes hasta otra ocasión. Tenedme siempre en vuestros recuerdos.

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Monday, September 14, 2009

Oiga, Doctor

    La profesión de médico es, sin duda, la que más responsabilidad conlleva durante todas sus horas de trabajo… después de la de sexador de pollos, claro, pues dar a un pollo varón la condición de fémina puede acarrear incontrolables consecuencias. Desde que llega un paciente a su consulta hasta que es enterrado, el enfermo deja su destino en manos de un médico que a saber si se las ha lavado. Damos por hecho que esa persona que nos recibe en bata es una ilustre persona que durante ocho años se machacó decenas de libros de teoría y que posteriormente aprendió la práctica a base de ver, cortar y callar. Se da por hecho, porque no queda más narices, que ese médico que decora su consulta con docenas de diplomas de convenciones de fin de semana, va a tener el día bueno y nos va a detectar nuestra enfermedad y que, en su caso, va a saber cómo hacernos curar.

    Deberían cambiar el nombre de “pacientes” por el de “pasivos”, ya que durante todo el  proceso los enfermos no podemos hacer nada más que recibir. Recibimos información con palabras ininteligibles, recibimos recetas médicas, recibimos inyecciones, supositorios y, al final de todo, recibimos sepultura. ¿Quién no ha escuchado alguna vez que tal persona tenía un cáncer de recto y previamente su médico le dijo que no, que era de páncreas? “Mire usted, ¿está seguro?” “Sí, por supuesto”. Ante la duda se va a otro médico a pedir una segunda predicción. “Lo siento señor, padece usted cáncer de ovarios”. “¿De ovarios, doctor?” “De ovarios, sí”. “Pero si soy un hombre, doctor, lo único ovalado en mi cuerpo es mi barriga”. Y así hasta que damos con el pronóstico acertado: gases.

    Y una vez que dan el nombre de la enfermedad (momento en el que dicha enfermedad pasa a ser un miembro más de nuestra familia… (“Hola Papá, ¿qué tal la pancreatitis?” “Bien, bien, ahí sigue, jodiendo la marrana…”), una vez que dan el nombre de la enfermedad, estaba diciendo, el siguiente paso es el tratamiento y, en su caso, la intervención quirúrgica. “Señora, tómese Muconicofilisio antes de las comidas, y dos pastillas de Rinisitúlico antes de acostarse, y una cucharita de Ornitorrincosilium tras cada deposición, y si todo eso falla… unas gotas de arsénico, y al carajo”.

    La operación es el momento clave en la relación médico-paciente. El paciente se queda empelotas, lo duermen y, cuando despierta, sólo puede esperar que ese hombre sudoroso que no hacía más que pedir cosas no te haya cambiado de sexo. Se da por hecho que ese hombre tiene buen pulso, que tiene localizado su objetivo, que conoce el modus operandi y que no se sacó la carrera a base de chuletas. Visto lo visto en sonoros y mediáticos casos recientes, antes de operarme yo me compraría un rotulador negro, pintaría un círculo alrededor de mi ojo, a continuación dibujaría una flecha señalando dicho ojo y escribiría sobre mi pecho: “Doctor, opéreme este ojo”. Así al menos dejamos bien claro cuál es el órgano a operar. Porque en la carrera de Medicina se da de todo menos la Teoría de la Distinción Entre Izquierda y Derecha, y luego pasa lo que pasa.

    Considero tan vital una intervención quirúrgica, que creo que el procedimiento debería ser idéntico al de una misión lunar del Apolo XIII. Es decir, que hubiese decenas de cámaras en los quirófanos, que hubiese un equipo médico, pero que la intervención fuese dirigida por un equipo de cien expertos que visionaran la operación en decenas de pantallas en una gran sala. De este modo, si el médico interviniente sufriera una pájara, la situación podría ser controlada entonces por dicho equipo.

-Houston, Houston, tenemos un problema.

-Díganos Dr. Jiménez, le escuchamos atentos.

-El paciente ha tenido una erección. No sé cómo proceder a la extracción del frenillo en estos casos.

-¿No ha anestesiado usted el pene?

-Esto… sí. Pero… sin darme cuenta lo hice una vez que ya estaba erecto.

-Dr. Jiménez, lo primero es que le diga a su enfermera que se tape el canalillo. Lo segundo es que se ponga unas gafas de natación: usted puede operar normalmente, corte a placer, pero corre usted el riesgo de que el paciente eyacule durante el proceso. Repito: corre usted el riesgo de que el paciente eyacule durante el proceso, debido a los tocamientos. Y como su rostro estará a menos de medio metro de su pene, más vale que se proteja usted una vez el semen salga disparado.

    Y una vez finalizada la intervención con éxito, todos los asistentes en la sala gritan y aplauden, y echan suspiros porque gracias a ellos, aquel paciente no quedó impotente de por vida.

    Los médicos, pues, son personas como tú y como yo. Y se equivocan, como cualquier otro trabajador. ¿Quién no comete errores? Un amigo mío contable entregó un cheque de 10.000 euros en vez de uno de 1.000. O mi tía, empleada de hogar, hizo una dorada a la sal para los Vázquez Saldaña, pero con sal del lavavajillas… Son cosas que pasan. Y, por tanto, deberíamos entender que un médico pueda dejarse olvidadas unas tijeras junto al estómago o que nos pongan un par de tetas. Mientras no haya mala fe…

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Tuesday, September 1, 2009

Estudio Sobre La Homosexualidad En El Planeta X3038

   

Spike y McManaman, los intrépidos agentes de la CIA, se encuentran en los asientos traseros de un coche oficial de la famosa agencia estadounidense. El coche circula por una carretera perdida que les dirige al epicentro de un desierto del estado de Colorado. En el asiento del copiloto, el jefe de ambos, Jeff Ofbouth, les habla sobre la misión que tienen entre manos.

-A ver, las instrucciones son muy claras. Los extraterrestres quieren un encuentro con una pareja gay, y no puede haber nadie más a un kilómetro a la redonda. ¿Todo Ok?

-A ver – dice Spike – que yo paso de hacerle carantoñas a McMa, ¿vale?

-Ni yo a Spike – replica McManaman.

-Me importa un sheat en vinagre lo que ustedes dos penséis o queráis hacer. Sois agentes de la CIA y hasta el mismísimo Presidente de los Estados Unidos de América estará pendiente de este encuentro en la tercera fase. ¿Me entendéis? Así que ustedes aparentad ser una pareja gay y seguidle el rollo a los tíos verdes éstos. No olvidéis poneros el pinganillo, y así podréis seguir nuestras instrucciones. Y recordad que tenéis que repetir las contestaciones que el compañero os diga por el pinganillo, ¿Ok?

-Jefe Jeff – dice McManaman - , ¿podría parar el coche? Me estoy meando.

- Pero McManaman, ¿por qué no fuiste al baño antes de salir?

-Si eso hice, jefe, pero llevamos dos horas de viaje, y con el traqueteo… ya sabe. Además, que no quiero sacármela con el extraterrestre delante, no vaya a ser que aproveche y nos pida hacer alguna cosa que yo me sé…

-Jefe – dice alterado Spike - , como el bicho ese se ponga en plan porno yo dimito, ¡dimito! Y me da igual que Obama esté observando la operación.

- Mirad, chavales. Ya hemos llegado. A partir de ahora comportaos como dos profesionales y no como caricatos. Y cuando os venga a recoger, quiero llegar satisfecho, ¿me entendéis? No quiero cagadas, Spike. No quiero llegar con la cara roja de vergüenza ante mis superiores porque ustedes dos la hayáis cagado. De este encuentro tiene que salir algo de provecho, así que ya sabéis: “Id a por él, antes de que yo vaya a por vosotros”.

    El coche se para y se bajan los dos agentes. Están en medio del desierto, y el coche, al alejarse, ha dejado una gran polvareda alrededor de los agentes. Spike y McManaman van vestidos con pantalones de cuero ajustados y camisetas ceñidas. Ambos aprovechan para mear rápidamente.

-Manda huevos – dice McManaman – Parecemos salidos del desfile del orgullo gay.

-¿Pero qué concepto tienen en la CIA de los gays? Mi primo lo es y viste como un administrativo de banca normal y corriente.

-Ya, pero… Ya se sabe. Se trata de que el extraterrestre de los cojones se crea que está ante una pareja gay.

-Pero digo yo – dice Spyke - , ¿es que en todo el departamento no hay ni un solo gay?

-Los habrá, Spike, pero es que nosotros somos sus agentes estrellas.

-Ya, McMa, y yo me lo creo. Lo que pasa es que nos han tomado por pringados, eso es lo que pasa. ¿Pero es que no te fijaste que a todos se les escapaba una sonrisita al vernos esta mañana?

-Con estas pintas, normal.

-¡Fuck! ¡Fucking CIA y fucking la madre que les parió a todos! – grita Spike agitando los brazos.

-Te olvidaste de “¡fucking el extraterrestre de los cojones!”

-También, también tiene la culpa el bicho verde ese. – Spike mira para arriba y dice – Y hablando del rey de Roma…

    De repente una luz rojiza se va acercando desde el cielo al suelo mientras los dos agentes observan el espectáculo. Poco a poco se va apreciando la forma de una nave espacial de pequeñas dimensiones que antes de tocar el suelo hace una maniobra para aparcar entre dos arbustos.

-¿Y esta es la tecnología que tienen esta gente? – comenta McManaman.

    Se abre una compuerta y se despliega una escalera de madera.

-¡Oye McMa, esa escalera es de IKEA! ¡Si se la vi a mi suegra la última vez!

-¡Venga, no me jodas!

-Que sí, tío. Los hay en blanco y en negro.

-Sí, ssssí… No, nnnnno. ¿Se me escucha? – dice el Investigador Smith a través del pinganillo.

-Noooo, el que faltaba – dice Spike decepcionado.

-¿Smith? ¿Será posible? – se pregunta McManaman amargado – ¿De todos los tíos que hay en la CIA tenía que ser Smith el encargado de la comunicación con el pinganillo? ¡Pero si Smith es investigador, no es un agente propiamente dicho!

-Mira, tíos, no quiero jaleos, ¿vale? Os recuerdo que no estamos solos y que el mismísimo Presidente está observando la operación, así que no quiero mamoneos. Lo pasado, pasado está, ¿vale chicos? – dice el Investigador Smith conciliador a través del pinganillo.

    Los dos agentes se miran y se hacen un gesto con la boca de no entender nada. Pero en seguida ocurre algo que les desvía la atención: el extraterrestre asoma la cabeza por la puerta de la nave.

-El bicho este ya está saliendo, Smith. – dice Spike.

-Ya lo sé, Spike, te recuerdo que hay como veinte cámaras instaladas en la zona, os hemos visto mear. – dice Smith ofendido a través del pinganillo. – Tú simplemente síguele la bola y si yo te digo algo, se lo contestas. Tengo como a cien agentes en el equipo, así que no os alteréis, que todo está controlado.

    El extraterrestre baja por las escaleras. Tiene forma humana, solo que tiene una piel peluda verde, y una cara muy poco expresiva. La nave está como a cinco metros de distancia de los agentes.

-Hola, pareja de gays. – se presenta el extraterrestre con voz humana.

-Hola, hola. – responde nervioso Spike - ¿Cómo va eso?

-¿Le vas a preguntar “cómo va eso” a un marciano, Spike? Más seriedad, hombre. – dice Smith a través del pinganillo.

-¿Qué quieres de nosotros, hombre de las galaxias? – pregunta McManaman muy metido en su papel.

-Vengo del Planeta X3038 para hacer un estudio sobre la homosexualidad humana. Se ha dado un primer caso en nuestro planeta, y queremos aprender de los gays humanos, para saber cómo serán los homosexuales equistresmiltreintayocheses.

-Spike, pregúntale qué necesita para hacer ese estudio. – le indica Smith a través del  pinganillo.

-Amigo extraterrestre, ¿qué necesitas para tu estudio? – pregunta Spike.

-Quiero, terrícolas, que os beséis.

-Te lo dije, Spike. – grita McManaman cabreado – ¡Te dije que este tío nos iba a pedir que guarreáramos!

-¡Spike, McMa, hacedle caso! ¡Ipsofacto! – les ordena Smith a través del pinganillo.

- Jooooder…. ¡Sheat! Mira Mcma, por la CIA lo que haga falta, pero ojo… esto no lo cuentes jamás, ¿entendido? – aclara Spike.

    Spike y McManaman se dan un pico prolongado durante unos segundos. Al despegarse, ambos ponen gesto de asco y escupen.

-Joder Spike, lávate los dientes, cojones.

-Interesante, interesante. ¿Y qué más hacéis los gays terrícolas? ¿Os tocáis el culo? – pregunta el extraterrestre con acento de Cuenca.

-¡Smith, este tío se está poniendo pornográfico! ¡Lo sabía! – dice Spike.

-Vamos, terrícolas, no he venido de tan lejos sólo para esto. Haced cosas, necesito verlo para mi estudio.

-A ver, McMa. Acabemos con esto cuanto antes. Nos tocamos el culo, nos damos un achuchón y se acabó. No pienso experimentar el sexo gay a estas alturas de mi vida, y menos porque me lo pida un bicho verde.

-Echadle interés, tíos, que parezca real. – les pide Spike a través del pinganillo -Recordad que…

-… que el puto presidente de los Estados Unidos de América está viendo la retransmisioooooón. Ya lo seeeeeeé. – le corta McManaman asqueado.

-Mcma, ¿Acabas de llamar “puto” al Presidente de tu país a sabiendas de que te está escuchando? ¿Quieres que te ponga con él y se lo dices a la cara? – dice Smith cabreadísimo a través del pinganillo.

-Jooooodeeeer. Venga Spike, hagamos el paripé un poco más y se acabó. Y al carajo mi carrera en la CIA, como si me tengo que pasar el resto de la vida archivando papeles en la oficina.

    Spike y McManaman se abrazan y se tocan el culo. Se mantienen así varios segundos hasta que Spike mira de reojo al extraterrestre y observa que se está aguantando la risa.

-McMa, mira al bicho… ¡se está descojonando por dentro!

-¡Sheat! Es verdad… mírale.

    El extraterrestre no puede aguantar más y empieza a reír soltando una gran carcajada.

-Pero Smith, ¿esto qué cojones es? – pregunta indignado Spike.

    Pero Smith no puede contestar, y echa otra sonora carcajada… a través del pinganillo.

-¿Pero esto qué cachondeo es? ¡Me cago en Smith, en la CIA y en sus balls en vinagre! – grita McManaman.

    Los dos agentes se quedaron boquiabiertos al comprobar que de diversos matorrales salían compañeros suyos descojonados, y que tanto Smith como el extraterrestre no paraban de reír. El coche del jefe Ofbouth se acercó y de él salió el mismo con la cara roja y soltando risotadas por la boca. Pasaban los minutos y todos seguían riendo, menos Spike y McManaman que, cariacontecidos, no sabían qué caras poner al darse cuenta de que eran el hazmerreír de toda la CIA. El extraterrestre no podía más, y se quitó el disfraz. En realidad era el agente Pittsburg, que por poco necesita una mascarilla de oxígeno para recuperarse de la risotada y del calor que le producía el disfraz.

    Cuando todos los agentes se recuperaron del ataque de risa, el jefe Ofbouth les explicó a Spike y McManaman que en realidad aquello fue un experimento para probar la nueva mini nave espacial creada por la NASA, y que Smith hizo un comentario sobre ellos y una cosa llevó a la otra hasta que todos se pusieron de acuerdo para gastarles esa broma. Les felicitó por haberse comportado como unos buenos profesionales, y les comunicó que el Presidente Obama se había partido de risa con ellos, y que había comentado que qué hacían esos dos en la CIA y no en el fucking Saturday Night Live.

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Wednesday, August 19, 2009

Vida Y Obra De San Gelstruncio

  Bueno, la vida sigue y los ganadores podrán disfrutar pronto de sus libros, cds y dvds. Hoy vuelvo ya a mis relatos. Espero que guste el de hoy.

 

      Vida Y Obra De San Gelstruncio

      De todos los santos habidos en la historia, el que mejores sensaciones me da es San Gelstruncio, uno de los santos más desconocidos de nuestra era, si no el que más. Gelstruncio, Gelstru para los amigos, nació hace 546 años. Por lo que nació en el año… (2009 – 546 = 1463)… en el año, digo, 1463. Gelstru nació en el seno de una familia mono parental; de madre desconocida, el bebé fue criado y alimentado por las gallinas de la granja familiar. Su padre trabajaba para el terrateniente de la comarca, con lo cual cada mañana dejaba al niño en el gallinero, y le recogía a eso de las 10 de la noche. Las gallinas le atendieron bien desde el principio, aceptándole como uno más de la manada. Sus primeras palabras de bebé fueron “quiquiriquí”, y no aceptaba más comida que los piensos de las gallinas. Su padre se dio cuenta de que era necesario apartarle del gallinero cuando el niño entró en depresión con cuatro años al comprobar que le era imposible poner huevos. Fue un trauma para él, pero en menos de seis meses ya había dejado de quiriquiquear por las mañanas, y en doce ya no le suponía un problema comer pollo asado cada domingo.

    Dentro de lo que cabe, Gelstruncio tuvo una infancia bastante desgraciada. Fue un niño enfermizo, en sus primeros diez años de vida contrajo un total de 52 enfermedades y patologías, incluida las hemorroides. El padre no tuvo más remedio que casarse con la única mujer soltera de la villa, para que así ella pudiese atender al niño mientras él trabajaba para el terrateniente. Pero aquella mujer murió pronto, ya que el pequeño Gelstru le contagió la rabia al morderle en una pierna. Como ella sufría de sífilis, la unión de las dos enfermedades acabó con ella en menos de 24 horas. El padre de la criatura sólo pudo entonces  pedirle al terrateniente que adoptara al niño, o al menos que le permitiese ser atendido en la casa de las criadas del palacio. Y así fue, Gelstru se mudó y pasó de no tener ninguna madre que le diese cariño a tener veinte madres potenciales. Todas las criadas se encapricharon por el chico, que por entonces tenía ya siete años. Las mujeres rivalizaban por acaparar su cariño, y los domingos tenían que sortearse quién iba a pasar la tarde con el pequeño. Cada una de ellas le leía un cuento cada noche, y el niño acababa con tal cacao mental que optó por ponerse a escondidas unos tapones en los oídos y así evitar escucharlas.

    Pero Gelstru, en su subconsciente, aún era una gallina, y de vez en cuando, al llegar la medianoche, el niño se escapaba de la casa y se iba al gallinero del palacio a interactuar con los de su especie. A pesar de esto, el crío sacaba muy buenas notas en el colegio. Fue el único niño en saber la respuesta a la pregunta de cuántos huevos hay en una docena y media de huevos. A pesar de ser el más listo de la clase, el niño supo adaptarse y se convirtió en el líder de los compañeros. Las nenas suspiraban por él, y los niños le veían como el  jefe de la manada. Gelstru salió rebelde, y protagonizó varios actos sindicales en su colegio, teniendo como mayor mérito la consecución de regaliz gratis para los escolares y un váter nuevo con su correspondiente bidet. El terrateniente, al darse cuenta de que aquel chico era tan inteligente como desestabilizador, decidió entonces alejarle del palacio y mandarle a la capital, para que iniciara sus estudios universitarios.

    Comenzaba así una nueva etapa en su vida. Con 14 años, Gelstru ya iba por tercero de Medicina y segundo de Empresariales. Era un hacha diseccionando a los muertos en las clases prácticas, y un día se dio cuenta de que si mezclaba el concepto “muerte” con “negocio”, le salía una idea a la postre muy rentable. Por eso Gelstru aparece como el padre de los tanatorios modernos, y no tardó en abrir uno, que incluía un casino y un teatro de variedades. Con 16 años Gelstruncio ya era inmensamente rico, hasta el punto de que compró las propiedades del terrateniente y convirtió a su padre en el nuevo terrateniente de la comarca. Pero lo que el joven Gelstru no sabía es que aquella decisión iba a cambiarle la vida para siempre. Su padre era un gran agricultor, pero no tenía ninguna capacidad para gobernar una comarca, así que poco  a poco aquel terreno fue degenerando por enteros. Su padre malgastaba los recursos del palacio, organizaba orgías vespertinas y ordenaba a las criadas a rellenar bañeras con la leche extraída de los pechos de madres vírgenes, pues pensaba que aquello le alargaría la vida. Entonces Gelstru mezcló el concepto de “locura” con “negocio” y creó las clínicas privadas de internamiento psiquiátrico. Ingresó a su padre en una de ellas y decidió tomar las riendas de todos sus negocios y de la comarca.

    Con veinte años, Gelstru era tan poderoso que no sabía qué hacer con tantos recursos, así que decidió delegar toda la dirección de su ente empresarial en una gallina de su confianza y él ingresó en un convento de monjes benedictinos. En menos de un mes sus negocios se fueron a pique, la gallina fue decapitada  y él cambió a los benedictinos por los monjes capuchinos, ya que no soportaba estar todo el día escuchando cánticos gregorianos. Gelstru entró de nuevo en depresión, y decidió hacer voto de castidad: nada de gallinas en al menos seis meses. Y con esta decisión empezó su camino hacia la santidad, pasando por la beatidad, claro.

    Tras estos meses de reflexión y onanismo, Gelstruncio decidió empezar de cero, pero esta vez teniendo como fin principal la recaudación de fondos para crear granjas-escuelas públicas. Gracias a esta iniciativa miles de críos pudieron educarse con dignidad, aprender matemáticas a la par que ordeñaban vacas. Para encontrar la estabilidad emocional que necesitaba, decidió casarse y tener hijos. Les dio una buena educación y el cariño que él nunca recibió de su padre siendo pequeño. Y fue llevando esta vida hasta que a los sesenta años se le fue la olla y decidió volver al gallinero. Durante diez años más hizo vida de gallina, así hasta que falleció víctima de la gripe aviar.

    A mediados del siglo XIX un historiador aburrido descubrió su vida y obras, y fue al Vaticano a reclamar la santidad de Gelstruncio. Y así fue, en menos de tres años, y tras aparecer dos casos de milagros atribuidos a él, el Papa de turno le hizo beato y en seis meses santo.

    Si desea que San Gelstruncio interfiera por usted o los suyos, no tiene más que poner una vela en cualquier gallinero y rezar tres avemarías.

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Thursday, August 13, 2009

Relato 2º Accesit

  Me faltaba por publicar un tercer relato, el merecedor de un segundo Accésit. Se titula CAMPO DE TIRO, y lo firmó Marina Lou. Y Marina Lou es…. MARISOL TORRES GALÁN.

  De su relato me gustó la originalidad para contar una historia a base de anuncios de prensa. Espero que os guste.

  CAMPO DE TIRO

  SECCIÓN NEGOCIOS

NEKMI122– 27 de Septiembre 2005

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Se vende campo de paintball, con licencias, equipamiento, incluyendo dos terrenos que suman 10.000 metros cuadrados, seguro con Allianz, página web. Instalaciones con casa de madera, baño, barbacoa, porche, etc. Negocio en funcionamiento y listo para continuar. Se vende por falta de tiempo para atenderlo, por incompatibilidad con otro negocio.

 

SECCIÓN NEGOCIOS

FER – 12 de Mayo 2006

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A 50 Km. De Madrid, se vende funcionando y en perfectas condiciones, campo de Paintball. Dispongo de Licencias, equipamientos, seguro con Allianz y preciosas instalaciones para comedor, baños, barbacoa, etc.

 

SECCIÓN NEGOCIOS

FER – 22 de Septiembre 2006

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Busco socio que aporte a negocio de Paintball funcionando, equipamiento completo para adaptarlo a campo de tiro recreativo: escopetas, escondites artificiales, perdices, etc. También compro todo el equipamiento si el precio es razonable.

 

OFERTAS TIEMPO LIBRE

Abril  2007

 

Disfruta de un día sin igual. Puedes practicar la caza de perdices, tiro al blanco, tirolina, puente tibetano, y partida de Paintball. Particulares y empresas. Precios especiales para grupos. Abierto de Jueves a Domingo – Contacta con Fer en el 608213677 o en la página web: tiroypaintball.com

 

SECCIÓN NEGOCIOS

FER – 17 de Septiembre 2007

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A 50 km de Madrid, se ofrece campo de tiro recreativo, tiro a perdiz, y opcionalmente campo de Painball. Preciosas instalaciones, incluye dos terrenos que suman 10.000 metros cuadrados, seguro con Allianz, instalaciones con casa de madera, baño, barbacoa, etc. Muy adecuado para organizar fines de semana, reuniones de empresa y eventos deportivos.

 

SECCIÓN CONTACTOS

 

Febrero 2008

Se buscan señoritas entre 18 y 25 años,  agradables, con experiencia deportiva, don de gentes y con ganas de ganar mucho dinero. Trabajo a tiempo parcial, de viernes a domingo. Trabajo al aire libre, con posibilidad de conocer gente y practicar deporte. Contrato fijo tras un fin de semana de prueba. No se trata de prostitución. Contactar con Sra. Hofmann en el 56467432 ó en la página web tiroypaintball.com.

 

SECCIÓN OTRAS POSIBILIDADES

 

Sexodivertido.com

 

Abril 2008

¿Eres un cazador? ¿Sientes la llamada de la selva? ¿Crees que lo has vivido todo?

Si te atreves, ven a nuestro Parque de Caza y disfruta de unas horas de placer dando caza con tiros de Paintball a preciosas señoritas desnudas corriendo libremente por el bosque. Nunca vivirás nada igual.

Ideal para grupos y promociones de empresa. Contáctanos en la página web tiroypaintball.com

  

DIARIO MÉDICO

 

Ofertas de trabajo

Mayo 2008

Para campo de Paintball se busca Médico traumatólogo a jornada completa de jueves a domingo. Preferible especialización en traumatismos leves.  Contactar con Sra. Hofmann en el 56467432

 

SECCIÓN CONTACTOS

 

Hofmann – 22 de Septiembre 2009

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Necesito adquirir con urgencia finca arbolada, desde 5.000m2, distancia máxima de Madrid 120 Km. Pago bien. Contactar con Sra. Hofmann en el 56467432

 

SECCIÓN CONTACTOS

 

Hofmann – 22 de Septiembre 2009

Anuncio visto 1.654

 

Barcelona, en un radio máximo de 75Km. Necesito adquirir con urgencia finca arbolada, desde 5.000m2.

Pago bien Contactar con Sra. Hofmann en el 56467432

 

 

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Monday, August 10, 2009

Relato Accésit

  Hola a todos,

  Hoy publico el relato ganador de un Accésit. Se titula CÓMO LE LLAMAMOS A ESO, y es un monólogo enviado por Fran Marcelo. Y Fran Marcelo es….. Enrique Angulo Moya.

   

CÓMO LE LLAMAMOS A ESO                   (MONÓLOGO PARA REPRESENTAR ANTE UN PÚBLICO)

Hola, buenas noches, en cuestiones de humor el tema por excelencia es la
política, así que voy a hablarles de sexo.
Hubo una época en la que estuve muy interesado por la anatomía de los
órganos reproductores de los seres humanos, tenía yo por aquel entonces un
perro y una perra, y les puse de nombre Prepucio y Clítoris. Y cuando les
decía: ¡Prepucio, Clítoris, no hagáis caquitas en el jardín! La gente se me
quedaba mirando como a un bicho raro. Seguro que era por decir lo de
caquitas.
Pero es que esto de la anatomía tiene su miga. Si empezamos por las mujeres
con sus trompas de Falopio, que las debió descubrir un  científico griego
que se pillaba unas moñas de aúpa. Seguimos con la vagina, esa enana que
trae a los hombres de cabeza, y nunca mejor dicho. Y acabamos con los
ovarios, que yo siempre me he preguntado: ¿Es uno o varios? Pues hay tema.
En cuanto a los hombres, tenemos el glande, para que digan luego que el
tamaño no importa. Los testículos, ¿testículos de qué, de Jehová, o de algún
juicio del trinque inmobiliario? Y luego el escroto que es un nombre que
suena como muy enigmático. Un día un médico se puso a tocarme en salva sea
la parte, y le pregunté: ¿Pero usted qué hace? Y él muy serio me contestó:
Le escruto el escroto.
Así que, resumiendo, podría decirse que los hombres tenemos minga, y las
mujeres tienen domingas.
Pero lo que me sorprende mucho es las palabras y frases que utilizamos para
designar el acto sexual, que las hay de todo tipo, desde groseras y
malsonantes hasta cultas y raras.

Por ejemplo, coito, que parece una palabra japonesa, y me imagino al
emperador del Japón entrando en el dormitorio conyugal y diciéndole a su
mujer: Aki Hito para el coito.
O fíjense, en ayuntamiento, que aparte de ser donde están los que nos fríen
a impuestos para tener la mitad de las calles de nuestra ciudad levantadas,
significa también eso. O sea, que si una pareja decide dedicarse a la
política, yo pienso que debería empezar por el ayuntamiento.
¿Y qué me dicen de cópula, o de coyunda? Vamos, que le pregunta uno a su
media naranja: Cariño, ¿hoy qué nos toca cópula o coyunda? Y ella te puede
contestar, hoy te toca lavar los platos, poner la lavadora, y llevar a los
niños al parque, pedazo de machista.
Pero a mí hay una que me llama mucho la atención, y es concúbito. No con
cubito que eso son los whiskys. Le dices a una torda, oye ¿nos hacemos un
concúbito? Y ella: ¿Con el cúbito o con el radio? Y tú: Bueno, si quieres
con música pues tendrá que ser con radio.
Y qué me dicen  de fornicio, que esto es como un nombre de estos raros que
tiene mayormente la gente de pueblo. Es como si te viene el Nicasio, y te
dice, mis hermanos se llaman: Eustaquio, Ciriaco y Fornicio.
Luego está fornicación, que suena así como muy gordo, y los curas  no hacían
más que decirte que no fornicaras, que no sé por qué se preocupaban tanto,
pues, normalmente, no nos comíamos ni el agujero del Donuts. Solían decirnos
también que no hiciésemos cochinadas, que esto no sé si tenía algo que ver
con lo de joder la marrana.
Antaño, nuestros abuelos, lo llamaban hacer uso del matrimonio. Que es que
se las trae. Imagínate que te dice tu padre: Julianín, hijo, un día, tu
madre y yo hicimos uso del matrimonio y a los nueve meses naciste tú. Pues
te crea un trauma para toda la vida.
Y está esa tan dulzona de hacer el amor, que es cuando uno está tierno, y
todo es de color de rosa, y le dice a su pareja: Amor, ¿hacemos el amor. Sí
amor, con mucho amor. Te contesta ella. Y todo se llena de amor, hasta que
ella descubre que cuando orinas dejas perdida de pis la tapa del inodoro, y
entonces ya no eres su amor sino un guarro.
Últimamente se dice mucho eso de echar un kiki, pero vamos a suponer que te
llamas Quique, y tu tronca, cariñosamente, te pregunta: Quiquín, ¿echamos un
kikito? Lo cual queda tan ridículo y cursi, que hasta puedes perder la
erección.
A mí una de las que me llamaba mucho la atención era la de cumplir. Estabas
jugando al mus en el bar, y el Honorio, de repente, se levantaba, y decía:
Me voy a casa a ver si cumplo con la parienta. Y lo veías irse como si fuese
un legionario camino de una misión peligrosa.
También le he oído alguno decir voy a echar un remache, que me lo imagino en
la cama con la remachadora y a su sufrida esposa, novia o ligue,
preguntándole: ¿Pero viene ese remache o qué?
Y un clásico es la de echar un polvo. Vamos, que algunos echan un polvo
aunque estén hechos polvo. Yo me pasé una temporada manchándolo todo de
talco, y me decía: ¡Hay que ver es que echo polvos a diestro y siniestro!
O irse a la cama. Que le dices tu mujer: ¿Cariño, nos vamos a la cama? Y
ella te contesta: Pero si aún no tengo sueño,  si son sólo las seis de la tarde.
Y entonces tú te bajas al bar a tomarte unas copas y quitarte el cabreo,
mientras te dices: esta tía es que no se entera de nada.
Muchos bruticos, suelen decir eso de me la pasé por la piedra. Y ya me
imagino al bestiajo en cuestión con una piedra enorme a cuestas por las
calles en busca de la chorva con la intención de pasarla por encima.
Luego está quilar, que debe de ser cuando las pasas de a kilo para hacerlo,
o sea que es mojar pero en estreñido.
Y a propósito de mojar. Yo antaño iba a las discotecas con una botella llena
de agua, y no veas lo que mojaba, lo ponía todo perdido, y luego les decía a
los colegas: Hoy he mojado cantidad.
Pero las más gruesas son las de chingar, follar y joder, que como saben
ustedes tienen doble sentido, y a casi todos nos joden, follan o chingan más
de lo que jodemos, follamos o chingamos.
Estas se quedan más bien para los jefes, los de la erótica del poder,  esos
que en cuanto les reclamas algo siempre amenazan con joderte. Les dices:
“Este mes no me has pagado la prima”. Y ellos te contestan: “Confórmate con
tener trabajo en tiempos de crisis, y no me jodas”. Y tú piensas: “Pero sí el
que me jodes constantemente eres tú, mamonazo, que me has hecho coger las
vacaciones en febrero, que me haces meter horas extraordinarias a porrillo y
luego no me las pagas, y no me has subido el sueldo desde que la moneda
española era el maravedí”.
En fin, como ven, esto del sexo tiene mucha tela que cortar. Pero el próximo
día les hablaré de política.

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Sunday, August 9, 2009

El Relato Ganador

   Bueno, ya volví de las vacaciones. Así que ya puedo colgar el relato ganador del Primer Concurso de Relato Humorístico “Ocurrencias Varias”.

  Se titula THAT SILLY LOVE STORY KILLED THE ALIEN, y lo firmó Wertey Sediera. Y Wertey Sediera es….  GENÍS ROBLES BLANCO.

  Bueno, os dejo su relato, esperando que os guste:

 

 THAT SILLY LOVE STORY KILLED THE ALIEN

Los marcianos no existen. Oh, por supuesto que existieron, pero en la actualidad están extinguidos. De igual forma que los selenitas gigantescos descritos por freaks de todas las épocas han resultado ser, y es una lástima, sólo el producto de un puñado de mentes reblandecidas por un exceso de queso en la dieta. Marte ha fallado a todos aquellos que depositaron sus esperanzas de vida extraterrestre en el vecino planeta rojo.

No hay marcianos. La Tierra es el único planeta del sistema solar capaz de albergar vida. Qué decepción. Y qué frío, de repente.

No obstante…

Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…

Gracias por los aplausos, gracias, pero no hacían falta. Continuemos.

Los capuletianos llevaban cientos de años experimentando con energías rinovables[1] que les permitieran salir de su galaxia y explorar la inmensidad del espacio exterior. Al mismo tiempo, los montescuences andaban muy preocupados porque, tras pasar un millar de años vagando por el espacio tras escapar por un pelo de la destrucción de su planeta natal, se les empezaba a acabar el combustible rinovable[2]. También se les había acabado la leche condensada, pero en una ajustadísima votación habían decidido priorizar el tema del combustible.

En el sistema solar de los capuletianos gravitaba un diminuto planeta (algo más grande que aquél famoso de los baobabs, pero decididamente mucho más pequeño que la Tierra; más o menos como la Luna, aunque morado) que, por una de esas casualidades tan útiles para los narradores y nadie más, era la única fuente en años luz a la redonda del combustible rinovable que los montescuences necesitaban para proseguir su viaje a través de las estrellas.

Los científicos montescuences se referían a este precioso combustible de forma excesivamente científica para cualquiera que no haya pasado los últimos tres siglos de su (obviamente insulsa) existencia estudiando la composición nuclear de ciertas sustancias químicas. Por lo tanto, nosotros simplemente lo llamaremos rinocarburo.

Bueno. Pues resulta que por el tiempo en que los desesperados montescuences localizaban este planeta imprescindible , al cual a partir de ahora llamaremos Evof, un genio capuletiense descubría las extraordinarias propiedades de los rinocarburos; por fin su raza sería capaz de practicar el turismo espacial.

Ah, las coincidencias, qué decir de ellas.

Montescuences y capuletianos llegaron a Evof al mimo tiempo. Los primeros en darse cuenta de la presencia de los otros fueron los montescuences;

-Eh, Pepytrox, mira allí. Es una jodida nave, ¿no?

-No digas estupideces, Chew. Es sólo un… una cosa grande y brillante que… sobrevuela la zona una y otra vez… y se posa suavemente sobre aquél risco pedregoso… ¿ves como no es…? Oh, bueno, que de un lateral surja una rampa por la que bajan un puñado de figuritas no significa nada. No sabemos nada de nada de la fauna de por aquí, podría ser un albatros gigante con extrañas costumbres. Quizá esa rampa forme parte de su ritual de apareamiento.

A pesar del escepticismo a ultranza del vigía Pepytrox, los montescuences fueron definitivamente los primeros en detectar a sus rivales por el rinocarburo. De todas formas eso no importó mucho, habida cuenta que los capuletianos no tardaron mucho más en descubrir a su vez a los montescuences.

Se observaron con suspicacia unos cuantos días. Luego los sabios más sabios de cada bando expusieron sus conclusiones a sus respectivos líderes.

Coincidieron:

-Parece tratarse de una raza inteligente. Por supuesto no se les puede considerar capuletianos/montescuences- cada sabio dijo lo suyo, naturalmente –pero no debemos ignorar que parecen poseer algún tipo de primitiva tecnología espacial. Incluso es probable que se hallen en Evof con el mismo objetivo que nosotros: el rinocarburo.

Capuletianos y montescuences eran y son dos razas en nada semejantes. Los primeros miden de media medio metro y se presentan en una amplísima variedad cromática, desde el verde pistacho más chillón hasta un morado tan oscuro que podría confundirse con el negro de no haber una buena iluminación. De todas formas, lo que más nos sorprendería a nosotros los humanos en caso de encontrarnos a uno de ellos en el supermercado del barrio a primera hora de la mañana (un lunes que no hayamos ido al trabajo fingiendo haber pillado la gripe del pato de la que todo el mundo habla, aunque lo cierto es que es la resaca del sábado que todavía nos dura), sería sin duda que los capuletianos son una forma de vida esencialmente formada de tentáculos. Más o menos, es como si cogiéramos los tentáculos de una docena de pulpos y se los grapáramos todos a una pelota de tenis.

El cómo unos bichos de este calibre han podido dar el salto espacial sería sorprendente si no recordáramos a tiempo que, de hecho, los humanos somos a grandes rasgos ratas con corbata.

Los montescuences suelen medir entre 3 y 4 metros de alto, 6 si se yerguen sobre sus patas traseras (cosa que nunca harán a no ser que intenten parodiar a los humanos; cosa que tampoco acostumbran a hacer, porque prefieren devorarnos a reírse de nosotros). Son peludos hasta decir basta y lo único más largo y duro que sus colmillos es su… cuerno de oro macizo, ¿qué creíais?

En Evof fue por tanto donde dio comienzo la legendaria enemistad entre capuletianos y montescuences. Al principio se enfrentaron a fuego, acero y sangre –llámalo también líquido verde burbujeante, en el caso de los capuletianos- por el control del planeta. Luego con el paso del tiempo y como suele ocurrir en este tipo de disputas vecinales, ambos bandos se dieron cuenta de que era mucho más entretenido odiar desde la distancia y legar ese odio a los hijos, junto a la hipoteca de la astronave y la colcha de la abuela. Era más entretenido y sobretodo menos peligroso hablar de hacer la guerra a los infames “inserte enemigo aquí” que echarse el rifle láser al hombro (o tentáculo) y hacerla de verdad.

Capuletianos y montescuences alcanzaron un acuerdo tácito de no agresión en la explotación del rinocarburo de Evof. Porque está muy bien, fenomenal, matarse los unos a los otros en los ratos libres, pero ay del que putee lo más mínimo a las grandes empresas energéticas. Porque la pasta es la pasta. Ése y no otro es el verdadero significado de la civilización en cualquier rincón, por recóndito que sea, del universo infinito.

Así fueron las cosas:

-La primera generación se encontró, y se cayeron mal.

-La segunda generación se odió y se tiró de los pelos, se intentaron sacar los ojos.

-La tercera generación soñó con la muerte del enemigo mientras se revolcaban en rinodólares.

La cuarta generación disfrutó ignorándose mutuamente en las fiestas, a las que de todas formas acudían porque ya sabes, “va a estar todo el mundo”. De acuerdo, también iban a estar los capuletianos/montescuences, “pero déjame a mí, tengo preparado un sarcasmo que les va a hacer desear no haber salido de casa esta noche”.

-La quinta generación…

…que es la número cinco… inco inco inco… ¡viva el humor inteligente!

La hija del Presidente de la República Capuletiana era guapa, bella, hermosa, muy guapa. El hijo del Rey de los Montescuences era guapo, bello, hermoso, muy guapo. Los dos eran jóvenes. Sus familias eran enemigas a muerte, cualquier acercamiento estaba prohibido… y hay que ver lo excitante que es lo prohibido.

¿Hace falta un croquis?

Sin contar con que los dos jóvenes eran un pelín pervertidillos: no es habitual que a un gigante peludo le pongan los tentáculos, ni que a un ser que pasaría desapercibido en el menú de una marisquería le vayan los cuernos, por muy relucientes que estos sean.

Pero el amor es ciego o al menos padece cierto astigmatismo y además tiene un sentido del humor de lo más retorcido. Es por eso que los dos jóvenes se encontraron una noche en una fiesta y…

Mmm, espera. Esto se está volviendo previsible, ¿verdad? Seamos sinceros, ¿qué interés tiene a estas alturas la enésima parodia de Romeo y Julieta[3]? Ya sabemos cómo va la cosa, lo hemos visto en demasiadas películas, libros, cómics, cuadros y anuncios de televisión. Ya no capta la atención de la gente.

Por tanto, hablemos de lo que verdaderamente interesa: ¡gemología!

O mejor no, que se hace tarde. Hacemos una cosa: un día de estos quedamos y nos tomamos unas birritas y unos ganchitos de esos naranjas que te dejan las manos echas una porquería, así hablamos largo y tendido del apasionante mundo de la gemología.

Pues ale.

 




[1] Buenas de narices.

[2] Una paradoja que a más de uno le olerá mal. Vale, vale, ya paro.

[3] Incluso aunque ésta pueda tener un subtítulo realmente molón como “Beyond the Space”, ¡imagínate el remake de Hollywood con sus efectos especiales y sus estrellas y sus guionistas lobotomizados!

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Tuesday, August 4, 2009

Los Relatos… cuando llegue del viaje.

 Hola, al final he pensado que lo mejor es publicar los relatos cuando llegue de mi viaje, porque esto es un poco ca’otico, y en mi ordenata est’an los relatos bien estructurados.

  Entonces, nos vemos por aqu’i a partir del lunes 10 de agosto.

  Saludos!!

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