Monday | May 26, 2008

El Retorno Del Loro Pródigo


  Hace unos días apareció en la prensa la siguiente noticia: "Un loro extraviado vuelve a casa tras explicar dónde vivía". A continuación, reproducimos aquí la secuencia de los hechos.

        Los diálogos han sido traducidos del dialecto japonés satsuma-ben al castellano por razones de integilibilidad.

  Keitaro y Sumiko, dos prejubilados japoneses, realizan sus labores cotidianas una mañana de domingo. Keitaro, un representante de sardinas, riega las flores de la terraza mientras que Sumiko, una ex luchadora de sumo, ojea las revistas dominicales. Mientras tanto, aparece en escena un loro gris africano, el cual se posa sobre la barandilla de la terraza.

Loro: Loooooro, lorito, loooooro............ Looooooro, lorito, loro.

Keitaro: Ahí va, ¡un loro!

Sumiko: ¿Un loro, un loro? Tú lo que tienes es unas ganas loquitas de que te....

Keitaro: Que no, Sumiko, que hay un loro en la terraza. Levántate y ven a verlo si no me crees.

Sumiko: Está bien, pero como sea una de tus bromas de prejubilado..... ¡Andá! Si tenías razón.... ¿Cómo habrá llegado hasta aquí?

Loro: Un puto mosquito amargo. Me tuvo que tocar a mí, y claro, mi dueño no estaba y salí a buscar agua.

Keitaro: ¿Has escuchado eso, Sumiko? ¡El loro habla!

Loro: ¿Qué pensábais, que sólo éramos capaces de repetir palabras como muñecas de niñas? Una vez que aprendes el vocabulario básico, lo demás está tirao.

Sumiko: Keitaro, ¡saca la escopeta! ¡Sácala!

Loro: Momeeeeento, un momeeeento. A ver, señora, que yo sólo quiero volver a casa. Yo les digo mi dirección, ustedes me llevan y mi dueño, Yoshio, les dará una recompensa. Eso es todo.

Keitaro: Joputa el loro, no sabe nada....

Sumiko: ¿Y ahora qué hacemos, Keitaro? Este loro debe valer un dineral.

Loro: No tanto, señora. Unos 800 euros, IVA incluído. Lo que al cambio sale por unos.... 130.432 yenes.

Sumiko: Ya, pero eso un loro normal, pero tú puedes recitar a Shakespeare si quisieras.

Loro: Ya, eso sí.

Keitaro: Venga Sumiko, déjate de jaleos, que yo no quiero problemas ahora. Devolvemos el loro a su dueño y si nos da una recompensa pues bienvenida sea.

Sumiko: Pero Keitaro, éste puede ser el loro de los huevos de oro.

Loro: ¡Jaja! De oro no sé, pero los tengo bien gordos.

Sumiko: ¡Calla, loro!

Keitaro: Que no Sumiko, que este loro sabe mucho y después lo larga todo. Lo devolvemos y se acabó la discusión.

Sumiko: Bueno loro, has tenido suerte. Me casé con un hombre legal. Keitaro, me pego una ducha y nos vamos.

  Sumiko va a ducharse; mientras, Keitaro enciende un cigarro y se acerca al loro con complicidad masculina. Le ofrece un cigarro que el alado rechaza.

Loro: Dime Keitaro, ¿eres feliz?

Keitaro: Menuda pregunta, loro. ¿Tu dueño es psicólogo?

Loro: Sí, es un doctor del coco. Le va bien, y eso que es un hortera de cuidao. Pero no has respondido a mi pregunta.

Keitaro: Si te soy sincero.... no, no lo soy.

Loro: El cunnilingus lo es todo, amigo. Introdúcelo en tu vida, y serás un hombre nuevo.

Keitaro: No todo en la vida es el sexo, loro. A mi edad, son otras cosas las que necesito.

Loro: Entre tú y yo, yo veo a tu mujer muy marimandona.

Keitaro: Pura apariencia, luego es un sol de persona. Pero, se deja llevar por su carácter, y claro.

Loro: ¿A qué te dedicas?

Keitaro: Prejubilado. Las sardinas eran mi vida, pero todo llega en la vida. Te ven como un viejo y prescinden de ti.

Loro: Pero siempre te quedarán los viajes del Inserso.

Keitaro: Ya, pero.... Mi vacío no lo rellena un viaje a Oropesa del Mar.

Loro: ¿Quieres que hable con Yoshiro? Es buen loquero, te lo digo yo.

Keitaro: Vale loro, pero un favor. Todo esto del vacío que te he contado, ni palabra a mi mujer, ¿vale?

Loro: Sin problema Keitaro, tendré mi pico bien cerrado.

Keitaro: Cuidado, que ya viene. Toma el cigarro, que a mí no me deja fumar.

  Sumiko aparece con aspecto fresco tras la ducha y con ganas de aventuras. El loro, con el cigarrillo entre su pico, mira a la señora con descaro.

Sumiko: Bueno venga, vamos. Acabemos con esto cuanto antes. ¿Vamos en el coche o cogemos un taxi?

Keitaro: Mejor en taxi, cariño, que ya sabes que odio conducir en hora punta.

  El loro se incorpora en el hombro de Keitaro y salen todos de la casa. Al llegar a la calle, no tardan en hacer parar un taxi y se montan en él.

Taxista: Muy buenas, señores. ¿A dónde vamos?

Keitaro: Tú dirás, loro.

Loro: Sí, al número 77 de la calle Bizcocheros.

Taxista: ¿Frente a la confitería?

Loro: Exacto.

  El taxista mira de reojo por el retrovisor y grita.

Taxista: ¡Coño, un loro! Ya me extrañaba la voz de pájaro.

Sumiko: Se ha perdido y ha aterrizado en nuestra terraza. Se lo vamos a devolver al dueño.

Taxista: ¿Están seguros? Ese loro debe valer una fortuna.

Keitaro: Unos 130.432 yenes, IVA incluído. Según el pájaro, claro.

Taxista: Les ha mentido. Uno de estos con tanta verborrea tiene que valer al menos diez veces más.

Sumiko: ¿Tanto?

Loro: ¿Pero qué dicen? ¿Están locos?

Taxista: Señora, yo conozco a uno que presenta loros a concursos, y le aseguro que por esta presa nos paga esa cantidad. Les propongo ir a medias.

Keitaro: ¿Pero qué dice? Mire señor, no queremos problemas. Devolvemos el loro y punto en boca.

Sumiko: ¡Keitaro! Escucha a este señor, hombre. Que estamos hablando de lo que te dan en un año de pensión.

Taxista: Señor, no se lo piense. Es un negocio redondo. Y si le aprieto las tuercas, ese tipo nos paga el millón y medio de yenes como que me llamo Hisaharu.

Loro: A ver señor, pare el coche. ¡Pare el coche le digo!

  El taxista le hace caso y para el coche.

Loro: Vamos a ver, listillo. No sólo tengo verborrea sino que además tengo un coeficiente intelectual de 152.

Sumiko: ¡Andá, como Sharon Stone!

Loro: Exacto. Y el caso es que ya he memorizado su número de licencia, su nombre, su apellido y hasta le podría hacer un retrato robot de usted si quisiera. ¿Lo va entendiendo?

Taxista: Carajo con el loro. No sabe ná.

Sumiko: Dígamelo a mí; llevo dos horas con él y ya quiero estrangularlo.

Loro: Así que déjense de tonterías. Llévenme de una puta vez al 77 de la calle Bizcocheros y aquí paz y después gloria.

Keitaro: Mire señor, hágale caso. Llévenos a esa dirección y acabemos de una vez.

  El taxista arrancó el coche y mantuvieron todos un incómodo silencio durante todo el trayecto.

Taxista: Ya hemos llegado. Aquí es.

Keitaro: Bueno loro, un placer. Y no te pierdas más que ya ves el jaleo que es devolverte a casa.

Loro: Keitaro, macho. Ya sabes, para cualquier cosa, aquí me tienes. Eres un tío legal. Te aprecio, tío.

Sumiko: Sí, sí. Todo muy bonito pero, ¿aquí quién paga todo esto, taxi incluido?

Loro: Deme su número de cuenta y Yoshiro se lo ingresa mañana a más tardar.

Sumiko: ¿Tienes dónde apuntar?

Loro: Señora, sé hablar, pero como que lo tengo muy complicao para poder escribir y llevar un boli encima. Dígamelo y me lo aprendo de memoria.

Sumiko: Está bien, pero no vayas a equivocarte. Es éste: 0045

Loro: 0045

Sumiko: Dígito Control 45

Loro: 45

Sumiko: Y la cuenta es 0000459854. Repítelo.

Loro: 0000459854. Es un Cajaduero, ¿no?

Keitaro: Sí, nos pilla una sucursal justo abajo y es muy aviado.

Loro: Pues venga, lo dicho. Gracias por todo. Nos vemos, Keitaro.

Keitaro: Por cierto, no sé tu nombre.

Loro: Ah, sí. Nakamura Yosuke-Kun. Pues eso, ciaoooo.

Todos: Adioooooós.

Keitaro: Un loro de puta madre, coño.
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Tuesday | May 13, 2008

Test De Madurez Emocional Pre Tetas Grandes


  La Junta de Andalucía está elaborando un decreto para proteger a los menores que desean hacerse una operación de cirugía estética. Para ello, un psicólogo independiente deberá determinar previamente la madurez emocional del menor, de forma que si no lo supera, no podrá realizarse la intervención. Presenciamos a continuación una de las primeras sesiones realizadas.


Psicólogo: Buenas tardes, señorita Muñiz, en adelante "Susana".

Adolescente: Buenas tardes, doctor.

P: Bueno, ya sabes que a continuación procederemos a la realización de un test para evaluar tu grado de madurez emocional, de forma que si no llegas al nivel adecuado, no podrás aumentarte el pecho a través de una intervención quirúrgica, al menos hasta que alcances la mayoría de edad.

A: Ehhh... sí, sí.

P: Bueno, Susana. ¿Qué es para ti una teta?

A: ¿Una teta? Pues... hombre, usted sabe.... pues.... no sé.... unas ubres. Vamos, lo que tenemos las mujeres aquí en el pecho, ¿no? Es que no sé cómo explicarme.

P: Bueno, de momento me vale con que ubiques dónde se encuentra. Dime Susana.... ¿Tú crees en Dios?

A: ¿Desde un  punto de vista conceptual?

P: ¿Entiendes lo que acabas de decir?

AEhhhh, no. Pero quedaba bien, ¿verdad?

P: Sí, claro. Pero.... Susana, tú responde tal y como tú eres.... No trates de hablar como otra persona. Piensa que soy un profesional, y captaré tu nivel de madurez aunque pretendas aumentarlo. Dicho esto.... ¿Crees en Dios?

A: Sí creo. Bueno, creo en algo. Yo pienso que hay algo ahí arriba, un ente o.... algo así, que nos controla y.... bueno, pues sí, creo.

P: Si crees en Dios, ¿por qué no le rezas para que aumenten tus pechos?

A: Hombre, pues.... porque a Dios no se le pide esas cosas. Dios está para las enfermedades, las inundaciones, las sequías y todo eso.

P: Buena respuesta, Susana. Ahora dime: ¿por qué quieres tener las tetas grandes?

A: Para sentirme mejor conmigo misma.

P: ¿Qué tienen de malo unos pechos pequeños?

A: Pues.... como tener algo de malo, no tiene nada de malo, pero.... comprenda que hoy en día la imagen es muy importante, y yo quiero ser veterinaria y claro.

P: ¿Me permites un momento?

A: Sí, claro.

  El psicólogo se levanta, se da la vuelta y echa una carcajada de escándalo que deja contrariada a la chica. Acto seguido se vuelve con el rictus serio y vuelve a sentarse.

P: Perdona, es un truco teatral que usan los actores de vez en cuando. Sigamos con el test. Dime, además de un mayor volumen pectoral, ¿qué otras carencias tienes en tu vida? ¿Qué otras necesidades tienes?

A: Esto.... ¿Este test lo van a leer mis padres?

P: No, para nada, Susana. Es completamente confidencial.

A: Ah, vale. Pues, necesito más sexo. Mi novio es futbolista, casi profesional, y claro, se preocupa siempre por rendir en el campo, porque casi nunca es titular, y claro.

P: Entonces, tu novio no tiene nada que ver en la decision de querer aumentarte los pechos, ¿verdad?

A: Exacto, él no me lo ha pedido ni nada.

P: Defíneme con una palabra a las siguientes personas que te voy a nombrar, ¿vale? Sólo una palabra, la primera que te venga a la mente. A ver....  Tu madre.

A: Croquetas.

P: Tu padre.

A: Corbata.

P: Tu novio.

A: Pelotas.

P: Samantha Fox.

A: No sé quién es.

P: Ah, es verdad, que eres muy joven. Rodríguez Zapatero.

A: Cejas.

P: Benedicto XVI.

A: Supositorio.

P: ¿Ein? Estoooo....bueno, pasemos a otra fase del test. Te hago unas preguntas concretas y debes responder con "Verdadero" y "Falso", ¿vale?

A: Cuando quiera.

P: ¿Te parezco un gilipollas?

A: De pe a pa.

P: ¡Susana, cíñete a la respuesta convenida!

A: Perdone.... Sí, verdadero.

P: ¿Adoras a Satán?

A: Falso.

P: ¿Te depilas los sobacos?

A: Verdadero.

P: ¿Odias a tu padre?

A: Falso.

P: ¿Seguro?

A: Verdadero.

P: ¿Te comes los mocos?

A: Ehhhh, falso.

P: Bueno Susana, ya queda menos. ¡El tamaño de tus tetas está en mis manos! Jajajajajaj.... Yo me parto, vamos. A ver, Susana, levántate.

A: Como quiera.

P: Grita conmigo: ¡Viva España!

  Susana está perpleja y no sabe qué hacer.

P: Vamos, grita conmigo: ¡Viva España!

A: ¡Viva España!

P: ¡Viva el Rey!

A: ¡Viva el Rey!

P: Allons enfants de la Patriiiiiiiiieee, le jour de gloire est arriveeeeeeeé! ¡Vamos, Susana! ¿No te sabes la Marsellesa? ¿No has visto Casablanca? ¡Canta conmigo!

  Susana se asusta y echa a llorar.

P: Vamos, vamos....Venga, no pasa nada, guapa. 

A: (Entre sollozos) ¡Que yo sólo quiero tener tetas grandes!

P: Vaaale, venga, tendrás tus tetas, no te preocupes. Mira, ¿ves este sello? Ea, lo empapo de tinta y mira lo que pasa. ¿Ves? Mira lo que pone: "Paciente emocionalmente madura"

  Susana se suena los mocos. Mira al psicólogo con una ligera sonrisa y se levanta.

A: Muchas gracias, doctor.

P: De nada, guapa. ¡Que las disfrutes!  

 
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Tuesday | March 25, 2008

Proceso De Reflexión Profunda


  Tras las pasadas elecciones generales, un líder de uno de los partidos perdedores comunicó a los medios informativos: "abriremos un proceso de reflexión profunda". Dicho esto, puso cara de mártir, cerró su carpeta, y se fue a su casa dando un largo paseo, no sin antes pasar por la charcutería, para hacerse con uno de sus mayores placeres existenciales: la mortadela con aceitunas.

  Una vez en casa, se quitó el traje y la corbata y se acomodó con su chándal de estar por casa, el cual estaba tan sucio y apelmazado que por sí sólo podía estar por casa y hasta acomodarse él solito. El dirigente político en cuestión se medio tiró sobre el sofá y puso el dvd de la Abeja Maya que regaló a su hija por su quinto cumpleaños. En la intimidad, cuando nadie le escucha, el político (llamémosle a partir de ahora Rosendo) se distrae imitando la voz de la abeja Willy. Si organizaran un concurso de imitadores de la abeja Willy lo ganaría con un 100% de probabilidades. A menudo, cuando está en medio de una conferencia de prensa con más de cincuenta medios acreditados, tiene la tentación de seguir su comparecencia poniendo la voz de Willy, pero sabe que eso supondría el fin de su carrera política.

  Al cabo de una hora, llegó su hija del colegio y le preparó un bocadillo de mortadela con aceitunas. En realidad sabe que su hija lo detesta, pero así tiene la excusa de ponerse él otro bocadillo. Lo que no sabe Rosendo es que su hija (a partir de ahora Carmelita), saca del bocadillo la mortadela y esconde las rodajas entre las páginas de los libros grandes de museos que nunca lee nadie. El grado de putrefacción es supino, pero Rosendo atribuye la peste al mal olor de las cañerías del baño.

  Rosendo estaba dando de comer a sus periquitos cuando llegó Mariola, su mujer. Ella sabe que su marido apenas ayuda en casa, así que lo que hace es preparar meriendas-cenas, y así dispone de la noche para escribir sus libros de autoayuda personalizados. Se trata de libros de no más de cien páginas que escribe para subir el ánimo de las personas que lo solicitan previo pago de 1050 euros. De esa cantidad, ingresa 1000 en el banco, y los 50 los va introduciendo en un bote de Cola Cao a modo de hucha con la idea de ir ahorrando para su primera luposucción. El libro está lleno de topicazos, frases hechas y peloteos varios. "Venga, campeón, que tú puedes", y cosas así. El contenido es prácticamente igual para todo el mundo, lo único es que deja hueco ciertos espacios para ir escribiendo el nombre del cliente. "No te dejes llevar por experiencias traumáticas, _ _ _ _ _ _ _". De esta forma, ahorra mucho tiempo y aún saca tiempo para leer poesía, reciclar la basura y recoger las caquitas de los perros de sus vecinos. 

  Serían las 9 de la noche cuando Mariola vio a su marido en el Telediario afirmando aquello de "abriremos un proceso de reflexión profunda". Miró a su marido, el cual hacía sus ejercicios de vocalización, y le recriminó que andara haciendo esos ejercicios en vez de iniciar su proceso de reflexión profunda. Rosendo se levantó resignado y se dirigió al báter. Allí se sentó y depositó  sus interioridades en modélicas formas. Mirándose al espejo, puso cara de exiliado político e intentó iniciar su proceso, pero se vio incapaz.... En menos de cinco segundos ya estaba imitando la voz de la abeja Willy. Dejó el baño y se dirigió a su despacho, una habitación más parecida a un rastrillo benéfico debido a los innumerables objetos ahí guardados. Cogió un bolígrafo y un folio en blanco e intentó concentrarse, pero se vio incapaz.... En menos de cinco segundos ya había dibujado a la abeja Willy fornicando con la abeja Maya.

  Había pasado una hora y en ese tiempo Mariola había finalizado dos de sus libros de autoayuda personalizados. En uno de los dos se podía leer "No te dejes llevar por tus experiencias traumáticas, MANOLO".   Mientras tanto, Rosendo era incapaz de llegar a ninguna conclusión. Se supone que debía llegar a las profundidades reflexivas de la situación de su partido a través de un proceso.... pero sólo era capaz de maldecir en mandarín a aquel compañero que le aconsejó que dijera esa frase tan sonora y bienintencionada. Llegó a pensar incluso en tirar la toalla y anunciar a bombo y platillo que la conclusión era que su partido había obtenido menos votos que en la anterior legislatura porque el número de sus votantes se había reducido, pero eso hubiese supuesto un auténtico escándalo político. Desesperado, le pidió a su mujer que le escribiera uno de sus libros. En menos de media hora ya había incluido "Rosendo" en todos los huecos y lo había imprimido. Por ser su marido y el padre de su hija le cobró 1000 euros. A los quince minutos de empezar a leerlo, Rosendo había subido su autoestima unos 35 grados y Mariola tuvo que frenarle para impedirle anunciar a los medios que iniciaba su proyecto político en solitario.

  A la mañana siguiente Rosendo amaneció dentro de la caseta del perro sin saber cómo había llegado hacia allí. Su ropa interior apareció dentro de la nevera y su chándal de estar por casa debió arrastrarse unos cincuenta metros calle abajo. Tras la ducha matutina se miró al espejo y se dio cuenta de que su existencia como líder político no tenía ningún sentido si no era capaz de realizar su proceso de reflexión, ya sea profunda o no. Al llegar al comité de subvocales de su partido, quedó incrédulo al comprobar que ninguno pudo aportar ni una sola observación, aunque al final de la reunión lograron votar por mayoría reducida comunicar a los medios que retiraban la palabra "reflexión" cambiándola por "inflexión", y que se daban un periodo de cuatro años para llegar a la conclusión de qué narices querían decir con semejante afirmación.

  Esa tarde Rosendo llegó contento a casa. Se había quitado de un plumazo la peor frase de su vida, igualada a la de "Yo, Rosendo, te quiero a ti, Mariola". Pensó que tenía cuatro años más para ahorrar y abrir la charcutería que siempre había soñado tener. Se puso su chándal de estar por casa, se medio tumbó en el sofá, puso su video de la Abeja Maya y disfrutó de su bocata de mortadela sintiéndose el hombre más afortunado de toda la casa.
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Wednesday | March 19, 2008

Nada


  Un hombre pasa por una calle muy cerca de su vivienda. Desde hace tres días viene observando que hay un local comercial en el que tan sólo hay una mesa blanca, una silla y un hombre enchaquetado sentado en ella. En ese momento, intrigado, mira el reloj y decide entrar en el local para preguntar a qué se dedican.

  Al entrar el vecino, suena una musiquita avisatoria tan larga como irritante.

 - Buenos días- dice el enchaquetado.

 - Buenos días- responde el vecino- Mire usted, es que llevo tres días intrigadísimo, porque veo que en este local sólo está usted y la mesa.... ¿Qué es lo que venden aquí?

 - Nada señor- responde alegre el trabajador.

 - ¿Nada? ¿No venden nada? Al menos, informará sobre algo, ¿no?

 - No, señor. No informo sobre nada.

 - Ahora sí que estoy intrigado. Entonces, ¿a qué se dedica las ocho horas que pasa aquí cada día?

 - A nada, señor.

 - A nada- repite alucinado el vecino- Esto.... ¿Es una broma?

 - ¡Nooo! Para nada, señor.

 - ¿No me está tomando el pelo?

 - No señor, por nada del mundo.

 - Y dígame.... ¿Le pagan por estar aquí?

 - No, nada.

 - ¿Nada?

 - Nada.

 - Y entonces, ¿por qué viene aquí si no le pagan?

 - Por nada.

 - Recapitulemos: usted viene aquí a no hacer nada, ni vende nada ni informa sobre nada, y encima no cobra nada.

 - Así es.

 - ¿Y en qué piensa estando aquí tanto tiempo sin nada que hacer?

 - En nada en especial.

 - Y cuando viene aquí, ¿viene con lo puesto?

 - Sí, sin nada.

 - Bueno, pues nada. Aquí está todo el mundo loco. Creo que no le molesto más.

 - ¿Nada más, señor?

 - No, nada más. Y muchas gracias.

 - De nada- dice sonriente el trabajador- ¡¡Ayyyyyyyy!!

 - ¿Que le pasa?

 - Nada, no es nada. Ya pasó.

  El vecino le mira por última vez antes de irse, y se va.

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Monday | March 17, 2008

Premios Arte y Pico


  Me animo a escribir de nuevo tras superar en periodo de pereza creativa impresionante merecedora de una excomunión. No es que no tuviese ideas, sino que me daba pereza ponerme a escribir. Así que para empezar.... retomo una vieja deuda que tengo pendiente: la elección de mis cingo blogs agraciados por el premio Arte y Pico.

 

  Magro Rumí me premió hace un tiempo, cosa que agradecí mucho. Por desgracia no puedo repremiarle, pero desde aquí quiero mostrarle mi admiración por su buen hacer en su blog donde tantas ganas y humor le echa este Magnus Carlsen de los monólogos.

  Así que pongo aquí la lista de mis cinco premiados:

  - EL LEÓN HERIDO: Este diario íntimo de Ángel Crist(oh) es una oda a la tristeza, un canto a los hombres hundidos, un poema al intento por salir del pozo, una canción a la amistad y una ópera de emociones y sentimientos encontrados. La amargura del personaje nos cautiva y nos invita a sentir pena por él, y a la vez nos anima a ayudarle y animarle, a sentirnos mejor persona, al fin y al cabo.

  - AMANTES VENÍA DE AMAR: El blog poético y fotográfico de Roberto Álamo. Qué decir de este magnífico blog que tanto me inspira.... No soy entendido en poesía... No suelo leerlo tampoco, pero disfruto con los versos de Roberto Álamo porque tienen fuerza y transmiten sentimientos y sensaciones que me motivan a ser creativo, o a intentarlo. Aparte, Roberto es muy amable con sus seguidores, pues contesta uno a uno a todos aquellos que deciden escribirle para formar parte de su mundo bloguero.

  - El GUIONISTA HASTIADO: llegué a casi todos los blogs que conozco a través de este blog del enmascarado Hastiado, un guionista cabreado que, aun así, nos transmite su amor y sus conocimientos por el mundo de la ficción televisiva. Tiene una buena legión de seguidores, algunos de ellos auténticos tocawebs, pero quieras que no, toda esa controversia le da mucho juego para que Hastiado dé lo mejor de sí. Lo mejor, para mí, son los vídeos ilustrativos que pone, detalles de series que sirven para darnos a conocer detalles o aspectos que sirven para mejorar como guionista. Yo aspiro a ser un guionista hastiado...de momento soy un guionista frustrado!!

  - TESTIMONIOS DE NUESTRO TIEMPO: el block de contactos de Frank Cuenca. El surrealismo hecho blog, la oportunidad de los frikis para encontrar a su media naranja, la felicidad, o al menos aproximarse, porque la media naranja está a un paso del medio limón. Personajes entrañables se cruzan en este rincón en busca de su oportunidad. siempre hay alguna gasolinera en la carretera de La Coruña donde poder tomar un café con sacarina con alguno de ellos, y...¡quién sabe! Un consejo a los lectores del blog de Frank: seguid el rollo, dejaros llevar por el surrealismo, y lo pasaréis pipa.

  - LA WEB DE NIEVES CONCOSTRINA: no es exactamente un blog, pero casi. Es una web que recoge textos y documentos sonoros de sus participaciones en RNE. Concostrina es la experta en los muertos. Sabe de los difuntos más que nadie en toda España. De los ilustres y de los indocumentados, de los héroes y de los villanos. Nadie que haya pasado al otro mundo se escapa del sagaz seguimiento de sus huesos por la Concos. Una mujer maravillosa que despliega humor en todo aquello que cuenta. Y tiene ahora un libro escrito!!

  Bueno, los blogueros premiados pueden, a su vez, premiar a otros 5 blogs.... Un abrazo a todos los premiados y a Magro Rumí.
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Tuesday | January 15, 2008

La Vida Del Americano Medio (Según Nos Contaron En Sus Películas)


  La cultura norteamericana nos invade de tal manera que, incluso sin haber estado nunca allí, somos capaces de hacernos una idea de cómo es y vive el americano medio. Esta es mi conclusión tras años y años de visionado de películas yanquis que, quieras que no, reflejan la vida de la gente que allí vive de una manera generalizada.

  El americano medio nace como todo el mundo: del interior de su madre. Una vez nacido, los padres se lo llevan a casa y durante los primeros años de vida prácticamente viven igual que en cualquier sociedad del primer mundo: comen papilla, vomitan, cagan, mean, lloran y maldicen en hebreo. Normalmente este bebé americano tendrá uno o dos hermanos más como mucho, a no ser que sean muy pobres, que entonces podrían formar un equipo de voleibol. 

  La vida del americano medio empieza a distinguirse en la pubertad: es en ese momento en el que el adolescente americano pasa al instituto y comienza para él el momento de distinguirse: o eres el capitán del equipo de rugby o eres un pringado con gafas con intereses pseudointelectuales-masturbatorios. Al mismo tiempo, en el caso de las chicas, o eres la líder de las cheerleaders o eres una pringada con gafas con intereses pseudointelectuales-masturbatorios. Más allá de estos dos estereotipos, parece no haber nada.... según nos cuentan en sus películas. 

  El capitán del equipo de rugby siempre usa la misma chaqueta de jugador de béisbol, que la madre debe lavar por las noches a escondidas para que siempre esté limpia y reluciente.  Este chico, siempre guapo y atlético, siempre es el novio capullo de la líder de las cheersleaders, la cual siempre es guapa y capulla. Ella siempre está enamorada de él, y él únicamente le gusta ella por su físico. Pero el chico siempre pasa por una fase en su adolescencia en la que se enamora de una de las pringadas  con intereses pseudointelectuales-masturbatorios. La pringada, generalmente, no es tan fea una vez le quitan las gafas y se depila el entrecejo. La líder de las cheerleaders suele ser rubia y lleva tras de sí un séquito de aspirantes a modelos de centro comercial, incapaces de hallar el número pi o de leer un verso de Shakespeare sin atragantarse con la saliva.

  En cualquier caso, seas guapo o feo, o popular o perdedora, todo adolescente americano tiene derecho a ir acompañado al baile de fin de curso. Ellos siempre van enchaquetados y van a las casas de sus acompañantes a recogerlas. Pasan un mal trago en esa conversación inútil con los padres de ella hasta que la chica baja por las escaleras con su vestido de Barby, y tanto los padres como el chico han de poner cara de sorpresa y decir en alto: "Ohhhh, estás preciosa". Una vez la chica llega abajo, él se dispone a colocarle en la solapa la flor que tanto le ha costado en la floristería, y ambos se van sonrientes y cabizbajos hacia el coche sin marchas con destino a la cancha de baloncesto donde tendrá lugar el evento. La madre de la chica observa feliz cómo se aleja la dulce pareja, mientras el padre mantiene el rictus de preocupación tras haber avisado al chico de que "como le pongas una mano encima a mi pequeña Lucy, date por jodido, imberbe de mierda".

  En la fiesta, los chicos beben un licor rojo sin alcohol servido en grandes recipientes de cristal. Suena la música de una banda de música en directo. Los chicos se mueven con ritmo hasta que el grupo cambia radicalmente de tono y comienza la balada: ése es el momento trascendental, si la chica se queda, bailarán agarrados la balada y significa que esa noche mojan; si la chica se aleja con la excusa de ir al baño, entonces el chico no le quedará más remedio que recurrir a sus ejercicios de muñeca habituales de cada noche. La música se para de repente, sale un profesor y todos prestan atención: van a elegir al rey y a la reina del baile, y no entiendo por qué narices prestan tanta atención si saben perfectamente que los reyes serán el capitán del equipo de rugby y la líder de las cheerleaders. Les colocan las coronas y ahí es cuando llegan al tope de felicidad de sus vidas, ya que a partir de ese momento, ella se convertirá en una chica sin aspiraciones y él en un pobre infeliz incapaz de acabar sus estudios universitarios, a pesar de la beca que le han dado por ser tan bueno pasando una pelota con forma de melón.

  Ya en la edad universitaria, los que empiezan a acaparar la atención son el resto de chicos que no han llamado tanto la atención en el instituto, es decir, el 95% de los colegiales. Esos son los que encarrilan sus vidas con más o menos dignidad. Concluyen sus estudios y tienen profesiones que le ayudan a tener una buena casa de madera pasto de los tornados, en esas urbanizaciones con anchas avenidas y césped alrededor donde cada mañana un niño en bicicleta les tira el periódico y donde cada noche un asesino encapuchado se pasea por sus arbustos con ganas de pillar a alguien y mandarlo al otro mundo. La otra posibilidad es que estos nuevos treintañeros vivan en una gran urbe como Nueva York. Entonces en vez de vivir en casas de madera, viven en apartamentos sin paredes, en esos loft enormes y fríos en los que se sube en un ascensor de mercancías con reja incluída.... Pero centrémonos en el americano medio con chalet de madera, que dan más juego.

  La pareja de treintañeros que rozan ya la cuarentena ya tiene hijos. La madre les hace siempre un desayuno elaborado con tostadas, cereales, zumos y revueltos de huevo que por supuesto siempre desprecian los niños con la excusa de que llegan tarde al colegio, y yo me pregunto qué narices hace la madre con tanta comida sobre la mesa, si se la come o qué, y además, por qué narices cada mañana vuelve a cocinar todo aquello si los hijos vuelven a despreciarlo cada mañana. Empieza ahí una crisis entre padres e hijos que ellos mismos ya padecen con sus respectivos padres sexagenarios, porque, en Estados Unidos, los hijos adultos siempre se llevan mal con los padres ancianos. Los abuelos, con suerte ven a sus hijos en el Día de Acción de Gracias (festividad americana que merece un post exclusivo). Sin embargo, la vida siempre les da una oportunidad a ambos, ya que cuando el padre anciano comunica al hijo que le quedan dos meses de vida, es entonces cuando ambos llegan a un acuerdo para aguantarse durante esos dos meses y aparentar cierta cordialidad.... Total, dos meses pasan volando.

  Luego, cada americano medio, tiene derecho a vivir una gran desgracia: ya sean secuestros en bancos, terremotos, incendios en rascacielos, tornados, invasiones extraterrestres, ataques de pájaros o infecciones masivas. Si logran sobrevivir a esta experiencia, seguirán con sus vidas ya explicadas en este texto hasta que les llegue su fin: un entierro en un idílico cementerio ajardinado, donde sus familiares y amigos les dejarán a medio enterrar para ir a la casa del difunto a zamparse emparedados y mediasnoches de jamón y manteca de cacachuetes. Y así son sus vidas, al menos, según nos lo contaron en sus películas....

  

 
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Tuesday | December 18, 2007

El Revisor De Mis Sueños


  De repente, me encuentro en una estación de tren futurista en mitad de la selva amazónica. Estoy sentado en uno de los bancos de la explanada anterior a la entrada del recinto. No hace calor, ni frío; el ambiente es agradable y el sol me acaricia mientras disfruto de mis últimos minutos antes de coger el tren. Entre mis piernas, mi mochila habitual. Abro la cremallera y miro por quinta vez el billete del tren. Compruebo, de nuevo, que mi tren sale a las 12 del mediodía, que mi vagón es el 14 y mi asiento el 5 A.

  Se acerca la hora de salida, y por muy a gusto que esté en ese banco, mejor me encontraré cuando el tren me esté llevando a mi casa. Una vez que paso el control habitual, me acerco al andén y compruebo que el tren es de lo más normal, un Talgo corriente, nada que por su aspecto se acercara al estilismo de la estación que estábamos a punto de abandonar. En el andén, decenas de personas esperaban ansiosas la apertura de las puertas, y cuando esto sucede, se aceleran las ansias por abandonar aquel lugar y ocupar el asiento del tren durante el largo trayecto a casa.

  Una vez sentado y con el tren ya en marcha, me dejo arrastrar por el sueño que se avecina, aparcando la idea de disfrutar del paisaje o visionar la película que pretende distraernos durante dos horas. Me quedé dormido, y no soñé nada....

  Entonces abro los ojos y observo junto a  mí al revisor. A pesar del férreo control en la estación, nos vuelven a pedir los billetes. Abro la cremallera de mi mochila habitual, meto mi mano en busca de mi billete, pero.... no lo encuentro. Le pido un instante al revisor, para poder buscarlo mejor. Empiezo a sacar todo tipo de objetos de mi mochila: un botellín de agua, unos auriculares, mi libro de McCourt, dos paquetes de kleenex, papeles antiguos.... pero mi billete no aparece. Me fijo en la cara del revisor y empiezo a notar en su rostro gestos de resignación: "uno que se ha colado", parece pensar.

  Le vuelvo a pedir paciencia, pues mi billete debe estar en algún lugar. Urgo por los bolsillos de mi chaqueta, los de mi pantalón, mi camisa, y de mi frente comienzan a caer lágrimas de sudores fríos, pues noto que en ese momento me he convertido en el protagonista de aquel vagón: "uno que se ha colado", parecen pensar todos. El revisor, un hombre canoso, bien cuidado, con cara rojiza y ojos azules, cambia su gesto de resignación por el de la impaciencia. Una risita brota de la comisura de sus labios, buscando la complicidad en las miradas de los demás pasajeros. Mis manos, alocadas, siguen buscando mi billete por cualquier rincón de mi alrededor, mientras no dejo de excusarme y pedir paciencia, pues yo entré en la estación con mi billete en la mochila y allí volvió tras el primer control.

  Pero en ese momento dejo de ser un pasajero y me convierto en un sinvergüenza que pretende viajar gratis. De nada sirven mis explicaciones, mi cara de buena persona, mi aspecto de chico bien.... que si no tengo un billete que mostrar, en ese momento me convierto en reo sin defensa, en persona deshonrosa. Y es entonces cuando se abre una puerta, abro los ojos y veo a mi hermana que entra en mi habitación. Con crueldad, enciende la luz y mis ojos se cierran ante tal atentado lumínico. Comienza a hablar dándome unas instrucciones, unas cosas que hacer a lo largo de la mañana. Me pregunta si me estoy enterando, pero le miento vilmente.... Sus palabras llegaban rotas a mi mente, el sueño aún apoderaba mi ser como imperio resistente a abandonar sus dominios. Ella se va, apaga la luz, y me veo a mí mismo sentado sobre la cama, en medio de una gran crisis personal.

  Me viene a la mente la cara de aquel revisor, los rostros de los demás pasajeros, observándome todos ellos con crueldad, y mi honor completamente despellejado. "Es un sueño. Sólo fue un sueño. Olvídalo", me digo a mí mismo. Pero no puedo. A lo largo de esa mañana fui a hacer esos recados que mi hermana debió explicarme de nuevo a través del teléfono. Iba de un lado a otro de la ciudad sin dejar de pensar en lo que había ocurrido en aquel tren. No me bastaba con pensar que sólo era un sueño; en algún lugar, ese revisor, esos pasajeros, seguían pensando que yo era un tramposo sinvergüenza. Se me negó la posibilidad de defenderme, de encontrar mi billete perdido, de demostrar que yo también había pagado mis 110 euros como todos los demás, y que era una persona honrada y un buen ciudadano.

  Cuando llegó la noche, me acosté con la idea de volver a retomar el sueño inconcluso. Me centré en esa situación vivida la noche anterior, me recreé intentando recordar cada momento vivido, cada rostro visto, cada sensación que tuve. De nuevo el sueño se apoderó de mí y en poco tiempo me quedé dormido.... En ese momento me encontraba en Praga, subiendo unas escaleras de un edificio demacrado. Me acompañaba una bella corista que sólo Dios sabe cómo acabó en mis brazos. No había temor en mis ojos, de forma que seguramente me dirigía a un lugar habitual. Saqué unas llaves de mi bolsillo y abrí la puerta del 3ª A con cotidianidad. Le dije a la corista con voz de borracho: "¡Bienvenido a mi palacio, reina mía!" Y mi acompañante me agradeció mis palabras abandonando a cada paso algún componente de su vestimenta hasta lograr la desnudez absoluta....

  Suena el teléfono.... Son las 8:30 de la mañana. Mis ojos intentan abrirse como unas viejas ventanas de madera, y me siento vacío, muy vacío. No fui capaz de soñar de nuevo con ese tren, no pude aclarar la situación. Me levanté y continué angustiado durante toda la mañana. Y pensé que quizás ese revisor existía en realidad. Quizás era uno de aquellos que trabajan en mi ruta habitual del cercanías. Así que me dirigí a la estación y me pedí un billete de ida y vuelta. No iba a ningún lugar, tan solo quería cerciorarme de que ese revisor del sueño podía existir. Y si le veía, sin dudarlo me acercaría a él y le aclararía la incómoda situación de la noche anterior. Si no podía hacerlo con el protagonista de mi sueño, al menos lo haría con su alter ego real. Y no me importaba que me mirara como a un loco. Lo único que pretendía era quedarme tranquilo conmigo mismo, pues si hay algo desagradable en la vida es que te acusen falsamente de algo que no has hecho y que ni siquiera se te habría ocurrido hacer.

  Estuve durante dos horas y media realizando el viaje de ida y vuelta, y no hubo suerte. Mi revisor no apareció, y le pregunté a los dos que vi si tenían algún compañero que tuviera un físico parecido a la descripción que les di. Uno de ellos comentó que un compañero de San Fernando podía ser la persona que buscaba, pero hacía un año que dejó de trabajar, pues tuvo un importante accidente de coche que le obligó a retirarse. Me bajé en San Fernando y pregunté en la estación. De nuevo les di la descripción, y me volvieron a mencionar al revisor accidentado. Le pedí a uno de ellos, al que parecía más bondadoso, que me facilitara la dirección del revisor, pues quería llevarle un regalo por el cariño que le cogí tras tantos años de servicio.... Lo apunté en un papel y allí me dirigí. Llamé al timbre y me abre la puerta un hombre de pelo canoso, con cara rojiza y ojos azules.... pero no era mi revisor. Me fui de allí triste y con sensación de estar haciendo el ridículo. Cogí el tren camino a casa, castigándome a mí mismo por haber ocupado mi tiempo en semejante absurdo. Ya puestos a buscar, podía ir tras los pasos de la corista checa, e intentar concluir aquella noche que se antojaba larga y lujuriosa.

  Al cabo de unos meses, tuve que hacer un viaje a Madrid. El viaje quise hacerlo en un tren Talgo, y específicamente le pedí al taquillero que me diese un billete para sentarme en el asiento 5 A del vagón 14. Allí estuve esperando durante tres horas hasta que apereció el revisor. Previamente había comprobado que mi billete se encontraba perfectamente ubicado en mi mochila habitual. Al pedirme el revisor mi billete, alegremente abrí la cremallera y mi mano lo buscó, pero.... ¡no lo encontraba! Por más que miré, por más que saqué todo tipo de objetos, por más que mi cara de buenazo me inculpara de cualquier delito.... no encontré mi billete, y tuve que pagar una abundante multa. Por más que buscase una explicación lógica a lo sucedido, no hallé ninguna. Así que cuando llegué a Madrid, me fui sin pensármelo al aeropuerto de Barajas, me olvidé de aquella reunión que tenía en Madrid y me compré un billete rumbo a Praga.... en busca de mi destino.
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Saturday | November 17, 2007

El Viaje Alucinante Del Mosquito Común


   Hay momentos en la vida en los que quisiera ser un cruce biológico entre Charles Mason y un bote de Raid.... Uno de ellos es cuando estamos acostados en la cama y, estando a punto de conciliar el sueño, empezamos a sentir el dúctil aleteo de un mosquito en suspensión a escasos milímetros de nuestra oreja. Es ese momento en el que un ser insignificante se convierte en el mayor de nuestros enemigos. Nuestra técnica defensiva es universal, independientemente de la nacionalidad, raza o religión que se profese: agitamiento del brazo por la zona afectada y lanzamiento de un improperio destinado a la autoestima del insecto alado, un claro y sonoro "¡me cago en la puta mosca!", o bien, "¡el mosquito de los cojones!"

  ¿Qué tendrá nuestro orificio orejal para que millones de insectos de todo el mundo deseen introducirse en él? El mosquito es un ser más observador de lo que podamos creer , y la explicación a su interés puede ser el hecho de ver a tantísimos humanos metiéndose el dedo en el interior de la oreja. Ellos no utilizan una deducción lógica, por lo que su diminuta mente no les llega para pensar que nos metemos el dedo simplemente porque nos pica. Así que piensan que si lo hacemos es porque hay algo dentro que queremos coger y no podemos.

  Por eso hacen esos primeros vuelos rasantes, para inspeccionar el terreno. No lo hacen por jorobar, sino para medir longitudes, comprobar estrecheces, verificar planos.... Y entonces, cada noche, me los imagino reunidos en plan Canción Triste de Hill Street, y el sargento Jablonsky de la situación distribuyendo las orejas y diciendo aquello de "Eh, eh, eh....  tened cuidado ahí dentro".  Es entonces cuando miles de mosquitos se van introduciendo en nuestras casas, ciudad a ciudad, barriada a barriada, piso a piso. Se esconden durante horas en los rincones más inhóspitos de nuestras casas, calculando justo el momento en el que estamos al límite del sueño. ¿Por qué no esperan a que estemos totalmente dormidos? Pues se ignora por completo. Científicos de la Universidad de Massachuset llevan año y medio investigando y sus primeras concluiones indican que es por puro recochineo. Fotografías tomadas en dicho momento de aproximación a la oreja detectan una leve sonrisita lasciva en los insectos.

  Una noche, hace unas semanas, me ocurrió lo que aquí se narra. Cuando estaba a punto de quedarme dormido, un mosquito pasaba en vuelo rasante por las cercanías de mi oreja. Reaccioné con el aspaviento habitual provocando una lucha psicológica con el bichejo. Y en medio de esa guerra paré, reflexioné y pensé que, por una vez, podía dejar que el mosquito hiciera lo que quisiera en mi oreja. Así que me relajé, y tumbado sobre la cama, me dejé hacer. El insecto se acercó a mí con cierta temeridad. Debió pensar que no era normal que yo no agitara mis brazos y lanzara improperios. Pero poco a poco fue cogiendo confianza, y se fue introduciendo en mi cavidad mientras yo iba aguantando el cosquilleo que me producía el roce de sus alitas sobre mi piel.

  En apenas unos segundos, el mosquito estaba dentro de mí. En esos primeros momentos me vino un sentimiento de arrepentimiento atroz. "¿Pero qué hago dejando pasar a un mosquito por mi oído? ¡Se me infectará y tendrán que rajarme para eliminarme el objeto externo! ¡Y reza para que no haya dejado sus huevecillos dentro de mí!"

  Pero pasó el tiempo y no volví a saber más del bicho. Ni me duele la cabeza, ni he perdido audición, ni escucho un pitido perenne.... ¡Nada! Ni siquiera un cosquilleo o una cefalea. Mantengo mi regularidad de erecciones diarias, mi vista sigue perfecta, tengo apetito, no me mareo.... Seguramente el mosquito debió perderse entre tanta víscera y acabó retornando al exterior en alguna de mis deposiciones.... presuntamente muerto.
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Tuesday | October 16, 2007

Confesión De Un Cura Lascivo


  Un domingo de octubre, unos cuarenta minutos antes de la celebración de la misa de las 12, el cura párroco está en el confesionario a la espera de parroquianos arrepentidos dispuestos a desahogarse y airear sus pecados en la más estricta intimidad. El cura, Don Manuel, es un hombre de unos cuarenta y cinco años, con más de veinte de fiel servicio a la Santa Iglesia. En una de éstas, un hombre mayor, de unos setenta, se arrodilla en el confesionario y hace la señal de la cruz. El cura se prepara para la confesión.

 PARROQUIANO: Ave María Purísima.
 CURA: Sin Pecado Concebido.
 P: Padre, confieso que he pecado.
 C: Cuéntame, hijo, ¿de qué te arrepientes?
 P: Verá, padre, pero.... Ayer besé a una mujer.
 C: Bueno hijo, besar a una mujer no tiene por qué ser pecado. Dependerá de la relación que os una. ¿Cuál es esa   relación?
 P: Digamos que.... es una amante.
 C: ¿Una amante? ¿Estás casado, hijo?
 P: Padre, yo.... Estoy casado con.... la Iglesia. Soy sacerdote, padre.
 C: ¡Dios Santo! Pero, padre, ¿cómo ha podido caer en esas tentaciones?
 P: Le ruego que no me llame "padre". Cuando me confieso, no quiero estar en igualdad jerárquica con quien me confiesa. Si no, ¿cómo podría aceptar con disciplina su castigo?
 C: Como desees, pero recuerda que es Dios quien juzga aquí. Yo sólo soy su intermediario.
 P: Tiene usted razón, a veces parece que olvido todo aquello que tengo bien asentado en mi cabeza.
 C: Y dime, hijo, ¿cómo es que no pudo controlarse?
 P: Ya ve, padre. Tengo 64 años. Me ordené sacerdote cuando tenía 24, y desde entonces he cumplido mis promesas y he ejercido mi vocación sin reproche alguno. He sido muy apreciado por mis parroquianos y muy valorado por mis superiores. Quizás no debería decirlo, pero.... en un momento determinado quisieron que mi carrera eclesial fuera en ascenso, en vertical en vez de en horizontal. Quisieron prepararme para llegar a Obispo con poca edad, y llegaron a confesarme que algún día podría optar incluso a lo más alto.... a Papa. Pero, me negué. No me hice cura para vivir en la opulencia. Y, la verdad, me daba pereza ser el centro de atención, el centro de ambición de algunos acólitos, y cuando digo acólito me refiero a la tercera definición que contempla la RAE*, no a lo que los curas entendemos por acólitos. Ya me entiende usted....
 C: Creo que sí, padre. Digooooo, hijo. Pero, no me llegaste a explicar cómo pudiste caer en la tentación a tu edad y en tu estatus....
 P: Querido padre, las tentaciones no entienden de edades ni de estatus. Cualquiera puede caer rendido a los pies del demonio, y no digamos al de una mujer, jejeje. Perdone la broma, padre. Le diré, que se trata de una mujer excepcional. Es bella, inteligente, sincera, de mirada brillante, de sonrisa aún más brillante.... ¿Sabe? Cuando era joven, poco antes de ordenarme sacerdote, un amigo de la infancia me aconsejó que me acostara con una mujer. Me dijo que sería bueno para mí yacer antes de hacerme cura, ya que así no iba a plantearme nunca qué es eso de tener sexo con una mujer. Por supuesto, escuché su consejo y acto seguido entré en colera; casi le excomulgo yo mismo.... Y ahora, fíjese padre, casi que creo que tenía razón.
 C: Sinceramente, hijo, creo que hizo usted bien. Quizás hubiese optado por otro camino de haber tenido ese encuentro. Quizás no hubiese sido uno solo, sino veinte; ¡quizás hubieses acabado de madame del prostíbulo! Jajajaja. Ejem, perdona la broma. Me he excedido en mis opiniones....
 P: No pasa nada, ya ve, y además, ha acertado usted, porque realmente se trataba de una prostituta. Y.... dígame, padre, entre usted y yo.... ¿Me comprende? ¿Ha pasado por lo mismo que yo?
 C: No te ofendas, hijo, pero.... recuerda que se trata de tu confesión, no de la mía. 
 P: Lo entiendo, sé que es mi confesión, pero, lo que necesito ahora más que nunca no es tanto su bendición, sino, un consuelo, un apoyo moral.... Saber que otro sacerdote ha pasado por lo mismo que yo me ayudaría a salir adelante. Por eso, padre, le insisto, y sin ánimo de ofender, le vuelvo a preguntar.... ¿ha pasado por lo mismo que yo? ¿Ha roto usted sus votos?
 C: Hijo, tratándose de un caso excepcional, y siendo consciente de que mis palabras te pueden ayudar a no desviarte más de tu trayectoria....
 P: ¿Sí?
 C: Te.... te diré que.... en una ocasión.... Bueno, ya me confesé en su momento al igual que tú ahora, pero.... Sí, caí en la tentación. Tuve no uno, sino varios encuentros sexuales con una mujer.... que encima estaba casada con mi mejor amigo.
 P: Dios mío, padre. Lo de usted son palabras mayores. ¿Está usted seguro de que así ocurrió? ¿No se está inventando nada para consolarme?
 C: No, hijo, así ocurrió. Y espero que mantenga el secreto, que no es de confesión, pues es usted quien se confiesa, pero casi.
 P: ¿Reafirma entonces que mantuvo usted relaciones siendo usted ya sacerdote con una mujer? ¿Reafirma que fueron decenas de encuentros sexuales? ¿Lo reafirma?
 C: Esto.... Sí, hijo, lo reafirmo, y espero que te sirva para....
 P: Está bien, padre, levántese y salga del confesionario.

 El padre confesante se levanta y de las columnas de la iglesia salen dos sacerdotes más. El cura párroco, sale extrañado del aposento sin entender qué estaba ocurriendo allí mismo. El padre saca de su bolsillo una placa.

 P: Está bien, padre. Brigada Antivicio, queda usted detenido por  incumplimiento de los votos sacerdotales reiteradamente, y para más inri, con la mujer de su mejor amigo. Tiene derecho a una confesión Papal. Será usted conducido al Vaticano donde cumplirá una pena de cinco años de oración continuada con las monjas clarisas del Convento de San Gabriel. Desde este mismo momento, deja usted de ser párroco de esta iglesia. Hasta nuevo aviso el co-párroco se hará cargo de la misma. Si es que.... ¡vaya ejemplo el suyo para la comunidad!

 Tercera definición de "acólito" de la RAE
 
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Wednesday | September 26, 2007

Perdonen Que Hable De La Fe

 

  Perdonen que hable de la fe, pero es que sé que es un tema que hiere sensibilidades, y hoy me he atrevido a disertar sobre el tema y poner mi granito de arena para que de una vez por todas la palabra "fe" deje de tener peligrosos efectos secundarios.

  Si hacemos un repaso a la historia, nos daremos cuenta de que muchísimas guerras, enfrentamientos y conflictos han surgido como consecuencia de las distintas creencias religiosas entre los diversos pueblos de la civilización. Las diversas civilizaciones que han pasado por nuestra historia siempre han visto en la fe un motivo de confrontación, lo cual es llamativo, pues en teoría toda fe va encaminada a encontrar la paz espiritual y por tanto, también la terrenal. Pero esto no ha sido posible. Siendo elementales, la fe consiste en un conjunto de creencias de una religión. Es decir, que la fe consiste en asimilar todas aquellas teorías que propone una religión y, además, hacerlo de una manera ciega, es decir, sin pruebas.

  La fe te viene dada, normalmente, por la tradición y la cultura del ámbito familiar donde uno crece. Los conceptos te van llegando a cucharilla desde que se es un crío. Al principio, a esas edades, metes en un mismo saco a todos los personajes que van pasando por tu corta existencia: Espinete, Coco, la rana Gustavo y Dios, entre otros. Luego vas desarrollando una jerarquización y la cosa queda así: Coco, la rana Gustavo, Espinete y Dios. Y la prueba está en tu grado de atención con cada uno de ellos: cuando ponían Barrio Sesamo en la tele,  te quedabas callado y con la boca abierta, pero cuando te llevaban a misa...... te convertías en la mayor pesadilla para el cura de turno.

  Pero retomando lo que iba diciendo, es increíble que algo tan personal como la fe tenga tanta trascendencia mundial. Porque la fe es un acto interno que luego tiende a exteriorizarse, como la defecación. Un hombre con fe no es peligroso, pero millones con una fe distinta a la de otros tanto millones.... Ahí es donde se da el conflicto.

  Yo soy muy tolerante con las disitintas tendencias y creencias, siempre y cuando respeten los derechos humanos. Y no entiendo que los no creyentes vayan en contra de las iglesias de igual forma que me enferma que los creyentes minusvaloren a los agnósticos. A los ateos les respetan, pero con los agnósticos no pueden.... El problema, creo yo, radica en el dinero. Tener fe es barato, pero exteriorizar la fe cuesta muchos euros. Y siempre que hay dinero de por medio hay peligro de enfrentamiento, porque las instituciones religiosas creen que a mayor capital, mayor número de creyentes.

  Gracias a Dios, y nunca mejor dicho, las religiones cada vez tienen mejor relación entre ellas. Al menos, los cristianos han guardado sus lanzas y son capaces de entenderse con las palabras con protestantes, luteranos, musulmanes, budistas y demás. Ellos ya tienen su mayor enemigo en ese concepto tan común hoy en día como es el pasotismo. Cuando el católico es infectado por el virus del pasotismo supino.... todo ha de temer, porque es la mayor causa del vacío de las iglesias, por no hablar de las vocaciones religiosas.  ¿Quién va a querer ser sacerdote con lo a gusto que se está de dominguero en la playa o en el camping? ¿Quién va a querer ser casto y puro si desde pequeño los mass media te hablan de las bondades del sexo oral?

  La fe se está convirtiendo en una pieza de lujo. Quien la tiene, se vanagloria de ella como si de un pleno al quince se tratase. Muchos piensan que no es más que un mecanismo de autodefensa ante la incertidumbre que genera la muerte, y también un mecanismo de control para mantener tranquilitos a la masa.... Está el Dios creador, el Dios castigador, el Dios perdonavidas, y el Dios inmobiliario.... que es aquel que te promete una vida eterna tras la muerte, pero las llaves no te las da hasta que no esté uno allá arriba.

  Personalmente, me considero un "ateo practicante". Voy a misa todos los domingos, pero no creo en Dios ni tengo fe. Pero voy a la iglesia porque me gusta que una vez a la semana un hombre en camisón me recuerde que hay que ser bueno en la vida....

  Conclusión: respetemos el derecho individual a tener fe y a no tenerla; y no nos toquemos tanto los huevecitos unos a otros.

 

Posted by Erty at 15:37:38 | Permanent Link | Comments (4) |