El Retorno Del Loro Pródigo
Hace unos días apareció en la prensa la siguiente noticia: "Un loro extraviado vuelve a casa tras explicar dónde vivía". A continuación, reproducimos aquí la secuencia de los hechos.
Los diálogos han sido traducidos del dialecto japonés satsuma-ben al castellano por razones de integilibilidad.
Keitaro y Sumiko, dos prejubilados japoneses, realizan sus labores cotidianas una mañana de domingo. Keitaro, un representante de sardinas, riega las flores de la terraza mientras que Sumiko, una ex luchadora de sumo, ojea las revistas dominicales. Mientras tanto, aparece en escena un loro gris africano, el cual se posa sobre la barandilla de la terraza.
Loro: Loooooro, lorito, loooooro............ Looooooro, lorito, loro.
Keitaro: Ahí va, ¡un loro!
Sumiko: ¿Un loro, un loro? Tú lo que tienes es unas ganas loquitas de que te....
Keitaro: Que no, Sumiko, que hay un loro en la terraza. Levántate y ven a verlo si no me crees.
Sumiko: Está bien, pero como sea una de tus bromas de prejubilado..... ¡Andá! Si tenías razón.... ¿Cómo habrá llegado hasta aquí?
Loro: Un puto mosquito amargo. Me tuvo que tocar a mí, y claro, mi dueño no estaba y salí a buscar agua.
Keitaro: ¿Has escuchado eso, Sumiko? ¡El loro habla!
Loro: ¿Qué pensábais, que sólo éramos capaces de repetir palabras como muñecas de niñas? Una vez que aprendes el vocabulario básico, lo demás está tirao.
Sumiko: Keitaro, ¡saca la escopeta! ¡Sácala!
Loro: Momeeeeento, un momeeeento. A ver, señora, que yo sólo quiero volver a casa. Yo les digo mi dirección, ustedes me llevan y mi dueño, Yoshio, les dará una recompensa. Eso es todo.
Keitaro: Joputa el loro, no sabe nada....
Sumiko: ¿Y ahora qué hacemos, Keitaro? Este loro debe valer un dineral.
Loro: No tanto, señora. Unos 800 euros, IVA incluído. Lo que al cambio sale por unos.... 130.432 yenes.
Sumiko: Ya, pero eso un loro normal, pero tú puedes recitar a Shakespeare si quisieras.
Loro: Ya, eso sí.
Keitaro: Venga Sumiko, déjate de jaleos, que yo no quiero problemas ahora. Devolvemos el loro a su dueño y si nos da una recompensa pues bienvenida sea.
Sumiko: Pero Keitaro, éste puede ser el loro de los huevos de oro.
Loro: ¡Jaja! De oro no sé, pero los tengo bien gordos.
Sumiko: ¡Calla, loro!
Keitaro: Que no Sumiko, que este loro sabe mucho y después lo larga todo. Lo devolvemos y se acabó la discusión.
Sumiko: Bueno loro, has tenido suerte. Me casé con un hombre legal. Keitaro, me pego una ducha y nos vamos.
Sumiko va a ducharse; mientras, Keitaro enciende un cigarro y se acerca al loro con complicidad masculina. Le ofrece un cigarro que el alado rechaza.
Loro: Dime Keitaro, ¿eres feliz?
Keitaro: Menuda pregunta, loro. ¿Tu dueño es psicólogo?
Loro: Sí, es un doctor del coco. Le va bien, y eso que es un hortera de cuidao. Pero no has respondido a mi pregunta.
Keitaro: Si te soy sincero.... no, no lo soy.
Loro: El cunnilingus lo es todo, amigo. Introdúcelo en tu vida, y serás un hombre nuevo.
Keitaro: No todo en la vida es el sexo, loro. A mi edad, son otras cosas las que necesito.
Loro: Entre tú y yo, yo veo a tu mujer muy marimandona.
Keitaro: Pura apariencia, luego es un sol de persona. Pero, se deja llevar por su carácter, y claro.
Loro: ¿A qué te dedicas?
Keitaro: Prejubilado. Las sardinas eran mi vida, pero todo llega en la vida. Te ven como un viejo y prescinden de ti.
Loro: Pero siempre te quedarán los viajes del Inserso.
Keitaro: Ya, pero.... Mi vacío no lo rellena un viaje a Oropesa del Mar.
Loro: ¿Quieres que hable con Yoshiro? Es buen loquero, te lo digo yo.
Keitaro: Vale loro, pero un favor. Todo esto del vacío que te he contado, ni palabra a mi mujer, ¿vale?
Loro: Sin problema Keitaro, tendré mi pico bien cerrado.
Keitaro: Cuidado, que ya viene. Toma el cigarro, que a mí no me deja fumar.
Sumiko aparece con aspecto fresco tras la ducha y con ganas de aventuras. El loro, con el cigarrillo entre su pico, mira a la señora con descaro.
Sumiko: Bueno venga, vamos. Acabemos con esto cuanto antes. ¿Vamos en el coche o cogemos un taxi?
Keitaro: Mejor en taxi, cariño, que ya sabes que odio conducir en hora punta.
El loro se incorpora en el hombro de Keitaro y salen todos de la casa. Al llegar a la calle, no tardan en hacer parar un taxi y se montan en él.
Taxista: Muy buenas, señores. ¿A dónde vamos?
Keitaro: Tú dirás, loro.
Loro: Sí, al número 77 de la calle Bizcocheros.
Taxista: ¿Frente a la confitería?
Loro: Exacto.
El taxista mira de reojo por el retrovisor y grita.
Taxista: ¡Coño, un loro! Ya me extrañaba la voz de pájaro.
Sumiko: Se ha perdido y ha aterrizado en nuestra terraza. Se lo vamos a devolver al dueño.
Taxista: ¿Están seguros? Ese loro debe valer una fortuna.
Keitaro: Unos 130.432 yenes, IVA incluído. Según el pájaro, claro.
Taxista: Les ha mentido. Uno de estos con tanta verborrea tiene que valer al menos diez veces más.
Sumiko: ¿Tanto?
Loro: ¿Pero qué dicen? ¿Están locos?
Taxista: Señora, yo conozco a uno que presenta loros a concursos, y le aseguro que por esta presa nos paga esa cantidad. Les propongo ir a medias.
Keitaro: ¿Pero qué dice? Mire señor, no queremos problemas. Devolvemos el loro y punto en boca.
Sumiko: ¡Keitaro! Escucha a este señor, hombre. Que estamos hablando de lo que te dan en un año de pensión.
Taxista: Señor, no se lo piense. Es un negocio redondo. Y si le aprieto las tuercas, ese tipo nos paga el millón y medio de yenes como que me llamo Hisaharu.
Loro: A ver señor, pare el coche. ¡Pare el coche le digo!
El taxista le hace caso y para el coche.
Loro: Vamos a ver, listillo. No sólo tengo verborrea sino que además tengo un coeficiente intelectual de 152.
Sumiko: ¡Andá, como Sharon Stone!
Loro: Exacto. Y el caso es que ya he memorizado su número de licencia, su nombre, su apellido y hasta le podría hacer un retrato robot de usted si quisiera. ¿Lo va entendiendo?
Taxista: Carajo con el loro. No sabe ná.
Sumiko: Dígamelo a mí; llevo dos horas con él y ya quiero estrangularlo.
Loro: Así que déjense de tonterías. Llévenme de una puta vez al 77 de la calle Bizcocheros y aquí paz y después gloria.
Keitaro: Mire señor, hágale caso. Llévenos a esa dirección y acabemos de una vez.
El taxista arrancó el coche y mantuvieron todos un incómodo silencio durante todo el trayecto.
Taxista: Ya hemos llegado. Aquí es.
Keitaro: Bueno loro, un placer. Y no te pierdas más que ya ves el jaleo que es devolverte a casa.
Loro: Keitaro, macho. Ya sabes, para cualquier cosa, aquí me tienes. Eres un tío legal. Te aprecio, tío.
Sumiko: Sí, sí. Todo muy bonito pero, ¿aquí quién paga todo esto, taxi incluido?
Loro: Deme su número de cuenta y Yoshiro se lo ingresa mañana a más tardar.
Sumiko: ¿Tienes dónde apuntar?
Loro: Señora, sé hablar, pero como que lo tengo muy complicao para poder escribir y llevar un boli encima. Dígamelo y me lo aprendo de memoria.
Sumiko: Está bien, pero no vayas a equivocarte. Es éste: 0045
Loro: 0045
Sumiko: Dígito Control 45
Loro: 45
Sumiko: Y la cuenta es 0000459854. Repítelo.
Loro: 0000459854. Es un Cajaduero, ¿no?
Keitaro: Sí, nos pilla una sucursal justo abajo y es muy aviado.
Loro: Pues venga, lo dicho. Gracias por todo. Nos vemos, Keitaro.
Keitaro: Por cierto, no sé tu nombre.
Loro: Ah, sí. Nakamura Yosuke-Kun. Pues eso, ciaoooo.
Todos: Adioooooós.
Keitaro: Un loro de puta madre, coño.

